Política

¿Elecciones anticipadas?

Santi Lucas
Termina el año en España con la sensación creciente de un adelanto electoral en 2007 como resultado del colapso del gobierno y de su incapacidad para salir airoso de las pozas en las que se ha ido metiendo. Hay un sentimiento popular cada vez más extendido que da por amortizada la etapa de Rodríguez Zapatero porque detecta a las claras la penuria de su proyecto político. Los medios de comunicación también advierten de esa eventualidad con caracteres de imprenta muy superiores al rumor habitual en esta materia. El PSOE estaría planeando formalmente una convocatoria anticipada de las elecciones generales antes de que el precario castillo de naipes que ha levantado termine por derrumbarse ante los ojos de todo el mundo. Piensan que todavía hoy se pueden salvar algunos muebles si la economía mantiene un buen ritmo de crecimiento, de apariencia robusta aunque siempre que los apuros y despropósitos no amotinen el presupuesto familiar.

Las páginas de los éxitos de Zapatero están sin estrenar, pero los borrones cubren ya hasta los márgenes del cuaderno. Ni una sola área del gobierno puede ofrecer, tras casi tres años de gestión, un balance aceptable, por eso el miembro del Ejecutivo más valorado, la Vicepresidenta Fernández de la Vega, es el que no tiene un cometido concreto y se ocupa de tapar las grietas. Al PSOE le ha entrado el miedo en el cuerpo y a la vista de las encuestas que ya detectan el empate con sus adversarios puede optar por no alargar el desgaste contrarrestándolo con un discurso plagado de reproches a las trabas de la oposición.

Con carácter general, las elecciones se convocan por los gobernantes en el momento que consideran más ventajoso para ellos o también en el que puede ser menos malo para sus resultados. La pendiente abajo que recorre Zapatero le ha hecho encender todas las alarmas y buscar una salida en las urnas antes que el cielo se ensombrezca más y se le caiga encima. Volvemos al peor escenario de una inestabilidad política que tan dañina fue en la etapa del felipismo y de la que no se extrae ningún beneficio colectivo. Cuando algo no da más de sí y no hay horizontes optimistas, lo inevitable es someterse al veredicto de las urnas para tomar impulso y jugar de titular o volver al banquillo de los reservas. Los oráculos apuntan a un anticipo electoral y los movimientos de algunas agencias de publicidad también.

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