EEUU habrá extirpado la tiranía, pero será el pueblo iraquí, sus referentes, y la comunidad internacional a pleno, quienes deban encausar un camino de estabilidad duradera.
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Lunes, 26 de octubre 2026

EEUU habrá extirpado la tiranía, pero será el pueblo iraquí, sus referentes, y la comunidad internacional a pleno, quienes deban encausar un camino de estabilidad duradera.
Editorial
La noticia de una progresiva retirada de tropas de los EEUU de Irak ha despertado atención en la comunidad internacional y disparado numerosos análisis sobre el impacto de la estrategia norteamericana. Tras más de tres años de intervención, militares políticos y analistas se aprestan ofrecer sus más elaboradas conclusiones al mundo.
Sin embargo, ningún veredicto objetivo deberá soslayar el hecho más importante de todo el proceso: la destitución del dictador Sadam Husein y su posterior procesamiento por crímenes de lesa humanidad y de más aberrante ejecución. Husein fue destituido del poder dejando tras de sí la aplicación de un tormento constante sobre una población de por sí diezmada que no tuvo más opción que refugiarse en la religión (en su versión más radical) para encontrar un sosiego imaginado.
Husein empujó a sus súbditos a entrar en el terreno de la paranoia fundamentalista, obligados por la opresión generalizada y la más brutal persecución ideológica y de todo tipo. Quizás sea allí, más que en otro sitio, donde deban rastrearse los antecedentes de la radicalización islámica. Luego, y como es lógico en una parte absurda de la comunidad internacional, las culpas no se buscan donde corresponde, sino en el desgastado argumento del imperialismo yanqui.
Así las cosas, y con este grado de confusión, los analistas deberán ejercer su derecho de observación. Habrá numerosos puntos oscuros en la intervención norteamericana (como los excesos registrados en los centros de detención) e innumerables matices políticos e ideológicos para comentar. Pero quien haga una crítica franca, no podrá negar que el despliegue militar tuvo dos claros objetivos: derrocar al tirano y establecer un marco de garantías básicas para la seguridad de las personas.
El pacto establecido entre el gobierno norteamericano y el iraquí, más la milicia del clérigo chií al-Sadr, es de 12 a 18 meses para el retiro progresivo de tropas. Esto supeditado al grado de violencia que se observe hasta el final del plazo. El comandante norteamericano en Irak, George Casey, fue claro al insistir que no dudará en convocar nuevas tropas si la situación de inseguridad y muerte recrudece.
Según informó Diario Exterior ayer, Casey declaró que “las fuerzas estadounidenses aún no han perdido ninguna batalla desde que comenzó la guerra en Irak y la célula de la red terrorista Al Qaeda en Irak está herida pero sigue siendo letal”. Admitió además que el Ejército iraquí ha perdido 300 hombres sólo durante el mes sagrado del Ramadán.
Luego, y no menos preocupante, es la postura que los países limítrofes que aparecen como netamente hostiles a la intenciones de Washington. Irán y Siria esperan la retirada de las tropas no como el final de un proceso de restauración de garantías y de fin de la tiranía, sino como una oportunidad para despertar sus reivindicaciones nacionalistas y fomentar el rechazo hacia Occidente. Siria e Irán constituyen, sin lugar a dudas, dos nítidos obstáculos para la seguridad –y estabilidad- en esa región.
El futuro de Irak será luego impredecible. La enorme inestabilidad que acompaña a todo el proceso, más la sórdida conspiración de países como Siria e Irán, impiden elaborar pronósticos confiables. Estados Unidos habrá cumplido su rol, y el tirano será finalmente juzgado y sentenciado. La situación en el propio Irak se muestra menos clara y aún incierta ante la obstinada acción del terrorismo y el auge del fundamentalismo más violento. Hablar de democracia en Irak es prematuro y cuasi imposible si quienes deben tomar las riendas del poder, no confían en ella. De esto dependerá, seguramente, que todo lo hecho no sea trágicamente desperdiciado.
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Diario Exterior publica hoy las declaraciones del presidente Bush sobre la política en Irak.
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