La Asamblea Constituyente creó una comisión legislativa con mayoría oficialista, que asumirá las facultades del cesado Congreso. La oposición advirtió que se establecerá así un régimen estatizante y populista similar al de Hugo Chávez, amigo del presidente Rafael Correa.
POLITICA-AMERICA
En una réplica del poder hegemónico de la Asamblea Constituyente, el “congresillo,” nombre con el que se conoce a la comisión legislativa, será liderado por el movimiento del presidente Rafael Correa, que busca llevar al quinto productor de crudo de Sudamérica hacia un socialismo.
De los 13 miembros de la comisión, que podrá considerar proyectos de ley, 11 son adeptos al mandatario ecuatoriano, por lo que asambleístas dan por descontado que logrará aprobar iniciativas impulsadas por el Gobierno.
El pleno de la Asamblea, en la cual 80 de sus 130 integrantes son del oficialismo, deberá dar la aprobación definitiva de los proyectos que sancione el “congresillo.”
En su primera medida al ser instalada hace dos semanas, la Constituyente declaró en receso al Congreso y determinó que no operará hasta que la Asamblea complete la tarea de redactar una nueva carta magna y, haciendo uso de sus plenos poderes, asumió las facultades del Parlamento para aprobar leyes.
Correa, un impulsor del “socialismo del siglo XXI,” ha dicho que quiere que la comisión legislativa apruebe desde una ley para sancionar los delitos de tránsito hasta otros proyectos para introducir impuestos, normar la competencia, el manejo de recursos naturales, entre otros puntos.
“No es una mesa muy equilibrada,” dijo Pablo Lucio Paredes, asambleísta de un movimiento minoritario, que al igual que otras fuerzas, ha advertido que el país avanza a un sistema estatizante y adverso a la iniciativa privada e individual.
La oposición, que tiene una presencia minoritaria en la Asamblea Constituyente, ha tenido poco espacio para desafiar el poder de Correa y sus aliados tanto en lo referente a la cesación del Congreso como en la creación e integración de la comisión legislativa.
El Congreso de 100 miembros era el refugio de la oposición a Correa, quien asumió en enero con la promesa de derrotar a los partidos tradicionales y que constantemente desconoció las resoluciones parlamentarias por considerar que no eran legítimas, en un hecho inédito en la historia reciente.
Los restantes miembros de la Asamblea Constituyente se distribuyeron en nueve mesas que redactarán la nueva carta magna, que deberá ser aprobada por la población en un referendo el próximo año.
Los detractores de Correa han advertido que sus cambios legales y constitucionales apuntan a instaurar un régimen estatizante y populista similar al de su amigo y aliado, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
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