Las autoridades anunciaron ayer a los residentes que podrían volver a sus casas a partir de mañana. En las calles, los profesionales de la limpieza, con rastrillos y escobas, intentan borrar la huella del huracán “Gustav”.
La mayoría regresará a partir de mañana
Los desagües y alcantarillas han empezado a aliviar la presión que estaba ejerciendo el agua, empujada por “Gustav” contra los diques que se construyeron tras la embestida del “Katrina” en 2005. Éste era el mayor peligro de un huracán que llegó sólo con la categoría 2 cuando se esperaba que alcanzase la 4.
“Fue precisamente la destrucción de los diques lo que hizo que Nueva Orleáns viera cómo se hundían sus calles bajo el agua del océano y no, directamente, las fuertes corrientes del “Katrina“”, aclara un experto a Diario Exterior.
Los diques de Nueva Orleáns sufrieron daños menores, pero no se rompieron. El agua fluyó por encima de los muros de contención y salió a chorros a través de grietas y agujeros, provocando que varios centímetros se acumularan en las calles de los alrededores. “Parece que los diques, las paredes de contención, han mantenido su integridad estructural”, dijo el gobernador de Luisiana Bobby Jindal.
Los precios del petróleo han ido reduciéndose conforme “Gustav” demostraba que su fuerza no sería suficiente para derribar o provocar grietas en las plataformas petrolíferas y de gas del Golfo de México. El “oro negro” cuesta, en estos momentos, lo mismo que hace cinco meses.
A pesar de que los vecinos han empezado a regresa, las autoridades no recomiendan hacerlo hasta el jueves. En estos momentos, muchas casas no tienen electricidad y el personal de los hospitales parece demasiado reducido para atender a la población habitual de Nueva Orleáns.
El orden público ha podido mantenerse con el toque de queda que impuso el alcalde al atardecer y la advertencia de que cualquier sospechoso del robo de una vivienda sería arrestado y encarcelado sin cargos durante un período máximo de siete días. Las fuerzas de seguridad sólo han detenido a dos personas después de que la evacuación comenzase.
Las labores de limpieza y rehabilitación de la ciudad son sobre todo una labor de los hispanos que viven en la región y, por eso, los vecinos han empezado a llamarles “ángeles hispanos” y se consideran en deuda con quien les está proporcionando lo que necesitan para volver por carretera a sus casas y resolver los desperfectos graves de sus viviendas.
Las cifras demuestran que “Gustav” en contra de muchas previsiones no ha sido un nuevo “Katrina”. Han muerto 2 personas frente a las 1.000 que fallecieron en 2005 y lo único que se ha inundado en la ciudad han sido los garajes y algunos comercios y pisos a pié de calle, mientras que hace tres años hubo que alojar barrios enteros y devastados por el huracán en cientos de casas provisionales y móviles.
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