Mark Steyn
Del Washington Times: “El Senado votó ayer a favor de permitir a los extranjeros ilegales cobrar prestaciones de la Seguridad Social basadas en anteriores empleos ilegales”.
Bien, creo que es el tipo de paquete moderado de compromiso “reforma exhaustiva de la inmigración” que todos los americanos pueden apoyar, ¿no?
Algunos Republicanos tacaños extremistas de la Cámara habían propuesto que los extranjeros ilegales sólo percibieran el 75% de los beneficios al que tienen ilegalmente derecho por haber violado la ley.
Por otra parte, el Presidente Bush había propuesto que los extranjeros ilegales pudieran también cobrar prestaciones de la Seguridad Social por cualquier trabajo que hubieran desempeñado en México (asumiendo, por el bien del argumento, que haya algún trabajo a desempeñar en México).
Por otra parte, el Senador Trent Lott (R-Miss.) y el Senador Ted Stevens (R-Alaska) habían añadido reservas a la ley proponiendo que la familia de Mohamed Atta tuviera derecho a recibir prestaciones de supervivencia más una pensión de piloto de American Airlines basada en el empleo ilegal anterior pilotando aviones sobre el corredor noroeste la mañana del martes de finales del 2001.
Afortunadamente, el mayor organismo deliberador del mundo fue capaz de ponerse deacuerdo en este sensato compromiso moderado.
Mientras tanto, de Associated Press:
“México advirtió el martes que presentaría denuncias en tribunales norteamericanos si tropas de la Guardia Nacional norteamericana detenían a inmigrantes en la frontera“.
¿Sobre qué base? ¿Posse Comitatus? ¿Es inconstitucional utilizar al ejército norteamericano contra nacionales extranjeros antes de que hayan tenido oportunidad de irrumpir en el país y convertirse en buenos miembros destacados de la comunidad indocumentada americana?
¿O está tomando México a medidas legales con el argumento general de que en América, ahora es ilegal implementar la ley? Lo que, teniendo en cuenta esa propuesta de ley del Senado, no es una suposición irracional.
Lo que sea. Bajo la nueva ley “exhaustiva reforma de la inmigración” (¿Posse Cómo Estás?), una agrupación de Guardias Nacionales será estacionada en el desierto de Arizona, pero sólo si reaccionarios de Wal-Mart escoltan a los miembros de la comunidad ilegal americana a la oficina de la Seguridad Social más próxima para darse de alta con el fin de obtener prestaciones que se remontan a 1973.
Mientras tanto, el Senador John McCain, en la contribución McCainiaca quintaesencial al debate, negaba furiosamente que la legislación del Senado fuera “una amnistía”. “Llámela plátano si quiere“, decía a sus socios deliberadores más grandes del mundo. “Llamar amnistía al proceso exigido bajo esta legislación francamente distorsiona el debate y es una interpretación injusta de él“.
Tiene razón. Técnicamente, una “amnistía” sólo implica el perdón a una persona por un crimen, en lugar de lo que hace esta legislación moderada de compromiso, perdonarle por un crimen y también entregarle beneficios económicos por cometerlo. De hecho, habiendo peinado mi Webster´s, parece no haber una palabra que cubra lo que está proponiendo el Senado, no habiéndosele ocurrido nunca previamente a ninguna sociedad en el curso de la historia de la humanidad. Si como McCain dice, deberíamos llamarla un plátano en singular, su plural es ciertamente locura.
El Senador plantea una idea interesante. En los Analectos de Confucio, hay un momento en el que Zi-lu se presenta y dice, “Señor, el Príncipe de Wei le espera para llevar a cabo sus asuntos de estado. ¿Qué haría primero?” Y Confucio dice, “Tiene que ser la rectificación de caracteres”. Por “caracteres”, no se refiere a adorables personajes como Arlen Specter o Trent Lott, sino a “personajes” en el sentido del lenguaje chino — léase palabras. Confucio quiere decir que, si las palabras que utilizas no son las correctas, conducir la política pública se convierte en un imposible. Si utiliza mal el lenguaje, su legislación será falsa — o, en palabras de Confucio, tus “torturas y penalidades simplemente no funcionarán”. Cuando “la tortura y la pena” por violar la ley norteamericana a lo largo de muchos años es que recibes un gran cheque del gobierno americano, se diría que es una confirmación casi de parodia de la idea de Confucio.
Esto no es un tema de “inmigración”. “Inmigración” es cuando vas a una oficina del gobierno americano y hay cientos de personas rellenando papeleo para vivir en América, y hay un par de eslovacos, un par de bangladeshis, un par de Nueva Zelanda, un par de Botswana, un par de aquí, un par de allí. La asimilación no se pone en duda porque, si eres el único eslovaco de Des Moines, permanecer sin asimilar es extremadamente difícil.
Esto no es un tema de “inmigración ilegal”. Eso es cuando uno de los eslovacos o los de botswana se cansa de esperar en filas durante doce años y entra de todos modos, y vive y trabaja aquí y no paga ningún impuesto, de modo que el dinero que ganaba se dispersa por el supermercado del vecindario y la gasolinera y el bar de topless y el resto de la economía local, en lugar de entregarse a Trent y Arlen y compañía para arrojarse a la gran máquina succionadora del presupuesto federal.
Pero una “clase de trabajadores” extraída sobre todo de una jurisdicción vecina con otro lenguaje y reclamaciones antidiluvianas sobre tu territorio y cuyas personas envían hoy tanto dinero a casa en forma de “transferencias externas” que son la principal fuente de divisa extranjera de México (mayor que el turismo o el petróleo) no es “inmigración” en absoluto, sino un enorme experimento de transformación social. En la práctica, teniendo en cuenta el historial internacional de sociedades bilingües y jurisdicciones vecinas con reclamaciones territoriales, no es tanto un experimento como una apuesta segura por la inestabilidad política.
Según algunas cifras, hasta el 5% de la población norteamericana es hoy “indocumentada”. ¿Por qué? En parte porque el sector empresarial americano está tan sobre-regulado que existe una lógica económica tajante en el contratista de ilegales. En esencia, un porcentaje de la economía americana se ha separado de la Unión. Pero, incluso si usted logra re-anexionarlo, un “trabajador invitado” a gran escala sacado exclusivamente de una demografía particular ha sido la receta para el desastre en cualquier parte que se ha intentado. Fiji, por ejemplo, comprende fijianos nativos e hindúes étnicos metidos como trabajadores con contrato por los británicos. Si la memoria no me falla, actualmente el 46,2% son fijianos nativos y el 48,6% son indo-fijianos. En 1987 el primer gobierno de mayoría hindú llegaba al poder. Un mes después, el Coronel Sitiveni Rabuka encabezaba el primero de sus dos golpes de estado.
No se preocupe, no estoy prediciendo ningún golpe de estado aún. Pero, incluso en sociedades biculturales relativamente pacíficas, la política pasa a ser tribal: leales vs. nacionalistas en el norte de Irlanda, separatistas vs. federalistas en Quebec.
En ocasiones, las diferencias son enormes — como entre, digamos, inconscientes bisexuales holandeses a los que les da igual pescado que marisco y que intercambian parejas, e inmigrantes musulmanes de los Países Bajos anti-gay, anti-drogas, anti-prostitución. Pero las diferencias en ocasiones pueden ser comparativamente modestas y aún así desestabilizadores. Señalando que América posee una población hispana en rápido crecimiento y una población no hispana que envejece, Bob Samuelson, del Washington Post, escribía que “afrontamos un futuro de conflicto económico y político innecesariamente elevado”.
Las palabras clave son “innecesariamente elevado”. En Europa, la clase política sembró las semillas del descontento social masivo a cambio de los motivos de miras más estrechas. Si la clase política de América quiere hacer lo mismo, al menos debería tener la integridad de debatir el tema en términos honestos.