Política

Los Señores del Fogón

En el debate, latente la falta de credibilidad de un presidente debilitado ante la opinión pública por la fuerza de unos hechos sangrientos, así como el intento precocinado por darle la vuelta a eso sin que se note demasiado. Nada de retroceso inequívoco y de desandar el camino. Cómo ya es costumbre, se impuso el juego del frontón entre Zapatero, sus socios y el principal partido de la oposición, en una singular competición gastronómica.

José Miguel Alvarado

Bocadillos de autor, salsas reducidas, tapas de diseño, y platos variados para el nuevo siglo. Todo, en el Congreso Internacional de gastronomía que se celebra estos días en la capital de España, donde el título de una de las conferencias, “¿marketing o cocina?”, me sirve para enlazar con la intervención, ayer,  del  Presidente Zapatero en el Congreso de los diputados, a propósito de la lucha antiterrorista. 


En la despensa, cinco ingredientes para un guiso difícil: las conversaciones del Ministro del Interior con las fuerzas políticas parlamentarias; el comunicado de ETA reivindicando la autoría del atentado en la T-4 y algo más sobre sus ansías territoriales e independentistas;    las manifestaciones del sábado por la tarde y sus polémicas convocatorias;  las declaraciones del Presidente al diario EL País antes de rendir cuentas al Congreso; y, por último,  las nuevas revelaciones de la banda terrorista  publicadas por el diario Gara.


 


En el debate, latente la falta de credibilidad de un presidente debilitado ante la opinión pública por  la fuerza de unos hechos sangrientos, así como el intento precocinado por darle la vuelta a eso sin que se note demasiado. Nada de retroceso inequívoco y de desandar el camino. Cómo ya es costumbre, se impuso el  juego del frontón entre Zapatero, sus socios y el principal partido de la oposición, en una singular competición gastronómica.


 


Hubo, sin embargo, un mensaje, dictado entre líneas, del que, en mi opinión, habrá tomado nota ETA:  “Nunca habrá diálogo con violencia”. Hasta aquí sin novedad.  Lo nuevo vino cuando Zapatero dijo que mantiene su convicción de explorar “TODOS LOS CAMINOS POSIBLES” para acabar con la violencia y todo por no rectificar. 


 


Esa es la voluntad política y la actitud que diferencia a Zapatero del resto de los Presidentes democráticos españoles que fracasaron en intentos parecidos. Sobre esos intentos hay que mencionar que  no todos se llevaron a cabo con la misma receta y que hubo quien fue a negociar la rendición. Sólo eso.   


 


En conclusión, ETA ha roto las negociaciones, pero el gobierno del presidente socialista seguirá intentándolo cuando le convenga. Ese es el mensaje más claro que  escuchó el ciudadano del jefe del ejecutivo, junto con el de la necesaria unidad democrática frente a la violencia.


 


En ningún momento se oyó en la Cámara: “El gobierno que presido no volverá a negociar con ETA”. O tampoco: el  fin de la violencia pasa por la rendición de ETA y la entrega incondicional de las armas.     


 


Y donde las dan las toman. Zapatero se creció para llamar hipócrita y desleal al jefe de la oposición,  porque éste, previamente, le había llamado “imprudente” y “jactancioso”, entre otras cosas.


 


A partir de ahí,  Rajoy hubo de aguantar un surtidor de ácidas y gruesas recriminaciones del señor Zapatero, quien no dejo pasar ninguna de sus salidas a escena para dejar constancia del antagonismo democrático entre el PP y el resto de las fuerzas parlamentarias,  por la supuesta falta de lealtad y apoyo de los primeros. Habrá que definir lealtad, pero es indiscutible que siempre se han quejado los débiles, nunca los fuertes (La rueda chillona. Esopo).


 


Y es que, junto a esa particular forma que el Presidente Zapatero tiene para hacer borrón y cuenta nueva con el PP,  Rajoy  le pone del hígado porque no hay quien le saque de sus trece y porque no está por la labor,  ni “apretando los dientes”.  Antes, Zapatero deberá demostrar con algo más que con palabras huecas, estar dispuesto a rectificar,  porque en la actual situación, “apoyarle es un suicidio”. Y lo es, por todo lo que está detrás.   


 


En conclusión, Rajoy, con su habitual diplomacia, le cantó las cuarenta a su manera (siempre a la manera suya) sin antiácidos y sin pasarle por alto ninguno de los últimos hechos acaecidos que no le pareciera fundamental. A Zapatero, eso  le sentó muy mal.


 


No pidió mucho Rajoy. Simplemente  la revocación de la resolución que facultó al ejecutivo socialista a negociar con una ETA que mata pese a una tregua permanente; y  la vuelta de los socialistas al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, a cuyo estricto cumplimiento se comprometió ZP en el programa electoral del dos mil cuatro.        


 


Salvo ese rife-rafe, no menor,  el presidente Zapatero trató de salvar la cara con el apoyo de sus socios nacionalistas y dar la vuelta al aire a “una tortilla paisana” o una ensaladilla nacionalista a la rusa mal hecha, como evidencian los asesinatos de ETA.   


 


En resumen, más allá del enconado enfrentamiento con el líder de la oposición, el presidente de todos los españoles se presentó en la cámara como si el desprecio, el ataque y el pulso al Estado de Derecho y a los derechos individuales de la persona,  propinado por ETA, no fuera con él,  ni con su partido, ni con su política.      


 


Y lo hizo con la convocatoria de la comisión de seguimiento del pacto por las Libertades y contra el Terrorismo y la propuesta de un gran pacto nacional que dará cabida a partidos parlamentarios, instituciones, y representantes sociales y cívicos, entre ellos  de la emigración. Porque estamos en una nueva situación.


 


Hábilmente cocinado por el Ministro Rubalcaba para revitalizar la imagen del presidente socialista, me pregunto si dicho pacto pasará a la historia como otro de esos “papelitos” que tanto le gustan a la Vicepresidenta,  pero no contará con el apoyo del principal partido de la oposición (al que, junto a UPN, ETA en el comunicado de hace días,  pide que el ejecutivo aísle) mientras no haya, por parte de Zapatero  más que lo dicho y hecho hasta ahora.  


 


Así se escribe la historia. Por  dónde se mire, en el fogón se ha puesto a hervir un nuevo plato de la nueva cocina socialista española del nuevo siglo: el  de la política antiterrorista entre el  gobierno y las minorías.  


 


Sería deseable que dicho desaguisado no acabe en un revuelto de aúpa o cómo dije en mi anterior artículo que el Lobo no acabe comiéndose al cordero, porque “cuando los lobos se empeñan en tener razón, los corderos nunca la tienen” y eso también lo dijo Esopo, quien ( hay que tenerlo en cuenta) conoció la esclavitud de cerca.

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