Política

La eficacia de esta guerra contra el terror

Antonio Alonso Marcos
Ante la situación mundial actual, ¿podemos decir, revisando uno por uno los objetivos de la Guerra contra el Terror, que la misma desatada por George W. Bush está siendo efectiva?

¿Podemos decir que se está expandiendo la democracia? La verdad es que los experimentos norteamericanos en Afganistán e Irak avanzan con gran dificultad, ya que los nuevos gobiernos elegidos democráticamente deben salir adelante en medio de una situación de dificultad económica y, sobre todo, de inseguridad. A nadie se le oculta que la situación en sendos países, lejos de mejorar, empeora. La prueba: cada día hay atentados, ataques de insurgencia, muertes,…

¿Se está instaurando un orden mundial basado en principios y valores afines a los de los EE.UU.? Conectado con el punto anterior, en los países islámicos los EE.UU. no están mejorando su imagen, antes bien, la están deteriorando aún más. Ahí juegan un papel esencial los imanes, los predicadores musulmanes que incitan al odio a América y a Occidente. Con las invasiones a países musulmanes no se ha hecho otra cosa sino dar un motivo más al victimismo sempiterno de los radicales para rechazar de plano los valores occidentales. Es más, de hecho rechazan todo intento de comparar los valores occidentales con los que inspiran el Corán; si alguien se atreve a sugerir que son valores universales, que compartimos ciertos valores, que muchos valores coránicos están presentes en Occidente o viceversa, en seguida se le condena y debe arrepentirse o huir.

¿Se está acabando con el terrorismo? Por desgracia, la repuesta a esta pregunta no es afirmativa. Las fuentes de financiación del mismo (Arabia Saudí, sobre todo, con sus petrodólares) están intactas. Las bases ideológicas (universidades, madrasas, etc) no han sido combatidas. El reclutamiento de nuevos adeptos a la ideología radical, que pronto pasan a ser fundamentalistas, es constante y se incrementa exponencialmente (sobre todo en los barrios marginales de las populosas urbes). La estructura, la estrategia y la organización de ataques sigue siendo la misma: células independientes que ataquen objetivos occidentales, sin necesidad de recibir órdenes concretas de ningún cabecilla, porque la orden ya está dada (por el Dr. Al Zawahiri): “es deber de todo buen musulmán acabar con la vida de los judíos y los cruzados donde sea, cuando sea y como sea”.

Si rescatamos la encuesta realizada por el International Strategic Research Organisation (ISRO) sobre la percepción del terrorismo realizada en Turquía a mediados de 2005, podemos ver datos bastante sugerentes, entre ellos que la mayoría de los encuestados ven en la política estadounidense hacia Oriente Próximo la principal razón del terrorismo global (66%), así como que el principal causante del incremento del terrorismo es el propio George W. Bush (54%). No obstante, la casi totalidad (75%) reconocen que Al Qaeda no representa a los musulmanes, ni apoyan sus métodos (90%).

¿Qué soluciones podemos aportar? Obviamente, la coalición internacional liderada por EE.UU. no debe abandonar a su suerte a las incipientes democracias instauradas en esos dos países. Hacerlo sería un acto de irresponsabilidad no sólo para con los nativos afganos o irakíes, sino para con el resto de Occidente, pues es difícil pensar que unos Estados tan débiles pudieran hacer frente a la amenizas terrorista o a la insurgencia sin la presencia in situ del despliegue de la coalición. Por otro lado, debe incrementar su ayuda económica para la reconstrucción material de estos países mostrando claramente que es posible, con su ayuda, que estos países prosperen. Por último, se deben promover mesas de diálogo interreligioso y se debe convencer a los gobernantes de países musulmanes de que es imprescindible una reciprocidad en materia de diálogo cultural y religioso, por ejemplo en el caso de la construcción de templos de sendas religiones en los diferentes países, o por ejemplo en el caso de los libros de texto saudíes, que incitan al odio y la violencia contra quien no se declare wahhabista.

La Guerra contra el terror tiene otros frentes, aparte del militar, que se han descuidado y ahí están las consecuencias.

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