Política

Más desafíos de Irán… y una carta

Antonio Alonso Marcos
La excusa para que EE.UU. entrara en Afganistán fue que no le entregaba a Bin Laden; para que entrara en Irak la presunta existencia de armas de destrucción masiva. En el primer caso, parece que era cierto; en el segundo, parece que no era del todo cierto.

Para entrar en Irán, que precisamente está entre esos dos países, utilizará la excusa, y lleva tiempo diciéndolo, de la insistencia del régimen de los ayatolás en alcanzar la fabricación de armas nucleares, algo que es interpretado por EE.UU. como una amenaza, no sólo para su protegido de Oriente Próximo (Israel), sino para toda la comunidad internacional, una amenaza global. No olvidemos que ya lo señaló desde el año 2002 como parte de su eje del mal.

En esta semana, la UE, a través de Mr. PESC, Javier Solana, le ofreció ayudas para avanzar en la tecnología para obtener energía atómica para fines pacíficos, algo que es un “derecho inalienable”, según el art. 4.1 del Tratado de No Proliferación (TNP). En concreto le ofreció la posibilidad de obtener un reactor de agua ligera, diferentes a los de agua pesada, que sirven para fabricar armamento nuclear. Solana apostilló: “Esta es una oferta que no podrán rechazar… si lo que realmente quieren es energía nuclear”.

Sin embargo, Irán ha desdeñado la propuesta de la UE diciendo que les están ofreciendo “chocolatinas a cambio de oro”, aparte de insistir en que no suspenderán su programa nuclear.

Obviamente, Ajmadineyad no se atrevería a levantar así la voz ante la comunidad internacional que le está ofreciendo alternativas para cumplir su inalienable derecho y a la vez garantizar las perspectivas de paz y estabilidad para la zona, no se atrevería, digo, si estuviera completamente aislado internacionalmente.

Sin embargo, tiene de su lado a China y Rusia, dos potencias de considerable peso, aunque cada una a su manera: Rusia, desde un punto de vista más retórico que real, y China, que está emergiendo como auténtico contrapeso a EE.UU. y de indiscutible liderazgo en Asia. El foro regional en el que se materializa este apoyo es en la Organización para la Cooperación de Shangai (OCS), en el que actualmente Irán tiene status de observador pero aspira a convertirse miembro de pleno derecho.

Aunque hay obstáculos que desaconsejan la inmediata admisión de Irán, todo parece indicar que Rusia y China mantendrán esa política de proteger a Irán frente a EE.UU., incluso en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde se votará la toma de medidas (sanciones económicas, aunque también se baraja la intervención militar) contra el antiguo país de los persas.

Bush atajó los rumores de una próxima invasión diciendo que aunque no descarta ninguna vía, él confía en la diplomática como el principal camino de llegar a un entendimiento con Irán. Sin embargo, pocos dudan de si habrá o no guerra en Irán, sino que la duda estriba en cuándo será. Obviamente, la desestabilización en Irak y en Afganistán les disuade de lanzar una nueva campaña militar en la zona. La climatología es otro factor a tener en cuenta (la época idónea es a principios de primavera). La lejanía de elecciones presidenciales provocaría un largo desgaste de Bush y del Gabinete republicano, mientras que si se lanaza la campaña en marzo de 2007 las elecciones distan sólo siete meses (en los que se verían más éxitos de las tropas estadounidenses que fracasos posbélicos, como en Irak actualmente).

En medio de este maremagno de rumores y de planes de ataque, Ajmdineyad envió una carta a Bush, de muy recomendable lectura, a principios de mayo. En ella, entre otras cosas, le expone su punto de vista acerca de temas históricos (como el holocausto nazi y el establecimiento del Estado de Israel), religiosos (las relaciones entre Moisés, Jesús y Mahoma), científicos (“¿Puede acaso el progreso científico detenerse por el temor a ser usado para la creación de armas?”), y políticos (la guerra contra el terror, la invasión de Irak y la Política Exterior de EE.UU. en general).

Con gran descaro el Presidente iraní invita al estadounidense a abandonar la senda de la violencia, a ser más coherente con lo que predica acerca de Derechos Humanos, y a reconocer “el fracaso de dos conceptos: liberalismo y democracia de corte occidental”.

No creo que a Bush le haya hecho cambiar de opinión, sino más bien, todo lo contrario.

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