Política

Repercusiones de la muerte de Al Zarqawi

Antonio Alonso Marcos
A todos nos sorprendió la noticia la mañana del jueves pasado, 8 de junio de 2006. La muerte de Fadel Nasal Al Khalayeh, que tras su paso por la “lavadora” yihadista se convirtió en Abu Musab Al Zarqawi, es una de las noticias más importantes del año.

En torno a su fallecimiento cabe hacer una serie de consideraciones.

En primer lugar, la forma en que murió. Quizás no sea importante para la inmensa mayoría de la gente, pues lo importante para todos los líderes occidentales (todos) es que ha sido eliminado del mapa. Si ha sido gracias a un bombardeo aéreo, dentro de una espectacular operación militar con ayuda de la inteligencia estadounidense (por supuesto) y jordana, y no fruto de una emboscada en la que se le ha intentado capturar vivo para sentarle delante de un juez,… eso parece importar a poca gente. Pero probablemente este sea uno de los puntos más interesantes, sobre todo a la hora de medir la opinión pública (que a veces no es sólo el termómetro que mide la reacción de la ciudadanía ante una decisión de un Gobierno sino que puede convertirse en su “dictador” ya que le dice al político qué decisión debe tomar).

Si la opinión pública general admite sin más que era un asesino de tal calibre que mereció la muerte que tuvo sin juicio previo, se le deben estar pasando al Sr. Bush varias cosas por la cabeza, tales como “Quizás deberíamos haber hecho lo mismo con Sadam; el juicio se está prolongando demasiado”; otra cosa que debe estar pensando es “No nos molestaremos en coger vivo a Bin Laden”.

Sin embargo, si la misma opinión pública hubiera rechazado la forma en que ha sido ejecutado el hombre cuya cabeza valía 25 millones de dólares, esto tampoco habría supuesto un grave deterioro para la imagen de Bush, sobre todo después de la aparición de nuevos casos de “irregularidades” (con civiles de por medio) de las tropas estadounidenses en Haditha, ya que más bajo no se podía caer. Muy al contrario, esto ha supuesto un balón de oxígeno para el Presidente de los EE.UU., que ve estos días un poco más respaldada la presencia norteamericana lejos del suelo patrio.

Al parecer, empezando por el Secretario General de la ONU, Kofi Anan, todos se han felicitado por la noticia, nadie ha señalado el hecho de que haya sido ejecutado de esa manera, sin un juicio justo, sin defensa,… ¿Se puede alegar que “esto es la guerra y en una guerra la gente muere así”? No. En una guerra la gente muere en el campo de batalla, bando contra bando. Al menos en las guerras convencionales. Pero obviamente esto no es una guerra convencional. La situación en Irak no puede ser calificada así.

Se le llame terrorismo, insurgencia o resistencia, el otro bando (el contrario a la coalición internacional e irakí) no es un ejército regular; ni siquiera se le puede considerar una milicia o movimiento de liberación nacional (que tendría un status diferente con un tratamiento distinto en derecho internacional público). Nos encontramos entonces ante la pregunta: ¿con qué medios se puede combatir a este “bando fantasma”?

¿Quién tiene legitimidad internacional suficiente, autoridad moral suficiente, para decir cómo librar esta guerra? Si fuera una guerra convencional (que incluye no sólo la que se da entre los ejércitos de dos o más países, sino la que se da entre dos bandos claramente diferenciados, nítidamente identificados), se regiría por el Derecho Internacional Humanitario. Pero al no haber dos bandos, estamos ante un gran vacío legal, vacío aprovechado por la Administración Bush para dirigir esta guerra a modo suo, lo cual incluye un tratamiento diferente a los “presos”, a los “combatientes”, e incluso a los heridos.

Parece ser que lo que prima no es la legalidad, el respeto a unos valores, a unos principios, sino el pragmatismo, pero, además, un pragmatismo a corto plazo, que no se preocupa de si esta forma de actuar (Abu Grahib, Haditha, Guantánamo,…) afectará negativamente en la consecución del dignísimo objetivo de promover la democracia y el respeto de los Derechos Humanos en todo el mundo. Este tipo de actuaciones hace que EE.UU. sea un actor menos creíble cuando habla de las bondades de los principios occidentales. Este tipo de operaciones le desacreditan.

La forma en que ha sido ejecutado Al Zarqawi pone en primera línea el importantísimo papel que desempeñan en esta guerra los servicios de inteligencia, los espías. El 90 % del éxito de la operación se debe a la recogida de información (que indicaban que había una reunión importante de Al Qaeda con presencia de los cabezas de la red en Irak, entre ellos Al Zarqawi), infiltración de agentes, de personal (fuera propio o pagado por los servicios de inteligencia). Sólo el 10% se debe a la precisión y ferocidad de los bombardeos aéreos.

Nos guste más o menos, nos cause más o menos escrúpulos, esa es la clave para descabezar a este grupo terrorista tan difuso. Para decirlo claramente: sólo se podrá acabar con Bin Laden si alguien de su entorno le traiciona y le vende a la coalición internacional. Esto parecía difícil en el caso de Al Zarqawi (aunque no tanto, como demostró el hecho de haber sido seriamente herido hace pocos meses) y sin embargo al final se ha logrado. En el caso de Bin Laden… parece mucho más difícil, por su valor iconográfico, como explicaré a continuación.

En segundo lugar, debemos pensar qué significado puede tener la muerte de Al Zarqawi para el grupo terrorista que lideraba. Unos dirán que es una importante victoria de EE.UU. sobre Al Qaeda, otros podrán decir que tampoco es para tanto pues hay miles de “Al Zarqawis” sólo en Irak y otros tantos en Occidente (en llamadas células durmientes) dispuestos a perpetrar tantos crímenes como él o más.

Es, sin lugar a dudas, un duro golpe para la organización terrorista. Han perdido no sólo al comandante, al estratega que planeaba los ataques y organizaba la resistencia, sino que han perdido un icono viviente de que se puede vencer al “Gran Satán”, léase EE.UU.

El efecto se les puede volver en contra a los estadounidenses al haberle convertido en un mártir, reforzando un carisma que puede ser administrado no ya por él (obviamente) sino por quienes después de su desaparición gestionen su memoria, utilicen su ejemplo para motivar a los terroristas a cometer nuevos ataques. Mucho me temo que su muerte no es la de un jordano más, ni la de un palestino más. Su muerte será un acicate bastante más fuerte y bastante más universal, ya que era conocido, temido y admirado dentro de los ambientes yihadistas.

No cesarán los ataques insurgentes en Irak. Por supuesto. Antes bien, es probable que se incrementen en número y en ferocidad. Ojalá no experimenten un cambio en los métodos utilizados (ataques con material nuclear, químico, bacteriológico o radiológico) y que no se expanda a otros países, sean del entorno (por ejemplo Jordania, que ha colaborado activamente en su destrucción) o más alejados (los occidentales).

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú