La actitud de algunos políticos vascos es poco menos que increíble. En especial la del Ejecutivo vasco y la del Presidente del PNV, José Jon Imaz.
La democracia no es sólo cuestión de procedimientos y reglas de juego. La democracia es también una cuestión de valores, de respeto a los Derechos Humanos,… y unos principios básicos que, cuando son atropellados, levantan un gran revuelo en las sociedades en que son violados.
Uno de esos principios básicos es la separación de poderes, que garantizaría, según la teoría de Montesquieu, la independencia de tres órdenes separados que crearan todo un sistema de pesos y contrapesos, que ayudaran a limitarse mutuamente, para evitar que el poder se concentrara en las manos de uno solo.
Cuando esos tres poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) están controlados por la misma persona estamos ante una dictadura personalista; cuando son controlados por un partido, ante una dictadura de partido; si los controlan unos pocos, una oligarquía. Para que haya auténtica democracia cada uno de esos poderes debe ser independiente; ningún miembro de un determinado poder debe interferir en las decisiones de los demás.
Si un político pone en tela de juicio las decisiones de un juez o intenta “orientar” sus decisiones, corregirle,… está saltándose por todo lo alto ese principio y el propio sistema cuenta con mecanismos para llamarle al orden (al político de turno claro, no al juez) y hacerle rectificar.
Si después de eso se obstina en mantener esa opinión, y continúa interfiriendo en las decisiones judiciales, está atentando contra el mismo sistema democrático del que disfruta.
Si, además, hace caso omiso de las advertencias judiciales mostrando una actitud desafiante, está incurriendo en un delito.
¿Qué ejemplo se está dando a la ciudadanía vasca de obediencia a las Leyes, respeto al marco legal, etc? Si ni los propios dirigentes respetan ya las reglas del juego aceptadas por todos, ¿qué nos queda? Confiar en que el sistema funcionará y depurará los elementos espúreos. Esperar contra toda esperanza, siempre esperar.

















