En la antigua Roma, los emperadores sabían que debían tener a la plebe contenta, para evitar motines, alborotos, desórdenes,… Para eso, cabían dos salidas: una, atender sus demandas, trabajar por el bien común, etc y otra, entretenerles. La solución más fácil y socorrida era, obviamente, la segunda.
Algo de eso han aprendido nuestros políticos cuando, con la cantidad de tareas que tenemos por delante, nos venden a bombo y platillo un partido de fútbol, que es capaz de paralizar una nación entera. ¿Cómo es posible que el fútbol levante más interés (y más pasiones) que cualquier tema político de actualidad, sea a nivel local, regional, nacional o internacional?
En realidad, a nadie se le escapa que es un medio más de evasión, de ocio. El fútbol no es malo en sí. Además, de vez en cuando es bueno olvidarse de los problemas y echar a volar las ilusiones propias y, si se puede, en camaradería con otros. Nada hay de malo en celebrar fiestas y festejos de vez en cuando.
Pero ya me gustaría a mí que nos tomásemos así de en serio el buscar posibles soluciones a los problemas reales que tenemos delante todos los días. Y sin embargo, tenemos todos los días el deporte rey en nuestras pantallas, de forma que es prácticamente imposible vivir en este mundo sin haber oído al final del día algo acerca de él, o de haber visto algo en la TV,… Quien más quien menos, sabe que el mundial acaba el 9 de julio, o que España ha ganado todos los partidos, o el lío de Ronaldo con la báscula,… Quien más quien menos enciende la radio o la TV, o compra algún periódico interesándose por las noticias deportivas (en España, los diarios más vendidos son los deportivos). Pero, ¿quién se atreve a comprar un periódico buscando interesarse por la política, por las cuestiones que modifican la vida de los ciudadanos?
Se nos ha vuelto ese mundo, el mundo de la política, un mundo oscuro y complejo. Por eso lo hemos dejado en manos de profesionales. Que hagan lo que quieran. Ese es su trabajo. Para eso les pagamos. A nosotros nos gusta que nos den todo hecho, todo solucionado. Y si no lo solucionan, tampoco pasa nada; si acaso nos quejamos, pero poco.
Este es un fenómeno muy común en las democracias occidentales: la desafección por la política. Lo cual no quiere decir que no nos interesen los temas sociales, o que, por naturaleza, seamos individualistas y nos guste a ir a cada por nuestro lado y no involucrarnos en un proyecto común. Eso sí nos gusta. Ahí, en el mundo deportivo, tenemos varias muestras: cuando un equipo gana la Copa de la Liga de Campeones o la del Mundo, cuando un chico gana un torneo prestigiosísimo de tenis,… Todos nos alegramos con otras personas que no conocemos personalmente; nos regocijamos de sus triunfos cuando a nosotros ni nos van a pagar ni nos van a dar nada por haber ganado;…
No podemos negar que somos seres sociales. Pero lo que no podemos permitir es que esa capacidad que tenemos, la utilicemos sólo para animar a España cuando juega un mundial. La debemos emplear para buscar soluciones con nuestros vecinos, para disfrutar juntos del campo, para discutir juntos una película que veamos juntos,… No podemos permitir que esa capacidad de construir una sociedad la invirtamos en compartir una alegría que dura unas horas, pero no crea lazos estables de relación, no genera vínculos profundos de participación…
No caigamos en el pan y circo. Creemos sociedad civil… no sólo con el fútbol.