Pensamiento y Cultura, Política

La inmigración y el bienestar social, temas de seguridad nacional

“Piense en la última vez que subió a un avión, las colas en los pasillos, el tipo rebuscando algo en una bolsa en el compartimento superior, la mujer que por algún motivo quiere exprimirse en dirección contraria. Pero prenda el avión y todo eso desaparece. En situaciones extremas, casi todo el mundo quiere sobrevivir, y la mayoría de nosotros somos capaces de un alto grado de coordinación improvisada”.

Inmigración

 


 


Respondiendo al terrorismo islamista en Gran Bretaña y demás, Alemania está considerando la introducción de un día festivo musulmán. En palabras de Mathias Dopfner, jefe ejecutivo de Axel Springer: “Una fracción sustancial del gobierno de Alemania – y, si se han de creer las encuestas, del pueblo alemán – cree que crear un día de fiesta musulmana oficial del estado nos ahorrará de alguna manera la cólera de los fanáticos islamistas”.


 


Genial. Por lo menos los apaciguadores de los años 30 lo hicieron en su propio tiempo. Pero, al modificar el apaciguamiento con otro día más de vacaciones pagadas, la nueva propuesta logra aunar astutamente los peores instintos de la vieja Europa y de la nueva.


 


Por el contrario, considérese el dramático accidente de Air France en el Aeropuerto Internacional Pearson de Toronto la semana pasada, cuando un Airbus A-340 que llegaba patinó saliéndose de la pista contra una zanja. En televisión, todo era humo negro ondulando y explosiones ocasionales, y el agorero experto de la CNN decía que era una catástrofe “de baja probabilidad de supervivencia”. Pero las 309 personas salieron vivas.


 


Los relatos de los testigos varían: se dice de algunos que fueron presas del pánico, de otros que mantuvieron la calma. Se informaba por la policía que el copiloto había abandonado el avión y entrado a tientas en la Autopista 401, mientras que los motoristas que pasaban se hicieron a un lado de la carretera y corrieron hacia el avión en llamas para ayudar a cualquier superviviente. De las ocho salidas de emergencia, dos se juzgaron inseguras para utilizarse, y las aperturas de una tercera y una cuarta no funcionaron. Sin embargo, en una situación caótica, cientos de extraños se coordinaron lo suficiente como para evacuar un pequeño espacio a través de cuatro salidas en menos de un par de minutos antes de que el Airbus fuera consumido por las llamas. Los que no se fiaron de los sistemas de evacuación independientes de transeúntes locales fueron recogidos por autobuses del aeropuerto, en los que fueron retenidos después durante varias horas por su propia “seguridad”.


 


Siempre me impresionan tales historias. Piense en la última vez que subió a un avión, las colas en los pasillos, el tipo rebuscando algo en una bolsa en el compartimento superior, la mujer que por algún motivo quiere exprimirse en dirección contraria. Pero prenda el avión y todo eso desaparece. En situaciones extremas, casi todo el mundo quiere sobrevivir, y la mayoría de nosotros somos capaces de un alto grado de coordinación improvisada con quien quiera que haya cerca – lo que Baruch Fischhoff, de la Sociedad de Análisis de Riesgos, llama “coordinación social”.


 


El 11 de Septiembre, los pasajeros del vuelo 93 actuaron contra los terroristas más rápida y eficazmente que todos los acrónimos federales en pantalones de pinzas – la CIA, el FBI, la FAA y demás. El 7 de Julio, los viajeros de Londres se figuraron por sí mismos que el tercer circuito ya no funcionaba y que podrían escapar túnel abajo. Cuando el avión se estrella, cuando la bomba explota, cuando el tipo del asiento de al lado parece estar intentando prender su zapato con una cerilla, las formaciones ad hoc de ciudadanos ordinarios pueden actuar decisiva y eficazmente – sean franceses, británicos, americanos o canadienses.


 


Les lleva hasta ese punto en el que es difícil – como sugiere el Fin de Semana de Vacaciones Pagadas de Apaciguamiento Islamista Alemán. Hasta que la bomba explota, los ciudadanos en las democracias avanzadas están contentos en general de dejarlo a los profesionales de la clase dirigente – es decir, políticos, académicos, grupos de presión – hacia cuya aversión a trabajar, incompetencia, autoengaño y cosas peores tienen una tolerancia notablemente alta.


 


Un diputado británico puede aparecer en la televisión siria y berrear en un auditorio repleto de los fácilmente inflamables – “Dos de vuestras preciosas hijas están en manos de extranjeros – Jerusalén y Bagdad. Los extranjeros hacen a vuestras hijas lo que quieren. La violación de estas dos preciosos hijas árabes”, etc. – pero parece improbable que su electorado le pida cuentas llegado el día de las elecciones.


 


Si, tras los atentados de Londres, el Ministerio del Interior británico está lo bastante determinado a vender con engaño los carnés de identidad a la población general, los estoicos británicos probablemente harán muecas y sobrellevarán la introducción de otra burocracia esclerótica más que hasta el islamista más imbécil puede sortear.


 


La BBC llenó hasta los topes sin vergüenza la audiencia del estudio para su debate sobre el terrorismo con una cifra desproporcionada de musulmanes agraviados, pero la mayor parte de los espectadores aún continuarán abonando la tasa de licencia, alimentando voluntariamente la mano que les muerde a causa de la nostalgia residual de Dad´s Army, o Muffin el Burro o Two-Way Family Favourites. “La audiencia del estudio estaba compuesta de un abanico de personas”, explicaba Sue Inglish, la persona encargada por la bibisi, “particularmente de los más afectados por las cuestiones que estábamos debatiendo inmediatamente después de los atentados”.


 


Según el modo de ver las cosas de la BBC, los “más afectados” no son al parecer los objetivos de los atentados – el pueblo británico – sino solamente subdivisiones selectas de él. Al contrario, como grupo de identidad no aprobado, el pueblo británico carece de Sir Iqbal Sacranie para que intervenga a su favor con la corporación.


 


Un objetor consciente retendría con razón de sus impuestos el dinero necesario para financiar a los terroristas en el paro, a los diputados que animan a los enemigos de Gran Bretaña o a una cadena nacional que mina la identidad nacional. Pero dudo que muchos lo hagan. Se me ha preguntado un montón en las últimas semanas si “ganaremos nosotros esto” – y la respuesta, por supuesto, depende de a quién se refiera usted con “nosotros”.


 


No todos los estados miembros de lo que llamamos genéricamente “el Occidente” sobrevivirán a esta lucha existencial: en el Continente, la combinación de terrorismo, demografía, inmigración y bienestar social requeriría de un genio para bregar con ella, y no hay muchos a la vista, y pocas señales de que los nativos fueran receptivos con ellos. Preferirán la combinación de apaciguamiento de los enemigos y bienestar social en marcha para ellos mismos, tan agradablemente resumido en ese concepto de “Vacaciones Musulmanas Pagadas”. Para cuando estén listos para sus heroicidades de avión-ardiendo-en-la-autopista, será demasiado tarde.


 


Antes de ser nombrado caballero y presentado como el non plus ultra de los “musulmanes moderados”, Iqbal Sacranie sopesaba la fatwa contra Salman Rushdie y musitaba: “La muerte es quizá demasiado fácil”. No entiendo de eso, pero ciertamente el lento suicidio social es demasiado fácil. Como hemos visto estas últimas semanas, cada tema – inmigración, bienestar social – es ahora un tema de seguridad nacional. La cuestión es si los políticos tienen realmente la voluntad de hacer algo al respecto y, si no la tienen, cuánto tiempo los tolerará la gente.

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