El mercado viene convalidando lo que venimos diciendo desde el inicio de la gestión Milei, esto es, que el país caerá en una fuerte recesión debido a las políticas contrarias al mercado, a la libertad social y económica, implementadas por la actual administración.
De modo que, quienes hicieron cálculos creyendo que el país crecería alrededor del 5% este año, no solo deben recalcular sus expectativas sino analizar seriamente a quienes les dieron estos pronósticos, porque lo han hecho sin base científica, es decir, con total falta de profesionalismo y/o dirigidos por intereses personales.
Por cierto, es aún menos serio argumentar que la tendencia cambió debido a las recientes elecciones y/o avatares políticos, porque esto significa que no creen en el mercado sino que la economía depende del Estado y sus avatares. En países con economías relativamente libres, las elecciones poco influyen en los vaivenes económicos.
A lo que ya dijimos en varias columnas anteriores, ahora se suma el presupuesto, hace poco presentado, que claramente va en contra de la actividad privada que es la única que produce con eficiencia. Ergo, la economía debería caer aún más, aunque, siempre, el veredicto final queda en manos del mercado.
El primer grave error -en el que caen casi todos los pronosticadores- es confundir aumento del IPC (calculado a capricho de cada uno, de hecho, el INDEC pronto cambiaría fuertemente la metodología) con inflación. Aumento de precios no necesariamente implica inflación y no necesariamente es una mala noticia. Inflación es la depreciación del signo monetario como consecuencia de un exceso de emisión.
En este sentido es interesante ver lo que ha publicado en X Oscar Grau: “Milei imprimió más dinero que todos los presidentes argentinos juntos desde 1990. Su ritmo de impresión es comparable al de Maduro en Venezuela… . Mientras que el ritmo de impresión «estable» de Paraguay tardó 15 años en cuadruplicar el M0, Milei lo hizo en menos de dos”.

Así, muchos tomaron como un gran éxito la baja en la tendencia alcista del IPC lo que no tiene mérito alguno ya que, en gran parte, se debe a la recesión, ergo, la baja en la demanda. Lo mismo que el déficit cero que, sin dudas, es un trauma que tiene Milei, un auténtico trauma. Para el mandatario el equilibrio fiscal es la única solución para los problemas de Argentina al punto que, solo por ello, el PIB crecería 5% anual, sin dar explicación alguna.
Fue un gravísimo error, y con una inercia imparable, el fuerte aumento de impuestos inicial de la era Milei. No solo los aumentó directamente como el PAIS, sino que produjo un fuerte “aumento encubierto” al quitar subsidios provocando una importante subida de tarifas, pero sin descontar los impuestos con los que se solventaban esos subsidios. A lo que hay que sumar la inflación que en aquel momento era muy importante.
El siguiente gráfico, publicado en X por Francisco Jueguen, muestra claramente el por qué de la recesión que, por cierto, no se debe “al gobierno anterior” como reza la típica muletilla de los políticos para esconder sus propios fracasos:

Las desregulaciones hasta ahora han sido pobrísimas en un país altamente encorsetado por fuertes regulaciones, empezando por los dos pilares del corporativismo argentino: los oligopolios sindical y bancario/financiero. En tanto que La “motosierra” es puro cuento, de hecho, se perdieron más trabajadores en el sector privado que en el público, o sea, que hoy hay más empleados públicos por cada privado que es lo que cuenta.


Pero veamos como pinta el futuro. Las proyecciones muy poco creíbles del Presupuesto 2026 son: “inflación” -suba del IPC, en rigor- del 10,1%, dólar a $1.423 para fin de año y crecimiento del PIB del 5%. Pero aun siendo benevolentes y partiendo de suponer que estas proyecciones son ciertas, el Presupuesto es inevitablemente destructivo de la economía, e incongruente.
Por cierto, cabe destacar el deterioro esperado para la balanza comercial de bienes y servicios, según el Presupuesto, en 2025 el «rojo» sería de -USD 2.447 millones, mientras que en 2026 pasaría a ser de -USD 5.751 millones y siguiendo. Pero el dólar “no está barato” según el gobierno.

Veamos, una administración que dice que achicará al Estado plantea, para 2026, que la recaudación de impuestos crecerá 22,5% nominal, lo que, descontada la “inflación” proyectada implica un crecimiento real del 12,4%. Si descontamos el supuesto crecimiento del PIB del 5%, la participación del Estado en la economía crecerá un 7,4%, en detrimento de la actividad privada.
O sea, el Estado se agranda, claramente. Ahora es insólito, altamente incongruente suponer que, si al sector privado que es el que produce con eficiencia, se le quita un 7,4% más, la economía crecerá. Simplemente no se entiende y no se llega a comprender cómo el gobierno lo justifica.
Por cierto, dos impuestos que subirán de manera notoria son los que gravan las Transferencias de Combustibles Líquidos y a las emisiones de dióxido de carbono. Estos van a crecer 71% nominal de $1,7 billones a $2,9 billones y el crecimiento real será del 55%. El resto del aumento de la recaudación se explicaría por “mejora de la actividad y de la administración tributaria”. Insólito.

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

















