En un reality show que se filma en Inglaterra, se seleccionó a “infieles del siglo XXI”, para que vivan bajo la ley islámica durante un tiempo. Pero que pasará si uno de ellos no cumple con la sharia, ¿será expulsado de la casa o decapitado en la casa?
Mark Steyn
Desde que este cacharro llamado Internet entrara en mi vida, paso la primera hora de cada mañana intentando imaginar cuál de las toneladas de correo electrónico nocturno es genuino, de haber alguno. Este me parecía obviamente falso: una circular de prensa de un nuevo reality show televisivo en el que los no musulmanes viven según la sharia.
Pero, inevitablemente, resulta ser real. Grabado en Harrogate, una de las ciudades menos musulmanas de Yorkshire, el programa se emitirá en el Canal 4 de Gran Bretaña y presentará a infieles intentando vivir como un musulmán durante tres semanas. No es tan fácil como parece. Un participante, al serle ofrecida una patata cocida al horno fría al final de su ayuno, se levantó de golpe camino del pub en busca de una pinta de cerveza y una empanada de cerdo. “Ese incidente no estaba planeado en absoluto“, declaraba al Guardian el productor Narinder Minhas, “y la escena con Suliman, uno de los mentores, y Lucas, el peluquero gay, en la tienda de ropa es una de mis favoritas“.
¿Lucas el peluquero gay? Sí, Minhas ha seleccionado una muestra científicamente representativa de los infieles de principios del siglo XXI: un peluquero homosexual, una “modelo de pasarela” con afición a fotografiar sus pechos, un taxista ateo con afición por el porno, etc. Evidentemente, Harrogate ha cambiado un poco desde la ciudad balneario gentil que era cuando hace algunos años yo tomaba el té con pastas. De cualquier manera, el estilista homosexual y el taxista del porno y compañía tienen que vivir sin cerdo, alcohol, lencería provocativa o sexo sin matrimonio. Lo cual elimina gran parte de cada sostén del estilo de vida infiel de Yorkshire.
Minhas, previamente productor de Iglesia en Crisis y Fin de curso hindú, afirma que el Canal 4 y él querían que el nuevo reality fuera “divertido“. “Estábamos algo cansados“, explicaba a regañadientes, “de ver a tíos con barba de aspecto algo amenazador“. En realidad, ¿quién de nosotros no se ha encontrado luchando en vano con el enésimo imán incendiario exhortando a los fieles a un coro más de “Muerte al Gran Satán“? De la publicidad no está claro lo que sucede si uno se encuentra con que las 3 semanas de sharia son demasiado. ¿Eres expulsado de la casa? ¿O decapitado en la casa? Tenía un aire a sharia-light, el equivalente islámico al budismo de Richard Gere. Un día o dos más tarde, me desperté con un correo electrónico acerca de una profesora británica en Sudán que se enfrentaba a 40 latigazos y acusaciones de blasfemia por haber sido lo bastante descuidada como para dejar que sus alumnos pusieran el nombre de “Mahoma” al oso de peluche de la clase. Desconozco qué sura en concreto se ocupa del asunto de la nomenclatura de los ositos de juguete, pero aparentemente es algo delicado. No puedes evitar pensar que Lucas el peluquero homosexual tendría una sesión Aprenda sharia en un día mucho más animada en la secuela del programa en Jartoum.
Mientras tanto, lejos del reality televisivo, la realidad se abre el camino implacablemente. En Pakistán, el terrorista suicida que mataba a 170 personas en la concentración de recibimiento a Benazir Bhutto es, sostiene la policía, un niño de un año enrolado involuntariamente por su jihadista padre. Bhutto habría visto al chico y hecho señales al padre para una fotografía besando al niño, pero afortunadamente alguien se interpuso y su cortejo pasó de largo, afortunadamente para ella. En Occidente, no muchos de nosotros detonaríamos a nuestros hijos pequeños, y si lo hiciéramos, acabaríamos pronto. Decía en mi libro que los progres demográficamente agotados de Europa habían adoptado en la práctica la misma estrategia que los Protestantes del siglo XIX, a los que se prohibía reproducirse y por tanto incrementar su número, sin previa conversión. Resultado: no hay muchos Protestantes del XIX vivos. En el momento en que lo escribí, hace año y medio, lo concebí como broma metafórica barata a expensas de las tasas de fertilidad europeas. Después de todo, sería absurdo sugerir que los progres eran formalmente invitados a renunciar al creced y multiplicáos.
Pero me recuerda a un consejo que me dio un gurú de los concursos: la manera más fácil de ganar un millón de pavos es coger tu chiste favorito y llevarlo a la realidad. Mi pequeña broma de los Protestantes se ha visto adaptada con ansiedad y llevada a la realidad por el movimiento ecologista: en palabras del titular del Daily Mail, “Descubra a las mujeres que no tendrán hijos – porque no es respetuoso con el medio ambiente“. La mejor manera de salvar el planeta para la próxima generación es no tener una próxima generación. Así que Toni y Sarah, en el punto álgido de sus años de fertilidad, decidían por separado ligarse las trompas para “proteger el planeta“. Como explicaba Toni, “Cada persona que nace consume más comida, más agua, más tierra, más combustibles fósiles, más árboles y produce más basura, más polución, más gases de efecto invernadero, y se suma al problema de la superpoblación“. Nosotros somos la contaminación, y la esterilización es la solución. Es el reality televisivo definitivo: una temporada de Supervivientes en la que todo el mundo está nominado en la isla.
Toni y Sarah asumen estar salvando el planeta para los osos polares de Al Gore, y el búho con manchas, y el perezoso silvestre de tres dedos, y el loro de mejillas verdes. En la práctica están salvando el planeta para las culturas cuyo mujerío no se liga las trompas. El 40% de los niños en el parvulario londinense hoy habla una lengua distinta del inglés en casa. No importa lo frenéticamente que Ton, Sarah y todas sus amigas se esterilicen, Inglaterra está cada vez más poblada.
La cultura que construyó el mundo moderno está jugando a una edición de Supervivientes entre civilizaciones. Desgraciadamente, la sharia no es un programa televisivo. Para empezar, no se retira nunca de antena.
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