De hecho, considerando el deterioro de las condiciones externas que enfrenta el país (alza de tasas y premios por riesgo, fuga de capitales desde los emergentes, bajos precios de commodities e incluso
factores climáticos) podría incluso vivirse una situación aún más deteriorada que la de los últimos 2 años. Y eso, considerando que 2014 y 2015 fueron en materia económica años francamente mediocres, con un crecimiento real en torno a 2%, una tasa de inversión que no logra repuntar, inflación por encima de la meta del
Banco Central, remuneraciones creciendo cada vez más lentas y un Gobierno, que más allá de los anuncios de moderación, continúa impulsando reformas que dañan la capacidad de crecer.
Ahora,
en el primer grupo, el de los desarrollados, las cosas no son tampoco tan homogéneas: por un lado tenemos a EE.UU., quien ya dio el primer paso en lo que se espera sea un lento camino de la normalización de tasas, e Inglaterra, donde se discute la posibilidad, y por otro lado, la Zona Euro y Japón, donde se mantienen tasas históricamente bajas en torno a cero y se insinúa la posibilidad de intervenciones no tradicionales adicionales.
Datos parciales recientes, como los
PMI (Encuestas a Gerentes de Adquisiciones), sugieren un leve rebalanceo a favor de la Zona Euro y en desmedro de la mayor economía del mundo, lo que apunta en la misma dirección de las más recientes actualizaciones del
FMI a su anterior
World Economic Outlook de octubre. En concreto, el FMI poniéndose al día con lo el resto de las predicciones del mercado, corrige al alza (0,1 puntos) su estimación para el crecimiento de la Zona Euro, pese a que las perspectivas para la economía francesa, la segunda del bloque, empeoran en contraste a la situación generalizada de mejora marginal en las demás economías, especialmente Alemania.
Para EE.UU., en tanto, el organismo rebaja en 0,2 puntos su estimación para los próximos dos años, lo que de todas formas las sitúa en 2,6%, e incluso, de acuerdo a diversas estimaciones, podría situarse por encima del crecimiento potencial de una economía cuya tasa de desempleo de 5% estaría ya en torno a su
tasa NAIRU.
En el segundo grupo, el de los emergentes, tal como se anticipó, un menor precio de los commodities, condiciones financieras más adversas y problemas propios en muchos de los países grandes, por ejemplo los BRICS, mantienen las perspectivas para este grupo bastante acotadas. En este contexto, Sudamérica es una región especialmente golpeada, con Brasil con un producto que volverá a contraerse en 2016 (-3,5% de acuerdo al FMI), Colombia cuya dependencia del Petróleo se ha reflejado en una tremenda depreciación de su moneda, y Perú que gasta de manera
acelerada sus reservas en busca de defender la estabilidad del Nuevo Sol, solo por nombrar algunos, además de Venezuela que espera continúe deteriorándose.
Los riesgos externos hoy deben considerar atentamente la dramática situación de Brasil y un posible contagio al resto de la región, que el proceso de “flight to quality” endurezca demasiado la disponibilidad de financiamiento en el mundo emergente, además de la muy comentada situación China, que pese a cerrar el 2015 con un razonable crecimiento de 6,9%, continúa generando dudas.
Volviendo a lo estrictamente local, el
IMACEC de noviembre registró un crecimiento de 1,8% en doce meses, algo por debajo de lo esperado por el mercado, lo que se traduce en que en términos desestacionalizados y corrigiendo por el número de días hábiles haya literalmente un estancamiento del producto desde enero a la fecha, y así lo que finalmente explica que el crecimiento del producto se situé en torno a 2% versus el 2014 es simplemente el crecimiento registrado en la primera parte del año que luego desapareció.
En el plano de la inflación, el IPC de diciembre no aumentó con respecto al mes anterior, nuevamente algo por debajo de lo esperado, pese a lo cual la inflación en doce meses aumentó, cerrándo el 2015 con un 4,4%, y aún sin señales claras de una moderación de los índices subyacentes, por lo que se mantiene la preocupación y expectativa de un alza moderada adicional de la TPM en la primera mitad del año. Si no fuera por el shock a la baja que enfrentamos en los precios de los combustibles, la inflación estaría más cerca de 5% que del 4,4% registrado. La fuerza con la que se ha depreciado el peso frente al dólar explica en un grado importante los registros durante el año, y el traspaso del tipo de cambio a precios internos es un proceso que puede mantener la inflación alta durante el primer semestre del año en curso.
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