Antonio Alonso Marcos
Desde que hace casi un mes fuera secuestrado un soldado israelí en la franja de Gaza, el Gobierno de Ehud Olmert, Primer Ministro israelí, sucesor del “halcón” Ariel Sharón, la situación en Oriente Medio se ha agravado.
Quizás habría que ir más hacia atrás en el tiempo y poner la marca del deterioro de la situación en la victoria de Hamas y su rechazo a reconocer a el derecho de Israel a existir como Estado libre e independiente.
Quizás habría que ir más atrás y buscar el momento de deterioro en el inicio de la segunda intifada, cuando Ariel Sharón “visitó” la explanada de las mezquitas en Jerusalén.
Quizás habría que ir más atrás… para buscar el por qué de esta situación y nunca nos pondríamos de acuerdo en el momento en que dos pueblos no pueden convivir juntos en la misma tierra pues ambos se autoproclaman los legítimos dueños y le achacan al otro el ser invasores.
Quizás habría que ir más atrás para encontrar las raíces de esta situación. Sin embargo, a lo que se refería Olmert cuando se ha fijado en la situación de hace 20 años es que va a desencadenar una ofensiva contra el sur del Líbano (un eufemismo para decir que va atacar a Hizbollah) como la de los años 70-80, es decir, de guerra abierta y declarada.
Si, como aseguran algunos analistas, la clave a la solución del conflicto pasa por debilitar a Hamas, debilitando antes a Hizbollah, debilitando previamente a Siria, para lo cual habría que estabilizar el Líbano, este sería el primer paso de esa estrategia, pues Hizbollah es el cáncer que debilita el poder de Beirut, en una zona prácticamente no controlada por ella sino por la guerrilla.
Se dice que el plan de atacar la franja de Gaza ya estaba diseñado antes del secuestro del primer soldado israelí. Bien. Eso no es de extrañar. Supongo que el Ejército israelí es previsor y habrá estudiado cada una de las respuestas hipotéticas ante ataques contra su integridad territorial, o contra su población, en definitiva contra su soberanía.
La entrada en Gaza, la entrada en el sur del Líbano, las futuras acciones militares deben enmarcarse en la respuesta de un Estado cuya seguridad se ve amenazada.
Hace mal el Gobierno de Hamas en no convencer pronto a sus guerrilleros para que depongan su actitud beligerante y se sienten simplemente a gobernar, que es el mandato que le ha dado el pueblo palestino.
Los peores presagios de Israel se están haciendo realidad, pero la respuesta la tenían ya preparada.


















