Política

El payaso de Irak

La evolución de la violencia en Irak es tan desmesurada y las cifras de víctimas son tan habituales, calamitosas y trágicas que su recuento forma parte de la crónica informativa invariable y fatal de una posguerra que está resultando sombría y decepcionante. Como se agolpan a diario los atentados y sus estragos, las bajas son anónimas y de muy pocas conocemos algún detalle. Hace unos días fue asesinado en Bagdad un payaso llamado Mitashar al Sudani.

Santi Lucas
En una entrevista reciente concedida por George Bush al periódico “The Washington Post”, el presidente norteamericano dice que contar con una democracia constitucional en Irak, en el mismo corazón de Oriente Próximo, es un hecho extraordinario en sí mismo y, reconociendo la frustración de mucha gente por no obtener resultados más sólidos en materia de seguridad, asume la fórmula del general Peter Bace para definir el estado de las cosas diciendo que “no estamos ganando, ni estamos perdiendo”. Es verdad que los iraquíes, afortunadamente, han perdido de vista a un dictador sanguinario como era Sadam Husein pero, desgraciadamente, no ganan la paz, la estabilidad, ni se sacuden el luto.

La evolución de la violencia en Irak es tan desmesurada y las cifras de víctimas son tan habituales, calamitosas y trágicas que su recuento forma parte de la crónica informativa invariable y fatal de una posguerra que está resultando sombría y decepcionante. Como se agolpan a diario los atentados y sus estragos, las bajas son anónimas y de muy pocas conocemos algún detalle. Hace unos días fue asesinado en Bagdad un payaso llamado Mitashar al Sudani. El escueto teletipo que da cuenta de su muerte informa que el cómico fue tiroteado por unos desconocidos mientras se desplazaba en su coche por la céntrica calle Haifa. No he encontrado ningún eco de esta noticia en la prensa, pero a mí me ha impresionado mucho que en la fúnebre realidad de Irak, arrastrando un sangriento pasado de opresión y de terror y en medio del fanatismo reinante hubiera hueco para un payaso. A lo mejor, Mitshar al Sudani era el último o el único payaso de Irak; a lo mejor ha desaparecido una de las esas representaciones de la normalidad que parece no llegar nunca; a lo mejor este payaso iraquí simbolizaba una de las pocas esperanzas de alcanzar una convivencia cordial, con sitio para el buen humor entre tanta desdicha. La situación en Irak, de momento, es evidente que no está para bromas.

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