Política

La estrella del críquet sabe cómo incitar a los fanáticos

“Según mi cómputo, apenas cinco periódicos norteamericanos mencionaron el nombre de Imrán Khan la semana pasada. ¿Quién? Bien, es el mundialmente famoso — espera sentado — jugador de críquet. No, espere: no se precipiten a las salidas, ésta no es una columna de críquet.”

Mark Steyn
 Él es, como es el caso, un atractivo jugador de críquet, el primer gran
jugador del subcontinente hindú y — ups, no, en serio, no es una columna de
críquet. Pero el quid de la cuestión es que es una institución en Inglaterra,
Australia, La India, y allí donde el juego de verano se refiere al ruido del
cuero contra la madera de sauce.

Y en la misma semana en que un simple
puñado de canales norteamericanos mencionaron a Imrán, más de un centenar de
diarios mencionaban al Michael Isikoff de Newsweek. Isikoff era el tío que firmó
la historia rara hasta decir basta acerca de un interrogador de Guantánamo sin
identificar que tira un Corán por el retrete. Pero Imrán fue el tío que, en un
feroz discurso emitido en la televisión paquistaní, atrajo la atención de sus
compañeros musulmanes sobre ello, muchos de los cuales se desenfrenaron
puntualmente, con el resultado de que 17 personas están muertas.

Hasta la
fecha, la reacción se ha dividido en dos frentes. Newsweek ha sido amonestada
por irse de bareta tan rápidamente con la fiebre pacifista anti-Bush como para
descuidar sonoramente la cuestión de si su noticia generaría un enorme montón de
cadáveres.

Lo cual es verdad. Por otra parte, están aquellos que señalan
que difícilmente es culpa de Newsweek que haya algunos extranjeros ridículos tan
pirados como para manifestarse violentamente y matar por un rumor de un acto
irrespetuoso con un ejemplar de un libro. Los cristianos no se manifiestan
violentamente por “Jesu-pís-to” y otras provocaciones de “artistas”
incontinentes. A los judíos no les interrumpe su rutina diaria ser descritos
como “un virus que se parece al SIDA”, que es lo que dijo el jeque Ibrahim
Mudeiris hace una semana en su sermón en la televisión pública palestina,
financiada por la Unión Europea. Los musulmanes saben servirlo gratis y a lo
grande, así que ¿por qué no lo pillan, ni siquiera ínfimamente?.

Lo cual
también es verdad, pero si los medios no hubieran empleado los últimos tres años
y medio echándose atrás frente a la supersensible, ehm, fácil inflamabilidad del
mundo musulmán, sería una mejor defensa de Newsweek — hasta que la oportunidad
de un poco de espeluznante ataque a Bush demostró ser demasiado irresistible. En
cierto sentido, tanto los medios norteamericanos como los irracionales
manifestantes del interior afgano-paquistaní son muy similares, dos tribus
monumentalmente parroquiales absortas en sí mismas que viven sin tener en cuenta
al resto del mundo y abiertas a fanáticas creencias irracionales indestructibles
— no menos que la noción de que puedes tirar un libro de 950 páginas por unas
tazas de Al Gore, de bajo consumo, federalmente aprobadas y
ecológico-obsesionadas, una afirmación que ningún peso pesado editorial pensó en
comprobar por sí mismo en el lavabo de ejecutivos de Newsweek.

Viendo a
los medios acampar las carretas en torno al cercado Isikoff, Martin Peretz, de
The New Republic, les describía como ´´una profesión que está complaciente,
autosuficiente y desesperadamente enamorada de sí misma”. Los medios son el
mensaje: Pero, hey, ya vale de la guerra, hablemos de mí.

En cuanto a los
ridículos fanáticos musulmanes, bien, hasta las orejas. Pero, ya sabe, nos han
dicho desde el 11 de Septiembre que la “calle musulmana”, presuntamente
hirviendo de cólera, estaba a punto de estallar, y durante cuatro años continuó
tan aburrida como un callejón sin salida suburbano una tarde de fin de semana.
Invade sus países, derroca a sus dictadores, bombardea su infraestructura desde
el primer día del Ramadán hasta el último, arresta a sus terroristas, retenlos
en Guantánamo durante media década, inicia reformas que colocan al mundo árabe
en el primer peldaño de la escalera hacia la libertad política y económica, y la
calle musulmana hirviendo de cólera hace uno de sus todopoderosos encogimientos
de hombros.

En octubre del 2001, Faizal Aqtub Siddiqi,
presidente-general de la Organización Internacional de Musulmanes, advirtió de
que el bombardeo de Afganistán crearía 1000 Osama bin Ladens. En abril del 2003,
el presidente de Egipto, Mubarak, advirtió de que el bombardeo de Irak crearía
100 bin Ladens. Así que ahí tiene una reducción del 90% en el programa de
creación de bin Ladens — ¡sólo con bombardear un segundo país!. A pesar de los
mejores esfuerzos por levantar en armas a la calle musulmana, su posición ha
continuado siendo la misma: empezad la jihad sin mí. La corta historia de los
últimos cuatro años es: les falta un tornillo, pero no tantos tornillos.


Es decir, hasta que la noticia del Corán por el retrete de Newsweek
provocó alborotos sangrientos desde Yemen hasta Afganistán pasando por
Indonesia. Hacer que estos tíos se levantaran exigió una combinación vivamente
peculiar de falta de respeto: la palabra literal de Alá mas tirar de la cadena,
un símbolo de la quintaesencia de la decadencia occidental para las partes más
remotas de [la cordillera] Hindu-Kuch. Mensaje a Bush: puedes hacer lo que
quieras, pero deja mi libro santo en paz.

Y estos alborotos ni siquiera
habrían tenido lugar si Imrán Khan no hubiera proporcionado la pequeña chispa
entre la cerilla de Newsweek y esos tumultos explosivos. Imrán es un paquistaní
rico, altamente occidentalizado, que encontró grandes fama y fortuna en
Inglaterra. Posó con los Rolling Stones, salió con supermodelos, y se casó con
Jemima Goldsmith, hija del empresario billonario Sir James Goldsmith. Jemima
estaba buena pero [era] de procedencia judía y por lo tanto, al igual que gran
parte del estilo de vida típico de playboy de Imrán, no era particularmente
ventajosa cuando decidió meterse en política paquistaní. Así que, habiendo
manifestado muy poco interés previamente en las preocupaciones de la calle
musulmana, Imrán comenzó después a complacerla. Dudo de que personalmente le
preocupe mucho la historia de Newsweek en un sentido o en otro, sino que es un
oportunista y eso es por lo que salió corriendo a incitar a sus excitables
seguidores.

No es tanto la multitud, como la determinación de la élite a
mantener a sus pueblos en un estado de ignorancia. La forma de islam más
represiva educacionalmente, por ejemplo, es financiada y promovida por príncipes
saudíes que, aunque no tan atractivos como Imrán, también pasan un montón de
tiempo en Occidente — jugando, bebiendo, alternando con mujeres y regodeándose
en otros placeres que ni siquiera la noche más salvaje sobre los azulejos de
Riyadh puede saciar. Mientras que las sociedades más avanzadas creen que una
población educada es vital para el interés nacional, muchas élites musulmanas
parecen haber concluido que en realidad, una población analfabeta es bastante
más útil. Y, cuando ves la financiación saudí de las madrazas radicales en
regiones musulmanas moderadas desde los Balcanes hasta Indonesia, es difícil
evitar la conclusión de que hasta la fecha, estamos teniendo gran éxito
des-educando partes relativamente perspicaces del mundo.

Este desastre
precisó una combinación de factores. No podemos hacer mucho con los fanáticos
musulmanes; probablemente no podamos hacer mucho con los medios vanidosamente
autoensalzadores cuyo contra-tribalismo reflexivo les ha privado de todo sentido
de perspectiva o proporción. Pero sí debemos aplicar presión sobre el vínculo
entre los dos mundos: las élites egoístas que disfrutan de los privilegios de
Occidente mientras explotan la ignorancia de sus correligionarios acerca de él.
Eso no es sólo críquet, ¿no?.

© copyright Mark Steyn, 2005

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