Según la consultora Ipsos, Santos ha caído a 23% mientras que Zuluaga ha casi duplicado su voto gracias al “efecto” Alvaro Uribe (que obtuvo excelentes resultados con su lista al Congreso en las legislativas), lo mismo que Peñalosa, beneficiario del aluvión de votos obtenidos en la interna de la Alianza Verde. Bastante rezagados están la candidata de la izquierda -Clara López- y la conservadora Marta Lucía Ramírez. Todavía Santos derrota a sus contendores en segunda vuelta, pero sólo por ocho puntos.
Los datos que realmente tienen preocupado al Presidente son éstos: su porcentaje de imagen desfavorable supera al de imagen favorable por primera vez y ha caído a segundo lugar en Bogotá, la plaza más importante, así como en Antioquia. Mantiene sus bastiones de la costa Caribe y el Pacífico pero la erosión en el centro del país es seria.
Todo esto tiene un nombre: el ex presidente Alvaro Uribe. Su persistente campaña contra las concesiones que cree que Santos hará para obtener un acuerdo con las Farc ha calado hondo. Dos tercios del país expresan “pesimismo” y un aplastante 84% quiere que los miembros de las Farc vayan a la cárcel, algo que contraviene un aspecto central de la negociación, relacionado con la incorporación de los terroristas a la vida política.
Cuatro de los cinco principales candidatos son epifenómenos de Uribe. Santos, el mandatario, fue su delfín y desde que asumió el poder se lo percibe como “parricida” (y a Uribe como “filicida”, claro). Zuluaga, candidato del nuevo partido de Uribe, está tan enfeudado al ex Presidente que, así como sube en las encuestas gracias a él, adolece de una imagen instrumental. Peñalosa hizo alianza con Uribe en su campaña más reciente para la alcaldía de Bogotá y comparte muchas de sus ideas, aunque algunos de sus socios tienen viejos reparos frente al ogro de la derecha. Y Marta Lucía Ramírez fue ministra de Uribe, a quien no pierde ocasión de elogiar para tratar de que los votos conservadores que han emigrado hacia Santos vuelvan al redil.
Hace cuatro años, J.J. Rendón -experto en el “cuerpo a cuerpo”- logró voltear la elección que Santos parecía ir perdiendo contra Antanas Mockus, quien llegó a sacarle diez puntos de ventaja. Ahora tiene la misión, que sólo será realizable con una gruesa descarga de fusilería política, de detener la arremetida de Zuluaga y Peñalosa.
La dificultad es que hay dos contendores de peligro, no sólo uno, y ambos tienen vasos comunicantes con el enemigo mayor, Uribe. Por tanto, si Santos (o sea Rendón) liquida a Zuluaga, dejará el terreno libre a Peñalosa y si fulmina a Peñalosa, le abrirá espacios a Zuluaga. Debe, pues, matar a dos pájaros de un tiro, algo que en política es muy difícil.
El que se aburre con esta campaña, es porque está en la luna.
Publicado en La Tercera