Política

La matanza del Cáucaso y las islamización de Rusia

Mark Steyn

 


Del New York Times del jueves: ´´ Nalchik, Rusia — Los insurgentes iniciaron una serie de incursiones hoy en esta ciudad de Rusia meridional, atacando a gran escala el principal aeropuerto y varios edificios de la policía y de las fuerzas de seguridad, ataques a la luz del día que dejan al menos 85 muertos”.


 


¿”Insurgentes”, eh?


 


De la agencia France Presse:


 


“Nalchik, Rusia: Más de 60 personas perdieron la vida cuando grupos de militantes lanzaron ataques simultáneos contra edificios de la policía y el gobierno”.


 


¿”Militantes”, dice usted?


 


Del Scotsman:


 


“Las fuerzas rebeldes lucharon contra las tropas rusas por el control de una capital provincial del Cáucaso ayer”.


 


¿”Fuerzas rebeldes”, ah´?


 


Del Globe & Mail de Toronto:


 


“Nalchik, Rusia — Grupos rebeldes lanzaron ataques simultáneos contra edificios de la policía y el gobierno”.


 


“Rebeldes”, por goleada. Pero, ¿por qué se revelaban? ¿Sobre qué se insurreccionaban? Tenías que coger el rival del Globe & Mail, el Toronto Star, para leer exactamente el mismo despacho de Associated Press, pero con una diferencia sutil:


 


´´ Nalchik, Rusia — Grandes grupos de militantes islámicos lanzaron ataques simultáneos contra edificios de la policía y el gobierno…”


 


Ah, “militantes islámicos”. Así que por eso era por lo que los rebeldes se insurreccionaban. En el Hogwart[1] geopolítico, los “militantes” islámicos son el nuevo Voldemort[2], el enemigo cuyo nombre es mejor no pronunciar nunca. Haciendo justicia al New York Times, sí que utilizaron la palabra con –i en el séptimo párrafo. Y la agencia France Presse encontró la ocasión de mencionarlo en el párrafo 22. Y “All Things Considered[3] de la NPR[4] celebró una de esas entrevistas blandas entre una de sus imperturbables presentadoras y algún tipo académico geopolítico ruso con el que charlaron vagamente acerca de cualquier aspecto concebible de la situación, y finalmente encontraron la ocasión de revelar por encima de alguna manera la identidad de los autores materiales, en la última palabra de las últimas frases del experto geopolítico.


 


Cuando comenzaba el programa de la NPR, yo conducía por las vastas llanuras de la I-91 en Vermont y contaba, sólo para hacer interesante el viaje, añadir 5 millas a la velocidad por cada minuto que pasara sin mencionar el islam. Pero no pude hacer que la aguja superase los 130, y las vibraciones hicieron que el espejo retrovisor del copiloto se desprendiera. Y entonces, justo al final, habiendo llevado a cabo una entrevista perfecta que lograba profundizar enormemente en todo, a excepción de quiénes eran esos tíos y cuál era el motivo por el que estaban luchando, el tío académico ruso tuvo que llegar y echar todo por la borda diciendo algo estúpido como “repúblicas que son principalmente… musulmanas”. Masculló entre dientes la última palabra, pero no obstante, la tipa de la NPR interrumpió para agradecer su presencia y pasó discretamente a alguna encuesta que demuestra que los Demócratas van a barrer en las de mediados del 2006 porque Bush tiene las peores cifras desde que se inventaron los números.


 


Subestimé el multiculturalismo. Después del 11 de Septiembre, asumí que las contradicciones internas de la coalición del arco iris[5] quedarían en evidencia: que un culto a “la tolerancia” colapsaría finalmente frente a la demografía tan alegremente expuesta en su tolerancia. En lugar de eso, los “militantes” islámicos se han convertido en el escalón más alto de las piedades multiculturales. ¿Así que a usted no le molestan los gays o los nativos americanos? Vaya cosa. Cualquiera puede ser tolerante con el tolerante, pero la tolerancia hacia el intolerante proporciona un momento de excitación placentera aún más intenso a los masocas multiculti-. Y por lo tanto, los islamistas que asesinan a no musulmanes con vistas a objetivos explícitamente islámicos son maquillados hasta convertirse en “fuerzas rebeldes” vagas y genéricas. Usted no puede conocer a los jugadores sin una ficha de tanteo de los partidos jugados, y justamente es así como los medios occidentales se proponen mantenerlo. Si te despiertas una mañana y pones la televisión y ves el Empire State Building desmenuzándose en una polvareda, no te sorprendas si la cabecera de la noticia reza, “Fuerzas rebeldes militantes insurgentes atacaron hoy objetivos clave de Nueva York. En otras noticias, en el banquete anual de ramadán del Presidente se vieron famosos bailando hasta altas horas de la madrugada al ritmo de El Mulá Omar y su Orquesta Completamente Femenina“.


 


Lo sucedido en Rusia el jueves es un tema serio, no sólo por la cifra de muertos, sino por el número de instalaciones gubernamentales relevantes con las que los presuntos rebeldes militantes insurgentes de ideología no-específica lograron hacerse con relativa facilidad. Los insurgentes militantemente rebelantes sin afiliación religiosa conocida han dicho desde hace tiempo que quieren un estado islámico pan-caucásico desde el Mar Negro al Mar Caspio, y la carnicería que dejaron a su paso en la hasta ahora semia-segura-da provincia de Kabardino-Balkaria sugiere que es más probable que extiendan el conflicto a otras partes de la Federación Rusa de lo que es que Moscú vaya a contenerlos.


 


¿Vio usted esa noticia en el Stavropolsky Meridian[6] el pasado octubre? “Estroncio, uranio y plutonio descubiertos en tren con destino al Cáucaso”. Cuando una región ya clasificada como el Bud´s Discount Warehouse[7] del material nuclear se hunde más profundamente en las fauces del islamismo, ¿por qué ser tan vergonzoso a la hora de dejar que conozcamos las fuerzas en juego?


 


Los rusos no pudieron mantener Europa Oriental. No pudieron mantener Asia Central. ¿Por qué iban a salir mejor parados de la denominada “Federación” rusa actual? El país se está muriendo, literalmente. Ha tenido pérdidas de población anuales netas todos los años desde 1992, una de las tasas de fertilidad más bajas del mundo — 1,2 niños por cada mujer — y una de las tasas de aborto más altas: alrededor del 70 por ciento de los embarazos son interrumpidos. Los varones rusos tienen hoy una esperanza de vida inferior a los de Bangladesh — no porque Bangladesh esté rebosante de ventajas relativas a la esperanza de vida, sino porque, si tuviera cuatro patas y colgara de un árbol en un bosque tropical, el varón ruso se encontraría en la lista de especies en peligro de extinción.


 


Aún así, dentro de su actual territorio, continúa habiendo algunas excepciones a la severa estadística citada arriba, zonas de Rusia que conservan tasas de fertilidad saludables y tasas de mortalidad saludables. ¿Y sabe qué? Son las zonas musulmanas. O, como diría el New York Times / la NPR / la agencia France Presse / el Scotsman / el Toronto Globe & Mail, son las zonas militantes rebeldes insurgentes. Muchas de estas zonas musulmanas rusas — como Bashkortistán (y no, no me lo he inventado, es un -están real. Compruébelo en el World Book of Stans) — también son ricas en recursos naturales.


 


Si eres una república musulmana rica en recursos energéticos, ¿qué motivo tienes para hundirte en el vertedero express de la Federación Rusa? La islamización de zonas significativas de la Rusia actual va a ser un factor crítico en su propia espiral de fenecimiento.


 


Estoy al tanto de que el concepto mismo de “el enemigo” es ajeno a la mente multicultural sin-juicios: no son enemigos, sólo amigos cuyos agravios no hemos satisfecho aún. Pero la policía de la sensibilidad de los medios quiere aparentemente que esto sea la primera guerra que perdamos si ni siquiera saber frente a quién la hemos perdido. Venga tíos, la próxima vez que suceda algo en el Cáucaso, ¿por qué no echar la culpa a “los caucásicos”? Al menos, de ese modo, nos imaginaremos que habrán sido los compinches de extrema derecha de Timothy McVeigh[8].

© copyright Mark Steyn, 2005


 






[1] La escuela de brujería de la saga de Harry Potter.



[2] Lord Voldemort, el archivillano de la saga de Harry Potter, al que se alude sin nombrarle (“aquel cuyo nombre no debes decir”, “el innombrable”, etc.).



[3] Programa de debate americano, conocido por ser tan extraordinariamente benévolo con todo lo relativo al islam que algunos colectivos norteamericanos le acusan de hacer propaganda en favor de la conversión.



[4] La radio pública americana, que funciona con cierto parecido a la BBC.



[5] Melvin King, una organización creada en el área de Boston a principios de los 80, que acoge toda suerte de lemas socialistas tradicionales, como la justicia social o la lucha contra la pobreza mediante redistribuciones de riqueza. Aunque el grupo básicamente acabó implosionando por sí sólo, el reverendo Jesse Jackson lo tomó como modelo para su Coalición Nacional del Arco Iris, vinculada hoy al ala dura del Partido Demócrata.



[6] Periódico de la zona.



[7] Cadena de supermercados-ferretería.



[8] Timothy McVeigh, terrorista americano ejecutado por colocar la bomba que voló la fachada del edificio del FBI en Oklahoma el 19 de abril de 1995, matando a 149 adultos y 19 niños. Aunque tanto su defensa como él mismo y los medios citaban su presunto “conservadurismo radical” como origen del atentado, la investigación descubrió que Timothy McVeigh, junto con su cómplice Terry Nichols, tenían vínculos con el terrorismo islamista a través de Ramzi Youssef, el operativo de Al Qaeda que planeó el atentado contra el World Trade Center de 1993, y que habían mantenido una serie de reuniones previas al atentado en las Filipinas con el grupo terrorista islámico de las Brigadas de Abú Sayef.


 

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