América, Economía y Sociedad

El 2016 comienza con estancamiento en Chile y turbulencias en el extranjero

Aún no termina el primer mes de 2016, el cual estuvo marcado por las turbulencias de los mercados bursátiles, pero ya todas las estimaciones para Chile apuntan a que éste difícilmente será mejor que 2015 en cuanto a actividad.

De hecho, considerando el deterioro de las condiciones externas que enfrenta el país (alza de tasas y premios por riesgo, fuga de capitales desde los  emergentes, bajos precios de commodities e incluso
factores climáticos) podría incluso vivirse una situación  aún más deteriorada que la de los últimos 2 años. Y eso, considerando que 2014 y 2015 fueron en materia económica años francamente mediocres, con un crecimiento real en torno a 2%, una tasa de inversión que no logra repuntar, inflación por encima de la meta del Banco Central, remuneraciones creciendo cada vez más lentas y un Gobierno, que más allá de los anuncios de moderación, continúa impulsando reformas que dañan la capacidad de crecer.
 
A lo anterior se suma que el espacio para seguir intentando estimular el dinamismo a través de política monetaria es prácticamente nulo, como las dos recientes alzas de tasas del Banco Central han confirmado, en un contexto en que la depreciación del peso constituye una amenaz inflacionaria real y donde el PIB potencial, debido a la caída de la inversión en los últimos años y el estancamiento de la productividad, se avizora en torno al 3%. Ambos elementos, que sumados a los importantes déficits fiscales -aunque menores que los previamente pensados- constituyen también limitaciones al espacio de la política fiscal, como correctamente han reconocido tanto el Gobierno como el Banco Central.
 
Ahora, en el primer grupo, el de los desarrollados, las  cosas no son tampoco tan homogéneas: por un lado  tenemos a EE.UU., quien ya dio el primer paso en lo que se espera sea un lento camino de la normalización de tasas, e Inglaterra, donde se discute la posibilidad, y por otro lado, la Zona Euro y Japón, donde se mantienen tasas históricamente bajas en torno a cero y se insinúa la posibilidad de intervenciones no tradicionales adicionales.

Datos parciales recientes, como los PMI (Encuestas a Gerentes de Adquisiciones), sugieren un leve rebalanceo a favor de la Zona Euro y en desmedro de la mayor economía del mundo, lo que apunta en la misma dirección de las más recientes actualizaciones del FMI a su anterior World Economic Outlook de octubre. En concreto, el FMI poniéndose al día con lo el resto de las predicciones del mercado, corrige al alza (0,1 puntos) su estimación para el crecimiento de la Zona Euro, pese a que las perspectivas para la economía francesa, la segunda del bloque, empeoran en contraste a la situación generalizada de mejora marginal en las demás economías, especialmente Alemania.
Para EE.UU., en tanto, el organismo rebaja en 0,2 puntos su estimación para los próximos dos años, lo que de todas formas las sitúa en 2,6%, e incluso, de acuerdo a diversas estimaciones, podría situarse por encima del crecimiento potencial de una economía cuya tasa de desempleo de 5% estaría ya en torno a su tasa NAIRU.
 
En el segundo grupo, el de los emergentes, tal como se anticipó, un menor precio de los commodities, condiciones financieras más adversas y problemas propios en muchos de los países grandes, por ejemplo los BRICS, mantienen las perspectivas para este grupo bastante acotadas. En este contexto, Sudamérica es una región especialmente golpeada, con Brasil con un producto que volverá a contraerse en 2016 (-3,5% de  acuerdo al FMI), Colombia cuya dependencia del Petróleo se ha reflejado en una tremenda depreciación de su moneda, y Perú que gasta de manera
acelerada sus reservas en busca de defender la estabilidad del Nuevo Sol, solo por nombrar algunos, además de Venezuela que espera continúe deteriorándose.
 
Los riesgos externos hoy deben considerar atentamente la dramática situación de Brasil y un posible contagio al resto de la región, que el proceso de “flight to quality” endurezca demasiado la disponibilidad de financiamiento en el mundo emergente, además de la muy comentada situación China, que pese a cerrar el 2015 con un razonable crecimiento de 6,9%, continúa generando dudas.
 
Volviendo a lo estrictamente local, el IMACEC de noviembre registró un crecimiento de 1,8% en doce meses, algo por debajo de lo esperado por el mercado, lo que se traduce en que en términos desestacionalizados y corrigiendo por el número de días hábiles haya literalmente un estancamiento del producto desde enero a la fecha, y así lo que finalmente explica que el crecimiento del producto se situé en torno a 2% versus el 2014 es simplemente el crecimiento registrado en la primera parte del año que luego desapareció.
 
En el plano de la inflación, el IPC de diciembre no aumentó con respecto al mes anterior, nuevamente algo por debajo de lo esperado, pese a lo cual la inflación en doce meses aumentó, cerrándo el 2015 con un 4,4%, y aún sin señales claras de una moderación de los índices subyacentes, por lo que se mantiene la preocupación y expectativa de un alza moderada adicional de la TPM en la primera mitad del año. Si no fuera por el shock a la baja que enfrentamos en los precios de los combustibles, la inflación estaría más cerca de 5% que del 4,4% registrado. La fuerza con la que se ha depreciado el peso frente al dólar explica en un grado importante los registros durante el año, y el traspaso del tipo de cambio a precios internos es un proceso que puede mantener la inflación alta durante el primer semestre del año en curso.

© LyD

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