Guillermo Cabrera Infante ha vuelto a la vida, al menos para sus lectores. El gran escritor cubano, tal vez el mejor de los últimos cincuenta años, protagonizará una vez más los escaparates de las librerías con una obra póstuma: La ninfa inconstante.
El gran escritor cubano
Cabrera Infante tenía escrito a bolígrafo todo el libro y sus mujer, Miriam Gómez, se ha ocupado de pasarlo a máquina tras una labor que, como ella misma indica no sin cierta ironía, se asemeja a descifrar un jeroglífico.
Pocos meses después de la muerte del gran escritor cubano, Miriam Gómez compró una fotocopiadora, hizo tres copias de todas las libretas, las guardó en el banco bajo llave y se puso a “traducir” la letra de su marido.
Esta obra, La ninfa inconstante, narra a historia amorosa entre un maduro periodista de la revista Carteles (como el propio Cabrera) y una muchacha de 16 años que tiene grandes impulsos sexuales y que termina en los brazos de alguien que no se sabe si es “hembra, hombre o sombra”.
Entre risas, Miriam sabe que la comparación entre su relación con Cabrera Infante y la que figura en esta obra póstuma acabará siendo tema de conversación. “En Cuba, una muchacha de 16 años es una mujer completa”, añade Miriam. Su marido le compró el primer ejemplar de Lolita, de Nabokov, que llegó, en 1955 a la Habana.
El argumento de La ninfa inconstante se desarrolla en la Cuba anterior a 1959, antes de la llegada de Fidel Castro. La melancolía de una isla sin revolución comunista le acompañó durante años. En 1965, Cabrera, que ejercía como diplomático en Bélgica, volvió a la Habana y comprobó las consecuencias de unas ideas que en algún momento había llegado a compartir. Fue la última vez que creyó en la figura de Castro y, desde entonces, no dejó de luchar contra la cruel dictadura que representaba.
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