La Unión Africana (UA), que se ha reunido durante los últimos días en Sharm el Sheij, le pidió al dictador de Zimbabue, Robert Mugabe, que incluyese a la oposición en su Gobierno. Mugabe ha dicho que todo dependerá de las negociaciones con el líder opositor, Morgan Tsvangirai.
Tal y como ha pedido la Unión Africana
“Estamos dispuestos a dialogar, no sólo con Tsvangirai sino con otros partidos”, afirmó a Reuters el ministro de Información, Sikhanyiso Ndlovu.
A diferencia de la semana pasada, cuando prometió que hablaría con la oposición después de las elecciones que se celebraron el viernes, ahora Mugabe parece dispuesto a tratar temas concretos como la incorporación de su partido rival, el Movimiento para el Cambio Democrático, al gobierno que presidirá después de su investidura.
Un elemento que podría indicar el relajamiento de las tensiones en Zimbabue podría ser que Morgan Tsvangirai ha abandonado la embajada holandesa donde había pedido asilo político y, a esta hora, se encuentra en su domicilio de Harare.
Mugabe ha podido cambiar de opinión después de las presiones de los últimos días. Para empezar, la ONU, con el apoyo de Sudáfrica, consideró “ilegítimas” e “injustas” las elecciones a las que sólo se presentaba él. Después, Nelson Mandela pidió al gobierno de su país, el aliado más importante de Mugabe en la región, que le retirara su apoyo al tirano. Llegaron finalmente las amenazas de sanciones comerciales unilaterales por parte de Estados Unidos y la intervención de la Unión Africana, que es una organización internacional de la que son miembros todos los países africanos a excepción de Marruecos.
Según los expertos consultados por Diario Exterior, la pérdida del respaldo sudafricano podría haber sido la gota que colmó el vaso. Zimbabue tiene una intensa relación comercial con Pretoria y Mugabe se había convertido en un aliado de referencia en la región, en parte porque las empresas sudafricanas disfrutaban de un estatus privilegiado a la hora de explotar los yacimientos de oro, platino y uranio. A pesar del relativo consenso que ha provocado entre las principales potencias el caso de Mugabe, ningún organismo multinacional se ha atrevido a exigirle que le ceda el Gobierno al líder de la oposición, Morgan Tsvangirai, después de que éste ganase unas elecciones para las que no había prevista una segunda vuelta.
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