Pensamiento y Cultura

La gran pelea por el libro electrónico

La larga disputa entre Amazon y la editorial Hachette ha sacudido el sector del libro. Todos creen que está en juego el futuro del libro en la época digital y que esta controversia puede sentar un precedente decisivo.


 La larga disputa entre Amazon y la editorial Hachette ha sacudido el sector del libro. Nadie considera el caso como un simple asunto privado de dos empresas que pelean por el precio de los libros y el reparto de las ganancias. Autores, otros editores, medios de comunicación, lectores han intervenido, a menudo con pasión, a favor de una u otra parte. Todos creen que está en juego el futuro del libro en la época digital y que esta controversia puede sentar un precedente decisivo.

 
Este episodio es la continuación de un conflicto iniciado hace años.

Amazon había conseguido que las grandes editoriales norteamericanas le dejaran fijar el precio de venta de las obras en formato electrónico, a cambio de pagarles un monto por las licencias adquiridas al por mayor. Para vender más copias y ampliar su clientela, Amazon puso casi todos los títulos baratos: a 9,99 dólares, aun a riesgo de perder dinero.
 

Las editoriales lamentaron ver depreciados sus títulos y haber permitido un precedente que podría impedirles venderlos más caros. A principios de 2010 cerraron un trato con Apple para la librería virtual del nuevo iPad: ellas fijarían el precio de venta de las obras, y Apple se llevaría una comisión del 30%. Las novedades costarían 12,99 o 14,99 dólares, y los títulos anteriores, entre 9,99 y 14,99 dólares. Disponiendo de otro gran canal de venta, las editoriales pudieron entonces renegociar con Amazon, bajo la amenaza de retirarle sus obras. Amazon tuvo que ceder y firmó contratos como el de Apple; hubo de subir los precios y perdió cuota de mercado.
 
Unos autores, a favor de Hachette: “Las editoriales tradicionales cumplen una misión vital en nuestra sociedad. Proporcionan capital riesgo para ideas”
Pero se quejó a la Comisión Federal de Comercio (FTC), que dos años más tarde demandó a Apple y las editoriales por colusión para aumentar el precio de los libros. Solo Apple quiso ir a juicio, y lo perdió (julio de 2013). Las editoriales prefirieron llegar a un acuerdo extrajudicial con la FTC, por el que se comprometieron, entre otras cosas, a retirarse del contrato firmado con Apple y abstenerse de cualquier otro similar durante dos años. El plazo expiró ya para Hachette, la primera en rendirse a la FTC. Entonces se puso a negociar de nuevo con Amazon.
 
Acusaciones y réplicas


En mayo pasado salió a la luz que las negociaciones no iban bien. Se supone que Amazon pretende de Hachette mayores descuentos por los libros, y así tener mayor margen para bajar los precios. En cualquier caso, Amazon empezó a aplicar medidas de presión. Subió los precios de los libros de Hachette, les impuso demoras en el envío, los hizo casi invisibles.
Tales tácticas indignaron a Hachette, que las denunció en una declaración pública. También movió a sus autores, y a otros, que en número de quinientos y bajo el nombreAuthors United dirigieron una carta abierta de protesta a los miembros del consejo de administración de Amazon.
 
Se multiplicaron las críticas a Amazon. El New York Times y elWall Street Journal le reprobaron en sendos editoriales. Poco antes de la Feria del Libro de Fráncfort, un millar de autores de lengua alemana publicaron otra carta abierta de protesta. Varias entidades pidieron a las autoridades que investigaran a Amazon por abuso de posición dominante y prácticas contrarias a la competencia: el Authors Guild (Gremio de Autores) se dirigió al Departamento de Justicia de Estados Unidos; la Federación Europea e Internacional de Libreros, a la Comisión Europea; la Asociación Alemana de Libreros y Editores, al organismo antimonopolio de su país.
Amazon contraatacó. Para mostrar que no iba solamente a por el dinero, ofreció a Hachette y sus autores el 100% del importe de sus libros electrónicos que vendiera; ellos rehusaron. Difundió artículos favorables a su postura. Algunos autores que publican mediante el sistema de autoedición de Amazon iniciaron una petición contra Hachette en Change.org, el sitio que recoge firmas a favor de causas.
 
Un autor, a favor de Amazon: “Amazon me paga más por la venta de una copia de 3,99 dólares para Kindle que una editorial por la de un libro impreso de 26 dólares”
En esta polémica, casi todos los participantes coinciden en plantear así la batalla: un gigante con tendencias monopolísticas, que quiere abusar de su posición de dominio, frente a un defensor de la cultura por encima del mercado, empeñado en proteger la creación y la difusión de libros. Cuál de los dos es Amazon y cuál Hachette, se discute.
 
“Hay que parar a Amazon”


Sin duda, Amazon goza de una posición dominante. Tiene el 67% de la venta de libros electrónicos en Estados Unidos (el 65% en Alemania). Siempre ha buscado ampliar su cuota de mercado antes que dar beneficios, con el plácet de los accionistas, que no le piden muchos dividendos. El año pasado, con una facturación de 74.500 millones de dólares y un valor medio en Bolsa de 154.000 millones, sus beneficios netos fueron 274 millones.
 
Así, Amazon puede permitirse vender a pérdida para dañar a los competidores. De eso le acusa Franklin Foer, director deNew Republic, en un largo y duro artículo titulado “Hay que parar a Amazon” (9-10-2014). Como otros grandes comercios, pero con peores consecuencias porque se trata de libros, Amazon estruja a los proveedores (las editoriales), para vender más a menor precio; les cobra por colocar sus títulos en lugar visible; les pide además contribuciones a un “fondo para el desarrollo del marketing”.
 
Lo peor, según Foer, es que Amazon, al exigir a las editoriales que le sirvan libros a menor costo, va dejándolas sin margen para invertir en su primer cometido: descubrir autores, alentarles, financiarles. Amazon solo quiere vender más –lo que sea: le dan lo mismo libros que pañales–. Como dice la carta de Authors United a los consejeros de Amazon, “las editoriales tradicionales cumplen una misión vital en nuestra sociedad. Proporcionan capital riesgo para ideas. Adelantan dinero a los autores, y así les dan el tiempo y la libertad necesarios para escribir sus libros”.
Foer termina con una advertencia a los consumidores: precios más bajos no son una ventaja para los lectores si llevan a un descenso de la variedad y la calidad de los libros. Para evitarlo, añade, es necesario también que la ley impida las prácticas anticompetencia de los nuevos monopolios digitales como Amazon.
 
Los otros con posición dominante


No todo el mundo suscribe esos argumentos. ¿Posición dominante? Sí, la de Hachette y las otras grandes editoriales norteamericanas (HarperCollins, Macmillan, Penguin Random House y Simon & Schuster), dice Martin Shepard, fundador de la editora independiente The Permanent Press: entre las cinco tienen el 85% del mercado de libros para el público general. Su poder es evidente para quien quiera competir. “Las cadenas de librerías –explica Shepard– apenas aceptaban algún título nuestro y nos exigían mayores descuentos que a las cinco grandes”.
 
Ante esa situación, “Amazon es lo mejor que podría pedir una pequeña editorial independiente”, porque le permite competir en igualdad de condiciones. Devuelve el 1-2% de ejemplares, no hasta el 80%, como las grandes superficies; publica todas las reseñas que se hagan, sin discriminación; en la venta de libros electrónicos, da más dinero tanto al autor como a la editorial; paga a treinta días, cosa que ningún otro detallista hace, ni de lejos.
Y no todos los autores están unidos contra Amazon.

El Authors Guild así lo dice expresamente, y también critica a las editoriales por no dar a los autores una compensación justa por la venta de libros electrónicos. Frank Schaeffer, que se ha pasado a la autoedición electrónica con Amazon, dice: “Amazon me paga más por la venta de una copia de 3,99 dólares para Kindle que una editorial por la de un libro impreso de 26 dólares”. En efecto, Amazon se queda con el 30% de la venta de un libro electrónico, y si el autor se edita, se lleva el resto. Si el título es de una editorial, ella cobra el 45% y al autor le deja el 25%; Amazon propone que se repartan el 70% a partes iguales.
 

Schaeffer añade que a un autor como él, una editorial paga derechos una o dos veces al año, no sin retenerle una cantidad en resarcimiento por la posible devolución de ejemplares, según un cálculo que no está claro. En cambio, “Amazon paga mensualmente, y puedo ver por Internet en cualquier momento cuánto están produciendo mis libros”.
 
Menor precio, más lectores


Aunque da la impresión de que en esta disputa, cada parte ha procurado azuzar a sus autores contra la otra, las dos se declaran a favor de ellos. Y al igual que Hachette, Amazon también asegura estar por la creación y difusión de la cultura. En su comunicado público sostiene que la venta de libros digitales a diez dólares no destruirá la edición, como tampoco en el siglo pasado el libro de bolsillo, mucho más barato, hundió el mercado, sino lo expandió. No tiene justificación cobrar 15 o 20 dólares por un libro digital, afirma. En cambio, según los estudios que dice haber hecho, abaratar un libro electrónico de15 a 10 dólares provoca un aumento del 74% en las ventas. Por tanto, los lectores pagan un tercio menos, mientras el autor, la editorial y el vendedor ganan un 16% más.
 
Hoy los libros, añade Amazon, no compiten solo con otros libros. “Compiten contra videojuegos, televisión, películas, Facebook, blogs, noticias gratis en Internet y más cosas”. Para mantener sólidos hábitos de lectura, “hemos de asegurar que los libros son realmente competitivos frente a esos otros productos, lo que en buena parte consiste en procurar que sean menos caros”.
 
Aquí hay más de un Goliat


La controversia sigue viva, pero se diría que va ganando Amazon. El pasado 20 de octubre se supo que Amazon había llegado a un acuerdo con Simon & Schuster sobre la venta de libros, impresos y digitales, válido para varios años. No se ha dado a conocer las condiciones del contrato. La editorial solo ha dicho que es ventajoso para ella y para sus autores. Ha dado más que pensar una frase del comunicado de Amazon: “El acuerdo crea un incentivo financiero para que Simon & Schuster proporcione precios más bajos para los lectores”. La presión sobre Hachette se vuelve más intensa.
 
Es difícil para el observador dirimir la disputa. Pero al menos se puede concluir que no todo es blanco o negro. Desde luego, Amazon es un gigante enorme y poderoso. Pero las grandes editoriales son también gigantes, aunque menos corpulentos. Todas forman parte de conglomerados voluminosos: Hachette es del grupo Lagardère; Simon & Schuster, de CBS; Penguin Random House, de Berteslmann y Pearson; HarperCollins, de News Corp.; y Macmillan es una multinacional británica.
Así opina otro autor que ha logrado ganarse la vida gracias a la autoedición con Amazon: “¿Me pongo del lado de Amazon en esta disputa? No. Me inclino ligeramente por Hachette porque, a grandes rasgos, Hachette hace libros y Amazon da un servicio. Pero no es la historia de buenos y malos, de David contra Goliat que pretenden hacernos creer”.
 

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