Los recientes resultados informados por Latinobarómetro sobre la imagen de los líderes latinoamericanos arrojan algunos datos que son dignos de mención, y de sorpresa. El caso más llamativo es el de Argentina, donde la imagen del presidente norteamericano George W. Bush es inéditamente baja, y donde su contrapeso de popularidad es encarnado por Hugo Chávez.
Editorial
Los recientes resultados informados por Latinobarómetro sobre la imagen de los líderes latinoamericanos arrojan algunos datos que son dignos de mención, y de sorpresa. El caso más llamativo es el de Argentina, donde la imagen del presidente norteamericano George W. Bush es inéditamente baja, y donde su contrapeso de popularidad es encarnado por Hugo Chávez. Bush tiene sólo el 1,9 de imagen positiva (en escala del 1 al 10), mientras que Chávez y Lula comparten un 5,6. En otros términos, la sociedad argentina aborrece al presidente norteamericano y admite a Hugo Chávez como una figura aprobada.
El contraste lo produce su vecino Chile donde las cosas parecen estar más claras. Aunque por escaso margen, Bush tiene mejor imagen que Chávez pero sin alcanzar a Lula que es, por lejos, el líder latinoamericano que mejor es considerado por las sociedades de la región. Posición contrapuesta a la de Castro que, a excepción de Argentina, Bolivia y algunos países centroamericanos, tiene una imagen mala o muy mala frente a la sociedad.
El otro caso que podría examinarse es Perú donde la imagen positiva del presidente norteamericano casi duplica a la de Chávez, aunque sin alcanzar el favorable puesto de Lula. Similar posición que la de Colombia donde Bush conserva un alto grado de aceptación coexistente con un claro rechazo a la figura del populista venezolano.
Honduras, El Salvador, Guatemala y República Dominicana son enclaves de alta popularidad del presidente Bush. Y dentro de estos países centroamericanos destaca Panamá donde, del 1 al 10, Bush registra un grado de aceptación de 7 puntos. Esta medición podría explicarse, según comentan diversos analistas, por el grado de influencia ejercida por la economía norteamericana sobre las posibilidades de progreso de esa área, y por la inocultable influencia cultural producida a través de una fuerte inserción de los medios de prensa y publicidad norteamericanos.
Pero lo más llamativo es, indudablemente, lo reflejado en Argentina. Aún con una de las mejores bases educativas del continente, la sociedad ha mostrado aceptación hacia la figura demagoga de Chávez, quien poco puede hacer por el país, y menos por el desarrollo de su pueblo. Un dato que seguramente preocupará a la parte sensata de la sociedad argentina y que debería preocupar, sino al gobierno (embarcado en la retórica populista) al menos a la oposición.
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