Este desastre natural ha descubierto las limitaciones de EEUU y ha desenmascarado sus preocupaciones principales.
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Miércoles, 10 de junio 2026

Este desastre natural ha descubierto las limitaciones de EEUU y ha desenmascarado sus preocupaciones principales.
Editorial
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, prometió, en conjunto con miembros del parlamento, la realización de una completa investigación para aclarar la lenta respuesta del gobierno frente al desastre provocado por el huracán Katrina la semana pasada. Bush indicó que dicha investigación tiene como objetivo “averiguar qué se hizo bien y qué se hizo mal”, sugiriendo de paso que “obstáculos burócratas” de autoridades locales y estatales eran parte de los responsables.
“Es muy importante entender la relación entre el gobierno federal, el gobierno estatal y el gobierno local cuando se refiere a una catástrofe de estas magnitudes”, señaló el mandatario estadounidense, mientras que los congresistas anunciaron que comenzarán las audiencias sobre el “horrible” esfuerzo para ayudar a aquellos atrapados por la tormenta y posterior inundación de Nueva Orleáns.
Esta reacción de Bush es la disimulación de una derrota frente a una catástrofe. Es cierto que la culpa no le compete sólo a él sino también a las administraciones estatales y locales. Pero muchas veces estas tragedias sirven para hundir o resucitar héroes políticos. Todos los estadounidenses mantienen en su retina la inmediata respuesta de Rudolph Giulani durante los ataques del 11 de septiembre de 2001, cuando él estaba al frente de la alcaldía de la ciudad de Nueva York. En Nueva Orleáns se echó de menos la presencia de una figura como la del ex alcalde republicano.
La opinión pública estadounidense no se explica cómo los damnificados del huracán tuvieron que esperar más de cinco días para que la ayuda del Gobierno haya comenzado a llegar. Efectivamente, las imágenes que hemos visto se parecen a las de cualquier país subdesarrollado luego de un desastre natural: cuerpos flotando sobre el agua, gente deambulando por las calles o esperando en refugios improvisados por la llegada de alimentos y ayuda humanitaria.
¿Por qué tanta imprevisión? Porque la política estaba en otros temas. Días antes de la catástrofe se sabía que un huracán podía asolar el sur de EEUU pero el Senado norteamericano pasó del Katrina y se enfrascó discutiendo cosas tan banales como la remodelación de una autopista en California, los esteroides en el baseball, los subsidios agrícolas y la lucha contra el graffiti en Nueva York.
Es un mal moderno: los gobiernos se han olvidado que su función primaria es proteger a la sociedad civil. El gobierno de EEUU no estaba preparado para afrontar esta circunstancia, a pesar, y esto es lo más lamentable, de contar con todos los medios para poder haber amortiguado el golpe. Este desastre natural ha descubierto sus limitaciones y ha desenmascarado cuáles son sus preocupaciones principales.
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