Política

Ruta ibérica sin raya

Cualquier etapa pasada de indiferencia, resquemor o escrúpulo tiene que dar paso a la cooperación y a la solidaridad más activas.

Santi Lucas
Se celebra durante este mes de julio la I Ruta Ibérica, guiada por el periodista Agustín Remesal, un zamorano apasionado de la “Raya” expedita, e inspirada entre otros en el iberismo magistral del escritor de Tras os Montes Miguel Torga. Centenar y medio de jóvenes españoles y portugueses se proponen, mediante una expedición que combina sabiamente naturaleza y cultura, y a partir de los hitos de la navegación de ambos países, conocer mejor la historia de sus propios pueblos, descubrir las raíces comunes y combatir la raya separadora y aislante que durante demasiado tiempo ha marcado las relaciones entre Portugal y España.

La iniciativa de fomentar una ciudadanía ibérica es verdaderamente feliz porque hace mucha falta vencer el retraso, la indolencia, el desconocimiento y la inopia con la que hemos convivido hasta ahora unos y otros, espalda contra espalda. Debería ser esta además una ocupación preferente y “natural” de nuestra política exterior. No hay que devanarse mucho en las justificaciones para percibir las innumerables ventajas de superar la raya.

Cualquier etapa pasada de indiferencia, resquemor o escrúpulo tiene que dar paso a la cooperación y a la solidaridad más activas. Se trata de un objetivo reiterado formalmente, pero que no ha conseguido todavía, ni mucho menos, una bilateralidad privilegiada y fructífera, unos lazos sólidos de vecindad en el concurso de afanes, unas alianzas estrechas y superadoras de atávicas prevenciones y recelos. Empezar a diluir la raya ibérica por los más jóvenes es una gran idea, que merece un reconocimiento público y un respaldo entusiasta desde ambas orillas.

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