Antonio Alonso Marcos
El 21 de mayo se celebrará en montenegro un referéndum. En esta consulta se preguntará a la ciudadanía sui desea seguir integrada en la República de Serbia o si, por el contrario, desea ser independiente y vivir libremente en la sociedad internacional. Si el 55% vota afirmativamente el “Da!” que apoya Filip Vujanovic, nada impedirá que ese deseo se convierta en realidad.
Esta, junto con la cuestión de Kosovo, son cuestiones no resueltas con los Acuerdos de Dayton (1995). En aquellos momentos se sacrificó el dar una solución definitiva a sendas cuestiones, se cerraron en falso, se dejó para un momento posterior, pues se suponía que si se resolvían en aquel momento, con los rescoldos de la guerra aún demasiado calientes, se podría haber tomado una decisión que no hubiese gustado a una parte importante de la población, volviendo a la senda de la guerra civil, con lo que dichos Acuerdos habrían sido un fracaso estrepitoso.
Por eso se dio un margen de tiempo para que ambas cuestiones se fueran resolviendo poco a poco, al margen de las pasiones y de las miradas de la población civil, dejando esta tarea sólo a las “ingenierías” de políticos, diplomáticos, asesores internacionales, etc, permitiendo que el ciudadano de a pie siguiera con su vida.
¿Fue esta una solución inteligente? En el caso de Montenegro, puede serlo, puesto que parece que todo el mundo da por supuesto que se alcanzará dicha independencia sin derramar una sola gota de sangre. Aunque sea la natural salida al mar de Serbia, los sueños de conseguir una Gran Serbia se enterraron con Milosevic. Además, la visita de Javier Solana, Mr. PESC, al Presidente de la República de Montenegro en 2004, supuso un repelado a la materialización de esa aspiración a la plena independencia.
Sin embargo el caso de Kosovo es más complejo y la solución definitiva ya ha sido aplazada en varias ocasiones, porque ahí sí entraban en juego muchos sentimientos de una parte amplia de la población: la minoría serbo-kosovar no desea renunciar a la cuna del nacionalismo serbio, y la mayoría albano-kosovar no desea vivir más bajo la autoridad serbia. El problema aquí es, además, que el futuro de la Provincia Autónoma debe ser o un Estado totalmente independiente o una provincia más de Albania o de Serbia (aunque, previsiblemente en los dos últimos casos con un status especial); y ninguna de esas tres soluciones satisface completamente a todos.
Ojalá que el paso a la independencia (si es que esa es la voluntad mayoritaria de Montenegro) se haga pacíficamente y sirva como modelo para resolver el futuro de Kosovo.
Antonio Alonso Marcos


















