Economía y Sociedad, Política

Desidia de las Naciones Unidas

“El gerente real del cotarro Petróleo por Alimentos, Benon Sevan, camarada de Kofi, ha dimitido, habiendo insistido hasta ahora en que una misteriosa suma de seis cifras en su cuenta bancaria era un regalo de su anciana tía, una señora de medios modestos que residía en un piso de dos habitaciones allá por Chipre”.

Políticas Públicas

 


 


¿Cuántos Annán hacen falta para cambiar una bombilla? Bien, si la bombilla de recambio es enviada al sótano del Comité Olímpico Iraquí de Uday Hussein como parte recreativa del programa Petróleo por Alimentos, no se sabe cuántos Annán se necesitarán.


 


Recordará usted que el hijo de Kofi Annán, Kojo – que tenía un trabajo de 30.000 dólares al año, pero que logró encontrar un cuarto de millón de repuesto muerto de asco para invertir en un club de fútbol suizo – lleva algún tiempo bajo investigación por sus presuntos vínculos con el programa Petróleo por Alimentos. Pero los detectives han expandido ahora sus miras para incluir al hermano de Kofi, Kobina Annán, embajador ghanés en Marruecos, que tiene vínculos con un empresario que está detrás de las diversas entidades implicadas en el escándalo – un tal Michael Wilson, el hijo del ex embajador ghanés en Suiza y amigo de la infancia del joven Kojo. Wilson está siendo investigado actualmente por presunto soborno con motivo de un contrato de 50 millones de dólares para renovar la sede en Ginebra de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual de la ONU.


 


El gerente real del cotarro Petróleo por Alimentos, Benon Sevan, camarada de Kofi, ha dimitido, habiendo insistido hasta ahora en que una misteriosa suma de seis cifras en su cuenta bancaria era un regalo de su anciana tía, una señora de medios modestos que residía en un piso de dos habitaciones allá por Chipre. Los detectives de Paul Volcker habían planeado confirmar con la tita la versión de los hechos de su sobrino, pero desafortunadamente ésta se cayó por el hueco de un ascensor y murió. Parece probable ahora que los inesperados beneficios tuvieran menos que ver con la difunta tía de Sevan, y más que ver con sus dotes de persuasión con asignaciones petroleras para otra compañía.


 


Por otro lado, Alexander Yakovlev, un alto funcionario de las misiones “pacificadoras” de la ONU – y, si usted está en una misión de la ONU en África, no, no puede concertarle una cita con una calentona de ocho años de edad de la aldea local; Yakovlev se ocupaba al parecer de los aspectos no vinculados al turismo sexual infantil de la procuraduría de la ONU – de cualquier modo, Yakovlev se reservaba un millón de pagos en comisiones alejados de la vista de extraños en su cuenta [del paraíso fiscal] de Antigua. Acaba de ser detenido en Nueva York, y declarado culpable de lavado de dinero, transferencia fraudulenta de fondos, etc.


 


A pesar de las actuales investigaciones relacionadas con su hermano, su hijo, el mejor amigo de su hijo, su anterior jefe de personal, su funcionario de procuraduría y su director ejecutivo del mayor programa que nunca ha tenido la ONU, el Secretario General insiste en que continúa comprometido con permanecer en el cargo y abordar la importante labor de “reformar” la ONU.


 


Desafortunadamente, su Co-ordinador Ejecutivo para la Reforma de Naciones Unidas también ha tenido que dimitir. Oficialmente, Maurice Strong, Sub-Secretario General, padre del Protocolo de Kyoto y principal negociador de la ONU en Corea del Norte, dimitió porque había metido en nómina a su hijastra – ella también ha dimitido – y a causa de sus vínculos con Tongsun Park, un empresario coreano acusado por la Oficina del Fiscal de los Estados Unidos de coger millones de dólares de Saddam para servir como agente exterior inadvertido de Irak. Park presuntamente invirtió un millón de lechugas Saddamitas en un negocio del hijo del Sub-Secretario General Strong – una compañía petrolera canadiense hoy en quiebra.


 


Por coincidencia feliz, tanto el Sub-Secretario Strong como Kojo Annán fueron designados, el mismo día, para la junta directiva de una compañía llamada Air Harbour Technologies (AHT), una empresa registrada en la Isla de Man y entre cuyos directivos también se encontraba Michael Wilson, el individuo bajo investigación por la renovación del contrato de la sede de la ONU en Ginebra. El mundo es un pañuelo, al menos en la ONU. La AHT era propiedad en su totalidad del hijo del jeque Yamani, el ex Ministro saudí del Petróleo. Yamani junior estaba preparando un contrato petrolero de 60 millones de dólares con Saddam, y parecía pensar que la presencia de funcionarios de la ONU y su descendencia en su junta podría ayudarle.


 


Pero no hay de qué preocuparse. Para manifestar su presente compromiso con “la reforma”, Kofi Annán ha puesto ahora a su Secretario General en funciones, Louise Frechette, otra canadiense, a cargo de “la agenda de la reforma”. En un informe de febrero del Comité Volcker, se dice de Madam Frechette que ha ayudado a Sevan a obstaculizar los esfuerzos para llevar los detalles del encaje de bolillos del Petróleo por Alimentos ante el Consejo de Seguridad.


 


¿Cómo sabemos todo lo dicho anteriormente? Sólo lo sabemos gracias a que Estados Unidos invadió y a que los baazistas salieron pintando de la ciudad dejando atrás cantidades copiosas de papeleo relativo al destino bagdadí del Fraude Petróleo por Alimentos, momento desde el que Claudia Rosett y un puñado de periodistas tenaces han estado desenmarañando sistemáticamente la intrincada red de relaciones familiares y empresariales alrededor de las operaciones de la ONU.


 


Pensaría usted que por ahora, el respeto a la ONU estaría en caída libre más rápidamente que la tita de Benon Sevan por el hueco del ascensor. Después de todo, éstas no son figuras decorativas o departamentos menores. Se adentran profundamente en el corazón de la política de la ONU en dos de los temas críticos de la agenda – Irak y Corea del Norte – o cuatro, si es usted uno de esos tipos del Guardian que se pone cachondo con Kyoto y el mantenimiento de la paz. La mayor parte de los cadáveres diplomáticos ghaneses y de su progenie parecen tener las directivas de compañías con contratos con la ONU y/o opciones petroleras Saddamitas. No tenía idea de que ser el hijo de un embajador ghanés me abriría tantas puertas, y tampoco ellos hasta que Kofi ascendiera a su presente eminencia.


 


El otro día estaba sentado detrás de un coche de Massachusetts que llevaba la pegatina “La guerra nunca es la respuesta”. Bien, depende de la pregunta. En este caso, sin la guerra, ni siquiera estaríamos haciendo las preguntas. Sin el reguero de papeleo de Bagdad, ¿quién habría reunido la voluntad para examinar el Petróleo por Alimentos y verlo hasta el punto en el que lo hunden hoy unos cuantos pesos pesados de carrera en la ONU? No es ninguna pérdida para la humanidad: la “herencia” de Strong, el Protocolo de Kyoto, ya es visto como una broma que es probable que aplaste las economías de los pocos países que han cometido el error de tomárselo en serio (Nueva Zelanda), y, en cuanto a su alcance norcoreano, deberíamos estar agradecidos de que finalizara antes de que un Programa Armas Nucleares por Alimentos de Kim Jong-Il hecho y derecho estuviera en marcha a pleno pulmón.


 


Pero así es como funciona la jet set transnacional, y aquéllas florecillas sensibles que no tienen el estómago para mirar debajo de las piedras podrían al menos hacernos el favor de dejar de balar acerca de, en la maravillosamente lunática frase de Clare Short, la “autoridad moral” de la ONU. El otro día, en The Times, Matthew Parris exigía saber si yo podía admitir hoy que la guerra de Irak había sido un error. No. Aún estoy a favor de ella al 100% – y estos raros resquicios de luz en las alcantarillas del transnacionalismo son simplemente un beneficio añadido.

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