América, Economía y Sociedad

Fallos de organización en las Olimpiadas de Río y ausencia de público

Deportistas, televisiones y federaciones elevan sus quejas por el desarrollo de los JJ.OO.


La peor recesión que atraviesa Brasil desde 1930, unida a una grave crisis institucional, está afectando al correcto desarrollo de los Juegos Olímpicos de Río.

Los organizadores del evento han reconocido varios problemas de distinta índole -conexión con transportes públicos, seguridad y estado de instalacioones- aunque, aseguran, están trabajando en ello. “Llegamos a los Juegos con una crisis económica muy importante. Los cambios políticos también afectaron el estado de ánimo del pueblo brasileño“, indica Mario Andrada, portavoz de los Juegos.

Los responsables no quieren darle importancia a eventualidades que, dicen, corrigen sobre la marcha. “Las cosas se podrían haber hecho mejor y vamos a aprender de esto y hacerlo lo mejor en el próximo evento grande, pero no nos arrepentimos“, asegura.

Ausencia de espectadores

Si se compara con las últimas Olimpiadas de Londres 2012, los billetes no se han vendido como se esperaba, por lo que los asientos vacíos en la mayoría de las pruebas se ha convertido en algo habitual. “Estamos trabajando en ello“, ha sido la respuesta de Mario Andrada, sin dar más detalles sobre lo que se está haciendo. A pesar de las buenas intenciones, aparentemente poco se ha podido resolver en cinco días de competición.

La falta de público es criticada por los deportistas, las cadenas de televisión que pagan millones de dólares por los derechos de retransmisión y por las federaciones deportivas. Cuando un evento se muestra con escaso público –algunas gradas no llegan ni al 30 por ciento de su capacidad- da la sensación de poco interesante.

La agencia Reuters ha recogido declaraciones de voluntarios, quienes critican el trato que reciben por parte de la organización al no dejarles asistir a los diversos encuentros gratuitamente, como sí sucedió en Londres 2012. Los voluntarios también aseguran que ni siquiera pueden entrar a los encuentros ya comenzados aunque haya asientos vacíos.

En los últimos Juegos Olímpicos, tanto voluntarios como miembros de seguridad y personal del Ejército, pudieron completar el aforo vacío sin mayor problema, algo que no está sucediendo en Río, presumiblemente porque el comité organizador necesita urgentemente todo el dinero que se pueda recaudar con la venta de abonos. En un informe de la misma agencia de noticias, el déficit actual de las Olimpiadas se sitúa entre 121 y 151 millones de dólares.

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