“Al menos el 25% de los escaños del Consejo de los Diputados irán destinados a mujeres”. No soy un gran entusiasta de las cuotas, pero a efectos comparativos, tras dos siglos y cuarto, en el Senado de los EEUU, el 14% de los escaños son ocupados por mujeres”.
Mark Steyn
La discusión constitucional de Bagdad es normal en el curso de construcción de la nación de Irak — al menos según lo filtrado a través de los medios occidentales. Conforme se aproxima la fecha límite, leemos que todo el rollo está a punto de morir, no hay acuerdo acerca del camino a seguir, Washington va a tener que admitir que llevó las cosas desastrosamente mal e intervenir para rescatar lo que pueda posponiendo la entrega a una administración iraquí / las primeras elecciones libres / el borrador constitucional / lo que sea.
Esta vez, fuimos puntualmente informados de que la constitución se estaba convirtiendo en una derrota teocrática de los kurdos, las mujeres y cualquier otro grupo de identidad sobre el que los medios pudieran cebarse. No estoy seguro de cómo es el ambiente gay en Faluya, pero no hay duda de que los chi´íes encarrilaban prohibiciones constitucionales también en el caso de los beneficios conyugales de parejas del mismo sexo para los imanes gays. Las mujeres iraquíes estaban mucho mejor posicionadas bajo Saddam, nos decían diversos tipos, aunque los bufones del Seattle Post-Intelligencer publicaban una viñeta de David Horsey que mostraba a Condi asegurando a Bush que “no serán dilapidadas hasta morir mientras lleven enfundados sus burkas”.
Ja Ja. Así que, ¿qué nos encontramos en el Artículo 151 de la constitución iraquí?
“Al menos el 25% de los escaños del Consejo de los Diputados irán destinados a mujeres”.
No soy un gran entusiasta de las cuotas, pero a efectos comparativos, tras dos siglos y cuarto, en el Senado de los Estados Unidos, el 14% de los escaños son ocupados por mujeres.
El único burka enfundado aquí es el que se pone sobre la cabeza David Horsey, con el agujero de los ojos a la espalda. ¿Nunca se ha reunido con una mujer iraquí?
La cobertura de la construcción de la nación iraquí es como un todopoderoso Huracán Ahmed de las noticias del cable. Los corresponsales de las cadenas se encaraman a sus trajes de plástico y tirantes y marean la perdiz e insisten en que la guerra civil está a punto de estallar en cualquier minuto, devastando la entrega del control / las elecciones / la constitución. Pero nunca estalla. El Huracán Ahmed es simplemente el ventoso vaivén del politiqueo sano.
¿Recuerda la guerra afgana? El 7 de noviembre del 2001, Maureen Dowd, del New York Times, hablaba con desprecio de la Alianza del Norte por ser un montón de vagos autoindulgentes sin utilidad. “Fuman y se quejan más de lo que luchan”, se burlaba. Un par de días después, Kabul caía tan rápidamente que el 14 de noviembre, Dowd cambiaba suavemente — sólo el caso más suave de traumatismo columnar — para gimotear que la hasta la fecha vaga Alianza del Norte “nos desconcertó” con “su fuerza salvaje”.
Ése es el modo en el que funcionan también nuestros aliados iraquíes. Tienen que ser animados — que es por lo que la estrategia norteamericana de plazos duros (o difíciles) funciona bien — pero al final consiguen llegar.
“¿Qué es lo que constituye una buena constitución?”, preguntaba Rick Brookhiser, del National Review, el otro día. “Encontronazos y desaprobaciones, congelados en el tiempo”.
Los acuerdos constitucionales más significativos y sufridos del mundo de habla inglesa — la Carta Magna, la Constitución de los Estados Unidos y la Ley de Derechos — fueron los compromisos de bloques de poder rivales: el Rey Juan vs. los barones de Inglaterra, federalistas vs. antifederalistas.
Brookhiser no añadió que los más sufridos son los esbozados por una clase dominante homogéneamente ideológica: la constitución de la Unión Europea anunciada a bombo y platillo este año, por ejemplo, nació muerta. Por el contrario, la constitución que se resuelve en Bagdad refleja la realidad política. Lo que los pesimistas detractores citan como la principal desventaja de Irak — no es un verdadero país, es sólo una jurisdicción fraudulenta cogida por los pelos para ajustarse a la conveniencia administrativa del Ministerio Colonial Británico, nunca va a funcionar, está destinada a separarse — es, en realidad, su gran ventaja: si quieres empezar un experimento de libertad en Oriente Medio, ¿qué mejor que una nación separada en tres sentidos donde ningún grupo puede dominar con facilidad a los otros dos? La nueva constitución satisface a todos:
- Los chi´íes obtienen el reconocimiento de que el islam es “la única religión oficial del estado” igual que la Iglesia de Inglaterra es la iglesia oficial de ése estado — aunque, al contrario que los obispos anglicanos, los imanes de Irak no recibirán escaños permanentes en la legislatura nacional.
- Los kurdos obtienen una estructura federal laxa en la que casi todo aparte de la defensa nacional y la política exterior se reserva a las regiones y provincias. En la semana posterior a la caída de Bagdad dije que los kurdos se conformarían con ser el Quebec del Canadá de Irak, y así lo han hecho.
- A los sunníes, que gobernaban Irak desde los días de clase dirigente colonial de Gran Bretaña hasta justo la caída de Saddam, no les gusta la estructura federal, sobre todo porque son los kurdos y los chi´íes los que controlan el montante del petróleo, así que han sido cortejados con un acuerdo en el que los beneficios petroleros del país serán divididos a nivel nacional sobre una base per cápita.
Si en el 2003 le hubieran pedido idear una constitución ideal para las circunstancias no muy ideales de Irak, sería algo así: una federación altamente descentralizada que acepta la realidad de que Irak es una nación musulmana, pero reserva el poder político para legisladores elegidos democráticamente — y divide los beneficios del petróleo con justicia.
¿Y si no funciona? Bien, por eso es por lo que los sunníes están tan agitados. Si los Baazistas a ultranza y los islamobobos de importación saudí y siria quieren hacer que Irak sea ingobernable, el país se disolverá en un kurdistán democrático, un chi´istán democrático y un asentamiento sunní moribundo en medio. Y, en el esquema general de las cosas, eso tampoco sería tan terrible.
En Irak, ahora mismo, el vaso está dos tercios lleno, y esos dos tercios no serán vaciados hasta los niveles de desesperación del Triángulo Sunní. Desde el 2003, hay un millón de coches nuevos en carretera, una estadística que sin duda nos hará perder a nosotros, los defensores de políticas agresivas, el apoyo del Sierra Club, pero que no suena como una nación sitiada en la desesperación. Se ha abierto un nuevo aeropuerto internacional en el norte para hacer frente al boom económico y turístico kurdo. Faruk Mustafá Rasul está construyendo un hotel de cinco estrellas de 28 plantas con un restaurante giratorio y una línea de tranvía hasta el centro de Sulaimaniya.
Con seguridad, debiéramos haber hecho esto y debiéramos haber hecho aquello. Pero aún así, no obstante, Irak avanza día a día. La verdadera vorágine está en casa, donde los jubilosos chiflados hambrientos de derrotismo manifestados por Cindy Sheehan, Joan Báez, Ted Kennedy y compañía tienen cada vez menos relación con cualquier cosa que suceda ahí. El futuro de Irak es hoy una cuestión de los iraquíes — lo que, teniendo en cuenta los medios norteamericanos, fanfarrones Demócratas como Joe Biden o Republicanos debiluchos como Chuck Hagel, les da lo mismo.
© copyright Mark Steyn, 2005