El gobierno socialista español volvió a pedir -aunque, hasta ahora, sin éxito- que el presidente venezolano Hugo Chávez terminara con su carga de críticas a las autoridades peninsulares.
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Martes, 21 de julio 2026

El gobierno socialista español volvió a pedir -aunque, hasta ahora, sin éxito- que el presidente venezolano Hugo Chávez terminara con su carga de críticas a las autoridades peninsulares.
Las repercusiones del entredicho
“Si, como dice el señor Chávez, realmente desea las buenas relaciones entre España y Venezuela, yo le pido entonces que respete a nuestro rey, a nuestro presidente y a nuestros ex presidentes”, dijo el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba.
La intervención del hombre político del gobierno español se sumó a la que, hace sólo 48 horas, había encarado de modo personal el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, cuando en vano llamó a que fuera la “última vez” que el venezolano faltaba al respeto a un mandatario elegido por los españoles.
Es que, pese a todas las señales recibidas -desde el rey para abajo-, Chávez siguió en su ofensiva.
La primera vez, tras el ruego de Zapatero, cuando respondió insinuando que “el señor rey” era un “golpista” y que estaba al tanto de la fallida intentona de 2002 en su contra. Y ayer, tras el pedido de Pérez Rubalcaba, con nuevas críticas, cuando enfatizó: “Los latinoamericanos no reconocemos a los reyes”.
“Aquí hubo guerras revolucionarias, habrá que recordárselos: no reconocemos a los reyes” dijo Chávez al arribar al aeropuerto de Maiquetía.
Ayer, Rubalcaba fue un poco más lejos que Zapatero. Y explicó la conducta de Chávez -que generó la indignación del rey Juan Carlos y su ya famoso “¿Por qué no te callas?”- como un deseo de “seguir con el juego” para explotar políticamente el choque en su beneficio, ante la difícil situación que enfrenta en su país de cara al referéndum.
Sea ése el motivo o no, lo cierto es que, lejos de aplacarse, el cruce entre el líder boliviariano y el gobierno español seguía ayer en tren de calentamiento. Y amenazaba con su sombra a la política española para la región, a pesar de los difíciles intentos de la administración de Zapatero por bajarle el tono.
Ayer, por caso, su secretaria para Iberoamérica, Trinidad Jiménez, lo calificó de “incidente” e intentó restarle gravedad, y pidió que se dejara “trabajar a la diplomacia para evitar que una escalada verbal complique aún más la situación”.
Sin embargo, y al mismo tiempo que intentaba ser suave, la funcionaria no podía soslayar una advertencia al presidente venezolano, en caso de persistir en su escalada contra las autoridades y ex autoridades constitucionales españolas.
“El gobierno español no sólo ha reaccionado, sino que, evidentemente, tendrá que reaccionar (si el presidente Chávez no muestra respeto por los funcionarios españoles)”, dijo la responsable de la política peninsular para la región.
“Chávez no puede hacer este tipo de declaraciones ni puede hacer esas referencias sobre el rey de España”, explicó la funcionaria.
El choque diplomático, el más grave hasta ahora en una cumbre iberoamericana, se produjo el sábado, cuando el venezolano volvió a calificar públicamente de “fascista” al ex presidente español, José María Aznar, y siguió cuando insinuó anteayer que el rey era “golpista”.
Pero el tema empezó con el ataque al derechista Aznar. Y tanto lo repitió Chávez, que Zapatero no pudo pasarlo por alto y se vio obligado a llamarle la atención en público. Le exigió, entonces, “respeto” en la forma de trato a un ex mandatario español.
Lejos de recibir el mensaje, Chávez siguió con su ofensiva, lo que motivó la irritada reacción del rey Juan Carlos quien, mano en alto, le soltó un “¿Por qué no te callas?”.
La reacción de hartazgo del rey resultó absolutamente inédita: nada igual se había visto del jefe del Estado español en tres décadas de gestión pública.
Pero, minutos antes de la frase, el rey había dado una luz de advertencia a Chávez, con un gesto de impaciencia. El venezolano no lo vio o no lo quiso ver. Y fue entonces cuando se produjo la imprecación real.
No terminó allí la cosa. Agotado el episodio con Chávez, el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, soltó una andanada contra las empresas españolas, lo que terminó por hartar al rey, que -en otro gesto sin precedente- se puso de pie y abandonó la sala de deliberaciones de la cumbre, ante el desconcierto de los demás jefes de Estado.
Desde entonces, van 48 horas en que el gobierno español intenta retomar el rumbo y serenar a Chávez. Y el venezolano insiste.
La cuestión derivó ayer, una vez más y sin sorpresa, en un fuerte encontronazo entre el gobierno socialista y la oposición de derecha, que encarna el Partido Popular (ver aparte).
Lo que sí estaba claro anoche es que Madrid quiere insistir en buscar una salida por la vía del diálogo. Y se daba por desechada la posibilidad de llamar a consulta a sus embajadores en Managua y Caracas. La señal de protesta diplomática, reclamada por el PP, fue descartada como una “absoluta irresponsabilidad” por parte del vocero socialista en el Congreso, Diego López Garrido.
El PP también pide la comparecencia en el Congreso del ministro de Relaciones Exteriores, Miguel Angel Moratinos, para que informe sobre el futuro de su política en la región y de la forma en que preparó la cumbre que terminó en escándalo.
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