Las elecciones primarias celebradas en New Hampshire (noreste de EE.UU.) dieron una victoria contundente a Bernie Sanders por los demócratas y a Donald Trump por los republicanos, dos aspirantes distintos a los que ganaron en Iowa, lo que deja la carrera a la Casa Blanca al rojo vivo.
Con el 75 % escrutado, el senador Sanders, autoproclamado socialista, venció a su única rival para liderar la candidatura del Partido Demócrata en las elecciones presidenciales de noviembre, la exsecretaria de Estado Hillary Clinton, por un amplio margen de más de 20 puntos porcentuales.
Cabe destacar que ningún candidato del Partido Demócrata había quedado segundo en unas primarias en New Hampshire con un margen tan amplio como el que Sanders ha sacado a Clinton en 60 años. Y es que el lenguaje de Bernie Sanders es nuevo y llamativo en la política norteamericana: quiere permiso de maternidad de tres meses en un país que no lo tiene; doblar el salario mínimo interprofesional; dividir los bancos en entidades más pequeñas; establecer un servicio sanitario público (como quiso Obama en su momento) o que la educación universitaria sea gratuita.
Los recientes resultados tan dispares entre Iowa y New Hampshire parecen anticipar una carrera hacia la Casa Blanca muy diferente a la vista en los últimos años, donde las votaciones de los candidatos eran, de manera habitual, más estables.
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