La clase política francesa está sorprendida con la confesión lanzada por el ministro de Cultura, Fréderic Miterrand: realizó turismo sexual con “chicos jóvenes” en varios países asiáticos. Ese pasaje de su vida aparece en una autobiografía publicada en 2005. Un asesor del presidente Sarkozy declaró no entender por qué se genera “una polémica tan patética como ésta con tanto retraso”.
Viajó a países asiáticos
En una entrevista concedida a la cadena de televisión France 2, el asesor especial del presidente Nicolas Sarkozy, Henri Guaino, ha calificado de “indigna” la polémica que se ha generado en torno a la confesión que hizo el ministro de Cultura, Frédéric Mitterrand, en su autobiografía (publicada en 2005), en la que admite que ha pagado por acostarse con “chicos jóvenes” en países asiáticos.
Según la entrevista, de la que se hace eco la agencia Europa Press, Guaino declaró: “No veo dónde está el problema, no veo por qué se crea una polémica tan patética como ésta con tanto retraso. Se deberían sacar consecuencias también radicales”. De hecho, cuando se le nombró ministro, Sarkozy ya había leído el libro (“La mala vida”) del sobrino del ex presidente François Mitterrand y declaró al periódico Nouvel Observateur que, a su juicio, el libro era “valiente y talentoso”.
Por su parte, Brice Hortefeux, ministro de Interior, dijo a la emisora RTL, según Europa Press, que Mitterrand es “una personalidad interesante y reconocida unánimemente por sus competencias”. Respecto al turismo sexual, contestó que no sabe si realmente lo ha hecho. “Este asunto ha salido muy rápido, hay que desconfiar de los juicios mordaces”, advirtió.
Desde el otro extremo, la vicepresidenta del
ultraderechista partido Frente Nacional,
Marine Le Pen, dijo que Mitterrand tiene que dimitir para que
Francia recupere su
integridad moral. También el portavoz del Partido Socialista,
Benoît Hamon, criticó que “en un momento en que
Francia se ha comprometido con Tailandia a luchar contra la plaga que es el
turismo sexual, resulta que hay un ministro del Gobierno que explica que él mismo es un consumidor”.
De acuerdo con Europa Press, el ministro reconoce en su libro que “tenía el hábito de pagar por chicos” y añade que su atracción por este tipo de prostitución continuó después de conocer “los sórdidos detalles de este tráfico” sexual. “El mercado de la esclavitud me excitaba muchísimo (…). La abundancia de chicos jóvenes muy atractivos e inmediatamente disponibles me situaba en un estado de deseo”, explica.
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