Economía y Sociedad, Política

Live8: Su mensaje estaba tan confundido como su repertorio

“El sistema que les ha hecho ricos podría enriquecer a África. Pero el capitalismo es la única causa por la que estos presumidos nunca hablan. Los rockeros exigen que demos nuestro jodido dinero a dictadores africanos para que lo gestionen, mientras ellos se lo dan a Winthrop Stimson Putnam & Roberts para que lo gestionen. ¿Cuál de esos modelos tiene más sentido?”.

Desarrollo

 


 


 


“Hacer mofa de tales eventos”, advertía el The Sunday Telegraph a propósito del Live8, “degrada la generosidad que representan”.


 


Oh, cariño, Si no puedes hacer mofa de estrellas del rock en el Telegraph, ¿dónde se puede? Sin embargo, si bien no siento exactamente verdadero desprecio, sí que siento una mueca al estilo del primer Sir Cliff mostrando los colmillos, durante los momentos de presentación de las festividades del sábado, cuando Sir Paul McCartney salió al escenario.


 


No porque Sir Paul fuera mejor o peor que Sir Elton o Sir Bob, o cualquier otro miembro de la aristo-rock-cracia, sino porque me recordó porqué soy escéptico acerca de la “generosidad” que “representan” estos actos.


 


Hace siete años, recordarán ustedes, la espora de Sir Paul falleció de cáncer. Linda McCartney llevaba tres décadas siendo una residente del Reino Unido, pero sus abogados de Manhattan, Winthrop Stimson Putnam & Roberts, dedicaron considerables energías durante sus últimos meses de vida a establecer su derecho a que la legalización de su patrimonio se estableciese en el estado de Nueva York.


 


De ese modo, ella pudo montar una “sociedad marital doméstica cualificada” que… Yeah, yeah, yeah, en las inmortales palabras de Lennon y/o de McCartney. Gran cosa, dirá usted. Hablamos de la paz mundial y de salvar el planeta y de alimentar a África. ¿Cuál es la diferencia de establecer en qué jurisdicción archiva el aburrido papeleo un cabeza cuadrada?


 


Bien, acotaré la búsqueda. Al presentar la legalización del testamento en Nueva York en lugar de en el Reino Unido, Linda McCartney evitó el 40 por ciento de impuestos de herencia recaudados por el Gobierno de Su Majestad. De ese modo, su familia recibe el 100 por ciento entero – y el 100 por ciento del patrimonio de Linda McCartney no es algo que carezca de importancia.


 


A efectos comparativos, el concierto original Live Aid de Bob Geldof, en 1985, recaudó 50 millones de libras. El patrimonio de Lady McCartney se estimaba en 150 millones de libras. En otras palabras, de haber abonado su 40 por ciento en concepto de derechos de herencia, el Ministerio de Hacienda británico habría recaudado más dinero que Sir Bob con Bananarama y toda la panda en el Estadio de Wembley ese día.


 


Dado que ella disfrutaba de todas las bendiciones de la vida en estas islas desde 1968, Gordon Brown bien podría haberse sentido justificado para devolverle el sentido lema de Sir Bob en Wembley: “¡Dénos su jodido dinero!”. Pero ella no se lo dio. Ella se lo guardó. Y bien por ella. Sólo deseo que pudiera permitirme sus abogados.


 


No presumo saber lo que le pasaba por la cabeza, pero tal vez se figuró que por las causas que le preocupaban – el vegetarianismo, los derechos de los animales, lo usual – su dinero haría más bien si se quedaba en manos privadas en lugar de ser engullido de un trago por la gran boca succionadora de Hacienda, donde 60 millones de libras extra apenas suponen un chapoteo.


 


Y, mientras que uno puede preguntarse si Sir Paul (con su propia fortuna de 500 millones de libras) o la joven Stella necesitan realmente 15 millones extra o así cada uno, al final Linda McCartney tomó una decisión sabia al concluir que su patrimonio estaría mejor lejos de las manos del Sr. Brown, o incluso desviado a África, donde apenas habría sufragado los gastos de la ceremonia de desvirgamiento de la última esposa del Rey de Swazilandia.


 


Y ése es el motivo por el que la bonanza de Live8 estaba tan mal encaminada. Hace dos décadas, Sir Bob exigía al menos que le diéramos nuestro propio jodido dinero. En esta ocasión, todo lo que pedía era que nos uniéramos a él para intimidar a los monolitos del G8 para que nos dieran el jodido dinero de sus contribuyentes.


 


O en palabras de Dave Gilmour, de Pink Floyd: “Quiero hacer todo lo que pueda para persuadir a los líderes del G8 de que asuman grandes compromisos destinados al alivio de la pobreza y el incremento de la ayuda al Tercer Mundo. Es una locura que América dé un porcentaje tan ínfimo de su PIB a las naciones muertas de hambre”.


 


No, no lo es. No es más locura que Linda McCartney diera un porcentaje tan ínfimo de su patrimonio – es decir, el 0 por ciento – a Gordon Brown. Y, mientras que Gran Bretaña puede ser una república de Bananarama, aún no se ha ido al carajo del todo.


 


África es un lugar difícil de ayudar. Recibí una carta de un lector que trabaja con una pequeña organización de caridad canadiense en el oeste de África, el otro día. Adquirieron un todoterreno de 14 años de antigüedad para llevar comida y suministros a la escuela que gestionan en una aldea rural. Los funcionarios de aduanas exigen el pago de 8.000 dólares antes de dejarlo entrar al país.


 


Hay miles de incidentes como ese por todo África cada día de la semana. Pero, a lo largo de los eventos del fin de semana, Dave Gilmour y compañía estaban demasiado ocupados Rockanroleando Contra Bush como para reservar algunos momentos a Bailar Contra la Burocracia, o Aullar Contra la Corrupción, o Ulular Contra el Atraco. En su lugar, Madonna animó a la gente a “iniciar una revolución”. Como si África no hubiera tenido bastantes en los últimos 40 años.


 


Interpretemos que Sir Bob y Sir Bono están excepcionalmente bien informados y asesorados de los problemas de África. Porqué entonces no hicieron que el resto de los tipos se reunieran de antemano con gráficos, y diagramas de sectores, y chinchetas luminosas de colores brillantes, para que Sir Dave y Dame Madonna entendieran que el problema de África no es la falta de “ayuda”. La tragedia de Live8 es que su mensaje estaba tan confundido como su repertorio.


 


No me entienda mal. Me encantan los viejos rockeros – no por las canciones, que son horribles, sino por sus asuntos financieros, que son totalmente rockanroleantes. En 1997, David Bowie se convirtió en la primera estrella del pop en hacer una oferta de acciones sobre sí mismo. ¿Qué tal eso? “Acciones de clase A respaldadas por la realeza” sobre Bowie por valor de cincuenta millones de libras desaparecieron de la vista en cuestión de minutos después de que en Nueva York, Moody´s les concediera su codiciada graduación triple A.


 


Hace mucho, mucho tiempo, las estrellas del rock no eran tasadas por Moody´s, ellas eran moody (volubles) – se autodestruían, se ahogaban hasta morir en su propio vómito, esperaban morir antes de hacerse viejas. En su lugar, a juzgar por Sir Pete Townshend el sábado, se hicieron más caducas de lo que nadie se hizo nunca. Hoy, Paul McCartney es un empresario: posee los derechos de Annie y de Guys & Dolls. Estos revolucionarios de pega tienen sangre de capitalistas salvajes.


 


El sistema que les ha hecho ricos podría enriquecer a África. Pero el capitalismo es la única causa por la que estos presumidos nunca hablan. Los rockeros exigen que demos nuestro jodido dinero a dictadores africanos para que lo gestionen, mientras ellos se lo dan a Winthrop Stimson Putnam & Roberts para que lo gestionen. ¿Cuál de esos modelos tiene más sentido?


 
© copyright Mark Steyn, 2005


 

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