Europa, Pensamiento y Cultura

Una Reflexión sobre la Felicidad.

Parece que la felicidad puede consistir en hacer y no en tener

Vivió Sócrates del 470 al 399 antes de Jesucristo. Nada dejó escrito. Conocemos su pensamiento por Platón, Aristófanes y otros. Para algunos fue un moralista práctico más que un filósofo. Le sucedieron distintas escuelas y revolucionó el pensamiento, aseguran filósofos y estudiosos.
 
Hoy, casi 2500 años después, el hombre del incipiente siglo XXI se pregunta las mismas cosas que el maestro griego. ¿En que consiste la felicidad? ¿Cómo podemos ser felices? ¿Podemos ser felices? Para Sócrates el conocimiento es la virtud y el vicio la ignorancia. La Felicidad no consiste en “tener bienes”,  para “estar bien”.  La felicidad socrática consiste en “hacer el bien” para poder  “estar bien”: “Desciende a las profundidades de ti mismo, y logra ver tu alma buena. La felicidad la hace solamente uno mismo con la buena conducta”.

Otros, después de Sócrates han intentado definir también la Felicidad: “La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días” (Benjamin Franklin). Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas (Pablo Neruda).

 
Con frecuencia pensamos que hacer el bien es algo ocasional, extraordinario y heroico. Escuchaba no hace mucho a un psicólogo decir  que practicar diariamente y con constancia pequeñas acciones positivas hacia los demás, cómo el “buenos días o el buenas noches”, “¿necesitas algo”, “gracias”… , lleva al equilibrio personal.
 
Parece que la felicidad puede consistir en hacer y no en tener. En hacer el bien, claro, no el mal. ¿Qué es el bien, donde está la virtud? Cómo Sócrates dijo e intuye Neruda, eso lo sabe cada hombre o mujer en el fondo de su alma. Y si no lo sabe, algún día lo sabrá. Tienen Sócrates y el psicólogo contemporáneo la misma receta. Parece fácil y sin embargo, se me antoja extraordinariamente difícil, lo más difícil.
 
Viene todo esto a cuento de lo que cada día vemos, escuchamos y leemos en esta España convulsa de acontecimientos negativos que aplastan el ánimo y abruman la conciencia. Crisis, paro, corrupción, enfrentamientos, mentiras, atentados, negociaciones…,  Espero no tener que dar la razón a Sigmund Freud cuando dijo: “Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo” y me animo voluntarioso al consejo socrático tan parecido, por cierto, al que estos días "semanasanteros" nos muestra la reflexión cristiana.

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