Política

La gran pregunta

Roger L Simon, guionista y mandamás ejecutivo de Pajamas Media, tuvo lo que llamó “uno de esos raros momentos de simplicidad zen” mientras seguía el otro día un debate presidencial u otro. “Todo se reduce”, escribía, “a una pregunta simple:
¿Quién le gustaría que estuviera en la Casa Blanca si Pakistán cae frente a Al Qaeda y los islamistas se hacen con el control de su arsenal nuclear?

Mark Steyn

Responda a esa pregunta y tendrá a su candidato.


 


Bueno, tal vez. Pero me parece que un gran porcentaje del electorado se está planteando una pregunta simple distinta:


 


¿Quién le gustaría que estuviera en la Casa Blanca para hacer que desaparezcan todos los colegas que largan sobre Al-Qaeda, el arsenal nuclear de Pakistán y todo el galimatías incesante de la Alerta Naranja, guerra contra el terror?


 


Hillary, Obama y Edwards no podrían estar menos interesados en las armas nucleares paquistaníes. Ni la mitad de los candidatos Republicanos — las alas Ron Paul y Huckabee del partido. Y hasta el resto de los Republicanos — los denominados candidatos de la seguridad nacional — pueden parecer un tanto formales en todo el asunto. Esto no parece una temporada electoral tipo a quién quiere en el Despacho Oval cuando hay una nube con forma de seta sobre Cleveland. Pronto habrán pasado 7 años desde el 11 de Septiembre, 5 años desde la liberación de Irak. No hay más “bloques de la seguridad” ni “Demócratas del 11 de Septiembre“. Es igual de probable que su “blogger de la guerra” de 2001 esté denunciando a Halliburton por estar en contubernio con Hillary. O al menos esa parece ser la proyección de Andrew Sullivan en un artículo acerca de cómo la idea del “incremento” era dar un pretexto a las tropas norteamericanas para permanecer en Irak durante los próximos 100 años:


 


La clave de esta estrategia es la Restauración Clinton. Si la familia Bush puede hacer que otra dinastía se interese por la ocupación, el imperio se expande, mientras la República se vacía de significado. Con un trillón de dólares invertidos, esta provincia mesopotámica continuará acaparando 3 mil millones de dólares a la semana de lo que quede en las arcas… Si usted piensa que los Clinton se retirarán, probablemente piense que no tuvieron nada que ver con la porquería que ahora mismo cubre a Obama. En buena hora.


 


Entendido. Bill y Hill forman ya parte de la enorme conspiración de la derecha. Quizá siempre formaron parte. Quizá ello se remonte al acuerdo que el abuelo de Bush contrajo entre lucrativos contratos de guerra Nazi con el padre biológico de Clinton, Bill Blythe, antes de que el viajante se ahogara misteriosamente en esa zanja de saneamiento del New Deal, un suceso extrañamente simbólico que prefigura la propia tentativa de Bill de ahogar a Barack Obama en porquería neoBush-Clintoburtoniana.


 


De todas maneras, estas no son unas elecciones sobre la guerra, a menos que por “guerra” usted entienda cualquier dosis de cábalas BushHitler inventadas como pretexto para prolongar la Alerta Naranja de la seguridad nacional indefinidamente. John Podhoretz declaraba “el final de las vacaciones de la historia de las primarias” el día del asesinato de Benazir Bhutto, y “el retorno a la política exterior, la guerra contra el terror y la amenaza del Islamofascismo al centro de la campaña de 2008“. Pero la muerte de Miss Bhutto parece ya muy distante, y si la campaña de 2008 puso fin alguna vez a sus vacaciones de la historia, las reanudó en cuestión de horas.


 


Estoy de acuerdo en gran medida con Roger L Simon en materia de la importancia de Pakistán. Y si Al- Qaeda se hiciera con el poder y bombardease Des Moines con armas nucleares, ciertamente ello llamaría la atención hasta del ciudadano más desentendido. Reuters difundía el otro día una noticia acerca de la detención del grupo tras el ataque frustrado contra las instalaciones nucleares en la base Sarghoda de las fuerzas aéreas, en el Punjab central: a grandes rasgos, daba a conocer que la cédula almacenaba sus explosivos en la madraza local dirigida por un antiguo comandante del ejército paquistaní. Nada importante, nada a lo que nadie prestaría atención, apenas un día corriente para un “aliado” norteamericano clave. Así es como parece probable que siga: más células encabezadas por más altos funcionarios, más escuelas almacenando más explosivos, más licenciados de ese sistema escolar exportados a todo el mundo. Las cosas en Pakistán tenderán a ir como normalmente tienden a ir, a peor, pero de manera lo bastante gradual como para pasar completamente desapercibidas hasta que descubramos que el punto de inflexión fue hace un año y que estábamos demasiado ocupados discutiendo las prestaciones médicas de la tercera edad.


 


En ese sentido, las verdaderas “vacaciones de la historia” son lo que el escritor canadiense George Jonas llama “el vacío de 60 años“, el periodo comprendido entre la derrota británica de los turcos y la entrada de un ejército occidental en el corazón del mundo árabe en Jerusalén y Bagdad en 1917 y la caída del Shah de una “república islámica” seis décadas más tarde. Entre esas fechas, la larga lucha entre Islam y “cristiandad” pareció haber terminado, y todo desde “el proceso de paz palestino” a la Casa de Saud fue reformulado en los términos nacionalistas seculares más o menos convencionales propios de esa era. Todo el mundo que dirige una democracia occidental hoy nació en ese espacio de 60 años, y muchos aún están desposados con sus ilusiones. La radicalización del Islam y su considerable expansión por toda África, Asia y Europa forma parte de una antigua, larga y lenta lucha.


 


Pero las fuerzas graduales son las que las democracias tienen más dificultades en combatir. Es como el principio de Godzilla, con todos los expertos rodeando el cráter, incapaces de discernir lo que es, y solamente cuando la cámara toma el plano desde arriba vemos lo que ellos no pueden ver, que es una huella gigante. Por supuesto, con el tiempo Godzilla hace acto de aparición y empieza a aplastar automóviles por la Quinta Avenida abajo y el Flatiron. Y tal vez eso también suceda con los islamistas paquistaníes. O tal vez simplemente sigan siendo discretos y no llamen la atención y sigan siendo implacables y graduales mientras seguimos hablando de la seguridad social socializada durante otra temporada electoral o dos.

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