Política

Asignatura pendiente

España no es hoy un socio principal ni activo en los nuevos retos planteados por la Unión Europea. España no es tampoco un vínculo determinante entre Iberoamérica y el resto del mundo. España no es un aliado fiable para los Estados Unidos. España no es un actor decisivo ni preferente en ninguna parte del planeta.

Santi Lucas
Cuando han transcurrido ya tres cuartas partes de la legislatura de Rodríguez Zapatero es más que evidente que las relaciones internacionales de España han suspendido todos los deberes, naufragan en la mediocridad y la desorientación, y que nuestra política exterior ha perdido sin beneficio alguno un valioso tiempo para fortalecerse y ampliar su influencia, cuando no ha retrocedido de una forma irreversible y lamentable. España no es hoy un socio principal ni activo en los nuevos retos planteados por la Unión Europea. España no es tampoco un vínculo determinante entre Iberoamérica y el resto del mundo. España no es un aliado fiable para los Estados Unidos. España no es un actor decisivo ni preferente en ninguna parte del planeta.

Lo saben bien los españoles, lo sienten e interpretan así a diario con los argumentos más rudimentarios o las reflexiones más sesudas. La opinión pública española no esconde el malestar por la desolación internacional de su país, si bien este hecho no se registra entre sus primeras preocupaciones y eso edulcora un poco la amarga y desabrida imagen exterior que se ha ido modelando en los últimos tres años. La prensa internacional tampoco oculta periódicamente la fotografía fiel del aislamiento español, ni ahorra calificativos para definir la indigencia del Gobierno en esta crucial y estratégica materia.

Si el prestigio y la credibilidad de España se han debilitado a marchas forzadas en los últimos tiempos, es igualmente grave y previsible que las cosas no cambien a corto plazo, y que el Gobierno finalice su mandato sin aprobar una asignatura política de tanta trascendencia. Las últimas expresiones en torno a Marruecos o Cuba, la errática participación en las zonas de conflicto o el golpe a la imagen y al seguridad jurídica españolas propinado respecto a la OPA de Endesa son sólo las cuentas más próximas de un largo rosario de despropósitos.

En el futuro, nuestros gobernantes deberán aplicarse mucho para superar este bache y restituir en España un protagonismo, una vocación, unas posibilidades y un compromiso en el exterior que ahora se han apagado.

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