Política

SARKOZY

Los franceses no quieren seguir alimentando un Estado que se come su producción y que en muchos sentidos, se muestra olvidadizo de sus obligaciones. Francia, al igual que Alemania hasta hace poco, está en el letargo del que sabe que no está mal, pero que tampoco aspira a mejorar. Y Sarkozy sí quiere.

Editorial
La llegada de Sarkozy a España fue como una bocanada de aire fresco, casi en todo sentido. Su discurso emprendedor y despojado de dogmatismos no solo hace que tenga atentos seguidores en España, sino que sea el más popular en su propio país. Y esto es mucho decir. La mayoría de los líderes políticos contemporáneos –los presentables, claro- sufrieron la duda de su propio entorno y, muchas veces, su desprecio.

Sarkozy tiene para Francia y para Europa una visión clara. Una idea sin cerrojos que apunta a la esencia de la Unión y a la de muchos de sus países: la revitalización de la sociedad, el liderazgo del individuo, y la liberación de las fuerzas creativas de la economía. A diferencia de otros discursos dubitativos, Sarkozy está a favor del mercado y lo que su capacidad reproductiva puede dar. Está a favor del que emprende y del que, mediante su esfuerzo, forja su propia historia. Está a favor, en otras palabras, del más puro liberalismo.

¿Por qué Sarkozy es popular en Francia? Pues porque gran parte de su ciudadanía encuentra en este discurso, en estas convicciones, sus propias raíces. Sus propias motivaciones y aquello que, en última instancia, alimenta el progreso de la sociedad. Los franceses no quieren seguir alimentando un Estado que se come su producción y que en muchos sentidos se muestra olvidadizo de sus funciones elementales. Francia, al igual que Alemania hasta hace poco, está en el letargo del que sabe que no está mal, pero que tampoco aspira a mejorar. Y Sarkozy si quiere.

Segolene Royal representa, en este contexto, una idea más romántica. Un discurso moderado pero absolutamente insuficiente frente a la impronta de su rival. A diferencia de Royal, Sarkozy tiene en el desarrollo y la iniciativa individual, el motor de su doctrina y el principio por el que peleará la presidencia en las próximas elecciones. El progresismo reunido alrededor de Royal deberá replantear seriamente su estrategia si quiere formar parte –seriamente- del escenario político francés. La presentación de sus propuestas fue tan cuestionada, y cuestionable, que hasta su propio asesor económico dijo que se retiraba. Esto hubiese estado bien si había disensos internos. Pero ni eso: la causa fue la “indefinición” mostrada por la candidata.

Sarkozy deberá afrontar las elecciones y sólo el destino dirá que pasará. Pero lo que sin dudas protagonizará es una renovación política. Una bocanada de aire fresco a las posturas más acomodaticias, y a quienes por fortuna o guiño del destino, disfrutan ahora de los esfuerzos realizados en el pasado. Y esto no sólo ocurre en Francia…

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