Política

Las diferencias entre Europa y América: ¿Rimbaud o Rambo?

“¿Recuerda a Dominique de Villepin, el ministro de exteriores francés de pelo al viento magníficamente obstruccionista en los preparativos de la guerra de Irak? Es un poeta — un verdadero Rimbaud frente al Rambo de Bush. Bien, hoy es primer ministro y, en su primer gran discurso en el cargo, se tomó muchas molestias para garantizar a los votantes franceses que las contradicciones internas de una sociedad letárgica del bienestar cuidada en exceso”.

Relaciones Internacionales


La mayor parte de nosotros estamos familiarizados con las sutiles diferencias incluso entre culturas relativamente compatibles. Uno observa, por ejemplo, que lo que los americanos conocen como “The Hokey-Pokey[1] en Gran Bretaña se llama “The Hokey-Cokey[2]. En el momento en el que te imaginas de qué va la cosa, resulta que no has captado todos los matices[3].


 


Acostumbrado como estoy a estas variaciones lingüísticas, navegar por The Guardian el otro día y leer que la victoria electoral de Ángela Merkel convertiría a Alemania en “la vigésima nación de la UE de 25 naciones con un gobierno de centroderecha” me hizo detenerme en seco. 


 


Correcto: la UE — ya sabe, los EUnucos, los Euro-picajosos, los monos rendidos roedores de queso[4], etc — son “de centroderecha” en cuatro quintas partes. Hace una década, todos eran socialdemócratas tradicionalistas de centroizquierda. Pero habiendo adelantado su pie izquierdo, Europa puso su pie derecho al frente, clavó su pie derecho y se sacudió[5].


 


The Guardian está en lo cierto técnicamente. Por el momento, Europa está gobernada en gran medida por políticos “de la derecha”. Jacques Chirac, por ejemplo, es “conservador” en términos franceses. Vale, “conservador” es una designación elástica, y, en manos de los medios, queda a poca distancia generalmente del bando que se supone que no te debe gustar. Por lo tanto, George W. Bush es “conservador”, y también lo son los marxistas sin reformar del politburó chino, y los ayatolás más férreos. Pero incluso bajo esas expansivas normas de admisión, encuentro difícil enmarcar al Presidente Chirac en la definición. Si él es “centro-derecha”, es imposible asumir dónde estará el centro. Aún así, el hecho sigue siendo que la alienación trasatlántica de la era Bush ha tenido lugar durante un período de supuesta convergencia entre Washington y las cancillerías de Europa — resultado final de lo cual es que el aliado más cercano al presidente es el superviviente de centroizquierda Tony Blair.


 


Por ese motivo soy persuadido por esos Eurófilos de Washington que ponen sus esperanzas en un realineamiento euro-americano bajo Frau Merkel y el Nicolas Sarkozy de Francia. Las diferencias entre Europa y América son tan profundas que las etiquetas políticas simplemente se quedan en traducciones. ¿Sabe esas duchas en las que el más ligero meneo de la llave del grifo convierte el agua de congelada a hirviendo? La política europea corriente es lo contrario a eso. Puedes abrir la llave del todo de “izquierda” a “derecha”, y no supone ninguna diferencia.


 


Durante la última mitad de siglo, la política continental evolucionó hasta el punto en el que cualquier tema del que valiese la pena hablar era juzgado más allá de los márgenes de la sociedad educada. Austria era el ejemplo clásico: año sí, año también, ya votases al partido de centro izquierda o al partido de centro derecha, acababas con la misma coalición centro derecha / centro izquierda presidiendo lo que en esencia era un estado bipartito de partido único. En Francia, M. Chirac no es realmente tan “centro-derecha” como más ligeramente que nunca a la izquierda de la derecha de la izquierda del centro — e incluso esa distinción se aplica solamente cuando está junto a su ex primer ministro, el Lionel Jospin de la derecha de la izquierda de la derecha de la izquierda del centro. Aunque presuntamente de extremos opuestos del espectro político, acabaron compitiendo frente a frente en idénticas plataformas en las elecciones presidenciales del 2002, ambos apasionadamente comprometidos con los altos impuestos, alto paro y elevada tasa de criminalidad.


 


Los americanos hacen a menudo la misma crítica de su propio sistema — los “Republícratas“, etc. — pero confíe en mi, Estados Unidos tiene aún una política genuinamente responsable con más diversidad ideológica que ningún lado de la Europa occidental. En el Continente, los principales partidos Eurodí y Eurodá[6] están encajonados en una política de consenso que ya no es sostenible. La gente está cansada de determinados aspectos de este acuerdo de posguerra — paro crónico de dos cifras y la islamización de sus ciudades — pero no está dispuesta a abandonar sus programas sociales, sus cortas semanas laborales, largas vacaciones y empleos de por vida. Votan contra el consenso de centroizquierda, pero hay pocas señales de que estén deseando votar a cualquier medicina más fuerte que un modesto giro de tuerca al consenso de derecha de la izquierda de la derecha del centro.


 


¿Recuerda a Dominique de Villepin, el ministro de exteriores francés de pelo al viento magníficamente obstruccionista en los preparativos de la guerra de Irak? Es un poeta — un verdadero Rimbaud frente al Rambo de Bush. Bien, hoy es primer ministro y, en su primer gran discurso en el cargo, se tomó muchas molestias para garantizar a los votantes franceses que las contradicciones internas de una sociedad letárgica del bienestar cuidada en exceso podrían ser completamente resueltas mediante “el genio galo”:


 


En una democracia moderna, el debate no se da entre lo liberal y lo social, se da entre inmovilismo y acción. Solidaridad e iniciativa, protección y atrevimiento: ése es el genio francés“.


 


¡Oh-la-la! C´est magnifique, ¿n´est-ce pas? Todos esos sustantivos elegantes sólo esperan que un genio francés peinado con estilo dirija el curso apropiado entre los peligros de la solidaridad y la iniciativa, entre la protección y el atrevimiento, el inmovilismo y la acción, la inercia y el pánico, la despreocupación con estilo y los gestos sin sentido, sustantivos abstractos y disturbios callejeros, etc., etc. El electorado francés estaba de humor para escuchar algo acerca del crimen o el empleo. Pero para un hombre de letras con un peinado a lo Lord Byron, eso es demasiado aburrido y prosaico en comparación con un debate abierto entre solidaridad e iniciativa entrelazándose parsimoniosamente en el futuro.


 


El nuevo libro bien argumentado de Tony Blankley, La última oportunidad de Occidente, es entre otras cosas una sentida súplica a la clase política europea a que salga de la apatía antes de que la barca caiga por la catarata. No creo que estén preparados para hablar directamente a los votantes y no creo que los votantes estén listos para escucharlo. Paso adelante con su pie derecho, paso atrás con su pie izquierdo. Pero no comprenden aún que están a punto de ser agitados[7].


 
© copyright Mark Steyn, 2005


 






[1] Baile popular mnemotécnico de los años 50 en EEUU, parecido a Los Pajaritos.



[2] Nombre del baile en GB.



[3] Cockey suena como Cocky



[4] Literalmente cheese-eating surrender monkeys, descripción escocesa de los franceses como despectivo, retomada en Estados Unidos durante los preparativos de la segunda guerra del golfo.



[5] Los cuatro únicos pasos del baile de (1) y (2).



[6] Ritmo del baile.



[7] Compara los pasos del baile con los resultados electorales;

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