No se espera que el último discurso sobre el estado de la nación del presidente George W. Bush incluya propuestas de impacto. Un vuelco para una Casa Blanca que hace alarde de ambiciosos planes. La estrategia de Bush se debe a sus limitaciones: poco tiempo en el cargo, relaciones difíciles con un Congreso controlado por los demócratas y una menor relevancia en la política nacional, centrada ya en las primarias presidenciales
La economía será el tema dominante
Es altamente improbable que el mandatario sugiera temas tan atrevidos como la reforma de la Seguridad Social y de las leyes de inmigración, dos de sus primeras iniciativas que no prosperaron en el Congreso.
“No es algo realista” reconoció el jueves la secretaria de prensa de la Casa Blanca Dana Perino
La economía será el tema dominante, y ofrecerá a Bush otra posibilidad de calmar los nervios tanto de los consumidores como los empresarios. Comenzará con los temas nacionales y pasará luego a los internacionales, en un discurso que durará unos 45 minutos, como en ocasiones anteriores.
A no ser que ocurran cambios de último momento, el discurso mencionará los temas inconclusos, que Bush considera vitales y realizables. Con todo, la Casa Blanca prometió que habrá iniciativas nuevas, pero de escaso calado.
La misma Casa Blanca insistió que las grandes ideas no pierden vigencia por el mero hecho de no haber sido adoptadas.
Bush pedirá al Congreso que haga permanentes las reducciones fiscales que deberán expirar en el 2010. Además, pedirá a los legisladores que aprueben un proyecto de ley que autorice al ejecutivo a vigilar a los sospechosos de terrorismo y apruebe acuerdos de libre comercio con Colombia, Panamá y Corea del Sur.
En un plano secundario volverá a repetir sus ideas sobre medios alternos de energía, una medicina social más barata y la reforma de la ley sobre viviendas de patrocinio federal.
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