América, Economía y Sociedad

Quedarse en casa también es cosa de hombres

En Estados Unidos se acaba de descubrir que han aumentado las madres y los padres que deciden no trabajar fuera de casa para cuidar de los hijos. Esto puede parecer un retroceso –para las madres– o una audaz innovación –para los padres–; sin embargo, el análisis de esos casos muestra más bien otra cosa. Las familias tienen distintas situaciones y preferencias, y lo principal no es que sigan tópicos ideológicos, sino que tengan la mayor libertad posible para organizarse como mejor les convenga.


 Hace algo más de cuarenta años, las amas de casa ya venían siendo menos frecuentes en Estados Unidos, pero aún eran la mitad de las madres, y la mayoría entre las que tenían hijos pequeños. Los “amos de casa”, por su parte, eran una rareza sin relevancia estadística.

En aquel tiempo, casi la mitad de los niños vivían con una madre que no ejercía trabajo remunerado. El 90% de esos hogares se sostenían con el sueldo del marido.
En Estados Unidos, la proporción de madres sin trabajo externo ha subido al 29% desde el mínimo histórico del 23% en 1999

Un ascenso reciente

La creciente incorporación de las mujeres al mercado laboral hizo bajar la proporción de madres sin salario. En 1999, las madres que se quedaban en casa quedaron reducidas al 23%. Fue el mínimo histórico: después comenzaron a subir, y en 2012 llegaron al 29%, la tasa más alta desde mediados de los años 80.
Los padres en casa también han aumentado hasta alcanzar un número apreciable. De 1,1 millones en 1989 (4% de los padres) han pasado a 2 millones (7%), tras conocer un pico de 2,2 millones en 2010. Aunque la gran mayoría de los progenitores que trabajan solo en casa siguen siendo madres, los padres han pasado de ser el 10% al 16%.
Todos esos datos, y los que se citarán a continuación, provienen de sendos estudios sobre madres y padres en casa en Estados Unidos, publicados por el Pew Research Center en abril y en junio de este año (1).
Se debe advertir que cuando aquí decimos “madres” o “padres”, si no precisamos más, nos referimos a personas que viven con hijos menores de 18 años. Si se tiene esto en cuenta, el número de padres en casa resulta más significativo, pues en Estados Unidos un 16% de hombres con hijos menores no viven con ninguno de ellos.
Por otro lado, la condición de madre o padre en casa no es definitiva en la mayoría de los casos. La tasa de actividad femenina según la edad, en Estados Unidos y muchos otros países, forma una curva parecida a una M: baja en los años en que suele haber hijos pequeños, y remonta después.

Se quedan en casa porque quieren

Las dos tendencias detectadas en los estudios son dignas de consideración. Pero los últimos años han sido de crisis económica. Si el crecimiento de madres y padres en casa es simple efecto del paro, carece de relevancia desde el punto de vista de la sociología familiar.
La recesión ciertamente ha influido, pero no es la principal causa del fenómeno. Tanto entre las madres como entre los padres sin trabajo remunerado, la mayor parte del aumento se debe a los que han decidido quedarse en casa para atender a la familia.
Entre las madres en casa, las que quienes dicen estar así por no haber podido encontrar empleo han pasado del 1% en 2000 al 6% en 2012. Sin embargo, esas mujeres equivalen a solo la cuarta parte del aumento de madres en casa. En cambio, son aún mayoría, el 73%, las que dicen estar en casa para atender a la familia.
También la subida de padres en casa es más acusada entre los que están así porque quieren (ver gráfico 1). Y esto es toda una novedad. Hasta ahora, lo más común si un padre no salía a trabajar, era que estuviera enfermo o discapacitado: en 1989, era el caso del 56%. En 2012 todavía están en esa situación la mayor parte (35%), pero a continuación están los que no logran encontrar empleo, que han subido del 15% al 23%: claro efecto de la crisis. Sin embargo, ese no es el cambio más grande. Han crecido mucho más los padres que se quedan en casa para cuidar de la familia: de un diminuto 5% en 1989 a más de la quinta parte, el 21%, en 2012.
 
El aumento de padres que se quedan en casa parece obedecer en gran parte a un cambio de mentalidad sobre el reparto de responsabilidades en la familia

Las casadas tienen mayor margen

Así que son más las madres y los padres que se quedan en casa por propia elección. Pero, naturalmente, la gente elige entre las opciones disponibles, y entre ellas puede no estar la que considera mejor de todas. De hecho, las madres en casa para quienes su situación es la ideal ha bajado del 48% en 2007 al 36% en 2012. Esto sin duda refleja el aumento de las que no logran encontrar trabajo remunerado. Por tanto, para saber qué tendencias de fondo mueven el fenómeno de las madres y los padres en casa, necesitamos ver qué oportunidades y limitaciones están teniendo las familias.

En el aspecto económico, los hogares con un progenitor sin trabajo remunerado, sea la madre o el padre, son, por término medio, menos acomodados que los otros. Pero no se trata solo de que con dos sueldos entra más dinero en casa. Como cabía esperar, las madres con menor tasa de pobreza (3%) son las casadas que trabajan y cuyos maridos trabajan también. Pero a continuación no figuran otras que cobran, sino las amas de casa con marido que trabaja (15%). Las tasas de pobreza para las madres con trabajo, pero solas o en pareja de hecho, rondan el 30%. Las más pobres de todas son las que viven en pareja de hecho y no trabajan fuera de casa (88%), seguidas de las madres solas sin trabajo (71%).
De modo que el matrimonio está asociado a un mayor bienestar familiar. Tal vez por eso, la proporción de madres casadas sin trabajo externo que dicen estar así para cuidar de la familia –no porque no tengan más remedio– es alta, el 85%, notablemente más que la media (73%). Las madres casadas tienen mayor margen para decidir si trabajan fuera o no.

Matrimonio y bienestar

Más o menos lo mismo ocurre con el nivel de instrucción, que está relacionado con la probabilidad de obtener empleo y con la remuneración que se puede recibir. Por término medio, las madres en casa tienen titulación inferior (ver gráfico 2). Aparentemente, es lógico: las graduadas universitarias tenderán a conservar los empleos con superiores categoría y sueldo a que tienen acceso. Pero resulta también que entre las madres sin trabajo remunerado, las casadas son las que en mayor proporción han pasado por la universidad: el 58% de las que tienen marido que trabaja y el 42% de las que tienen marido sin empleo. En cambio, las madres no casadas presentan las menores tasas, tanto entre las que están en casa como entre las que trabajan.

De nuevo parece que el matrimonio viene acompañado de mayor estabilidad económica. A la vez, se ve el reflejo de un problema detectado en Estados Unidos: casarse se ha hecho menos frecuente por debajo de la clase media. Así, maternidad en solitario o en pareja de hecho suele coincidir con menor nivel de instrucción y más pobreza. Una evolución similar se observa en Francia, según un estudio del INSEE (2): antes, las mujeres con menor proporción de casadas eran las de superior nivel educativo. Ya no se da esa diferencia, y en cambio han aumentado mucho más las madres solas entre las de menor titulación.

Cuando los hijos son pequeños

Por tanto, se comprueba la tesis de que las madres en casa lo son en su mayor parte para cuidar a la familia, sobre todo cuando los hijos son pequeños. La proporción de madres con hijos pequeños es el 40% entre las que trabajan, y el 51% entre las que están en casa.

Naturalmente, esto es reflejo en parte de las mujeres que dejan el trabajo, por más o menos tiempo, tras el nacimiento de un hijo. Lo han hecho, también por cuidar de un familiar adulto, el 27% de las madres (en este caso, las que tienen hijos de cualquier edad). Ahora bien, es interesante que también los padres, en proporciones claramente menores pero apreciables, dicen haber reducido la dedicación al trabajo por el mismo motivo (ver gráfico 3). El aumento de padres en casa responde a esa actitud, que es signo de un cambio social que puede ser muy importante. Al menos, eso sostiene un estudio reciente sobre el fenómeno en Estados Unidos (3).
 

Cambio de mentalidad

Según los autores, la proporción de padres en casa guarda clara relación con dos factores: sube con la tasa de paro y con el nivel de instrucción de las madres. Lo primero no necesita comentario. Lo segundo muestra que la opción de dejar el trabajo ya no es unívoca. Hoy, las mujeres en Estados Unidos son la mitad de la población activa y obtienen la mayoría de los títulos universitarios. La creciente ventaja femenina en educación es un factor crucial a favor de que sea él y no ella quien se quede en casa.
Pero eso no es todo. Según el mismo estudio, la tasa de padres en casa presenta una tendencia de fondo a aumentar que no se explica por esos ni otros factores. En ella, los autores ven el cambio de mentalidad sobre el reparto de responsabilidades en la familia. De 1965 a 2010, que es el periodo contemplado por el estudio, las madres casadas trabajan menos horas en casa y más horas fuera. Los padres casados han seguido la evolución inversa, aunque todavía muestran grandes diferencias con sus esposas: al hogar dedican algo más de la mitad del tiempo que ellas, y al trabajo fuera, un 75% más.
También es significativo otro dato. Como cabía esperar, hay mayor porcentaje de padres en casa entre los que no han completado la enseñanza secundaria (14%) que entre los titulados universitarios. Sin embargo, la tasa en estos crece, mientras que en los primeros, no.
El estudio del Pew añade resultados interesantes de una encuesta. La opinión pública es favorable a las amas de casa. El 51% piensan que un niño está mejor si su madre se queda en casa, y el 34%, que está igual de bien si ella trabaja fuera. Cuando se pregunta lo mismo con respecto al padre, solo el 8% creen que el niño está mejor y un 76%, que está igual. Pero si se consulta a los directamente interesados, madres y padres responden en proporciones muy parecidas que experimentan dificultades para conciliar trabajo y familia, y se declaran casi igualmente dispuestos a quedarse en casa para atender a los hijos (52% las madres, 48% los padres).
Hoy las mujeres están presentes como nunca en el ámbito laboral, y la ventaja que han adquirido en educación augura que llegarán cada vez más alto. Ya pasó, pues, la hora de presentar como una opción vergonzosa para ellas la de trabajar a jornada completa en el hogar, por más o menos tiempo, como si fuera cosa de tiempos oscuros. Falta que con los hombres pase lo mismo.
 

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