El inopinado triunfo de Zapatero tras el 11-M dio paso a una etapa de inestabilidad y espasmo político y social que no se ha librado del telón de fondo del terrorismo en ningún momento, ni se ha ocupado tampoco de nada sustancial.Franqueza, coherencia, sencillez y honestidad van a puntuar más que las monsergas. Tenemos elecciones a la vista.
Santi Lucas
España huele a elecciones. Hay fijadas ya en el calendario político convocatorias de carácter autonómico y municipal que tienen bastante entretenidos a los partidos con los preparativos habituales, pero no se descarta además un adelanto electoral de ámbito nacional. Algunos observadores, y también la formación que lidera Mariano Rajoy, dan a estas alturas por agotada la presente legislatura y muy mermadas las capacidades del presidente Rodríguez Zapatero para alargar su mandato. En la última reunión del PP, Rajoy, que rehuye escarmentado los tramposos puentes de diálogo que le lanzan desde el Gobierno, ha encargado un programa para afrontar bien pertrechado de iniciativas y propuestas la eventualidad de una cita electoral anticipada en el mes de mayo.
Hay muy pocas bazas y escasos argumentos de peso para justificar el beneficio de un alargamiento de la crisis, más allá de las conveniencias partidistas del Gobierno. El inopinado triunfo de Zapatero tras el 11-M dio paso a una etapa de inestabilidad y espasmo político y social que no se ha librado del telón de fondo del terrorismo en ningún momento, ni se ha ocupado tampoco de nada sustancial. Podía haber optado por prestar una atención preferente a la administración eficaz de los asuntos públicos de interés general, que todos hubiéramos agradecido, sin abonar la división, el despropósito y las pamplinas, como ha hecho con todo el empeño. El debate público está repleto de desencuentros en muchas materias, singularmente en una tan sensible como la del terrorismo, y se han enconado tanto las posiciones mayoritarias que parece juicioso llamar a las urnas a los ciudadanos cuanto antes para clarificar la situación.
Tal como están las cosas, no es difícil adivinar que la política antiterrorista constituirá el eje sustancial de la actualidad en los próximos tiempos. Creo que ante unas elecciones generales será más decisiva la claridad que la contundencia con la que se expresen los candidatos o, dicho de otro modo, que cobrará un valor más trascendente para los ciudadanos el que las fuerzas políticas digan sin tapujos cuál es exactamente su postura, por encima de cualquier maniobra de distracción, sea de edulcoramiento o de porfía. Franqueza, coherencia, sencillez y honestidad van a puntuar más que las monsergas. Tenemos elecciones a la vista.
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