Es ejemplar y muy saludable para una sociedad que cualquier facineroso responda de los delitos y cumpla las penas impuestas allí donde hubiera cometido sus fechorías.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR
Martes, 19 de mayo 2026

Es ejemplar y muy saludable para una sociedad que cualquier facineroso responda de los delitos y cumpla las penas impuestas allí donde hubiera cometido sus fechorías.
Santi Lucas
El dictador panameño Manuel Antonio Noriega ha cumplido en una cárcel de la cálida ciudad de Miami en Estados Unidos una condena de 17 años por tráfico de drogas. En su país le esperan diversos cargos de corrupción y asesinato que suman cuarenta años más de privación de libertad. Sin embargo, la justicia norteamericana ha atendido una solicitud de extradición por parte de Francia para que Noriega salde en este país otras deudas penales pendientes relacionadas con el lavado de dinero proveniente del narcotráfico por las que fue condenado a diez años de prisión.
Es ejemplar y muy saludable para una sociedad que cualquier facineroso responda de los delitos y cumpla las penas impuestas allí donde hubiera cometido sus fechorías. Los dictadores no son una excepción, aunque su caso se vea envuelto habitualmente en complejidades legales y estatutos personales privilegiados que les permiten sortear o mitigar su destino carcelario, aunque no eviten nunca la repulsa moral de los pueblos que los padecieron. Noriega ha penado ya sus crímenes en Estados Unidos y parece que lo hará también en Francia antes de enfrentarse con sus propios compatriotas.
El asunto Noriega ha provocado en Panamá, donde naturalmente más efecto tuvieron sus abusos, una polémica convulsión ciudadana. Si Noriega no fuera huésped en la próxima década de las instituciones penitenciarias francesas se especula con que en su país, a pesar de la gravedad de las penas, podría enfrentarse a una reclusión atenuada o a un trato de favor que a muchos observadores y a los ciudadanos panameños escandaliza sólo imaginar.
El debate principal es si Noriega debe cumplir primero con las penas impuestas en Panamá, en un ambiente político del que no han desaparecido muchos de sus antiguos colaboradores, con lo que podría bordear la impunidad y refrescar negativamente a los panameños sus tropelías, o si por el contrario, lo más beneficioso es que amplíe en Francia el espacio temporal que le separa de la definitiva justicia panameña y que la Historia tome mayor distancia. Parece esto último lo más aconsejable para no remover los fantasmas del pasado, aunque los panameños tengan todo el derecho del mundo a cerrar el negro capítulo Noriega viendo entre las rejas de su país al déspota que les gobernó durante seis años.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR
// EN PORTADA
// LO MÁS LEÍDO
// MÁS DEL AUTOR/A