Una peculiaridad de la guerra española consiste en que no fue provocada ni ocasionada por un conflicto internacional.
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Viernes, 12 de junio 2026

Una peculiaridad de la guerra española consiste en que no fue provocada ni ocasionada por un conflicto internacional.
En la abundante bibliografía sobre la Guerra Civil española del pasado siglo (hubo otras cinco en el XIX), la última obra de Stanley Payne supone una aportación de especial interés. El historiador norteamericano escribió antes una docena de libros sobre la II República española, la Guerra Civil y los dos bandos. En este vierte las conclusiones de muchos años de estudio en un relato condensado, que es principalmente una historia política de la contienda. Presenta una interpretación bien fundada y ayuda a entender qué pasó y por qué. Parte de los datos pero se eleva con soltura a la visión de conjunto.
Se gestó durante años por una rivalidad ideológica creciente que acabó en una revolución y la respuesta contrarrevolucionaria. Frente a los partidarios del bando perdedor, que presentan la sublevación de 1936 como un golpe militar contra el poder legítimo, Payne muestra que, con la llegada del Frente Popular al gobierno, la II República dejó de ser democrática. La alianza izquierdista se propuso mantener por un tiempo el decorado parlamentario mientras iba instaurando un régimen del que quedaría totalmente excluida la derecha. La reacción del ejército era previsible, y los frentepopulistas más radicales, incluido el primer ministro Casares Quiroga, la provocaban y deseaban, por creer que sería rápidamente sofocada y daría pretexto para implantar más pronto el Estado revolucionario.
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