“Desde el 11 de Septiembre”, afirmaba Abi Nader, “los árabes americanos han visto su sueño de formar parte de la sociedad americana objeto de los excesos de iniciativas federales — nuevas leyes, políticas y procedimientos — que provocan miedo e intimidación en su comunidad”.
Robert Spencer
Cuando el Instituto Árabe Americano celebró su convención nacional a finales de octubre, los candidatos presidenciales salieron corriendo de cortejo a Dearborn. Bill Richardson, Dennis Kucinich, Mike Gravel y Ron Paul estaban allí. Hillary Clinton, Barack Obama, y John Edwards se dirigieron a la conferencia a través de un enlace de video. Obama también envió un consejero, Tony Lake, y Edwards enviaba a su responsable de campaña, David Bonior.
El presidente Demócrata nacional Howard Dean también estaba allí, así como los senadores John Sununu (R-NH) y Debbie Stabenow (D-MI); los congresistas Charles Boustany (R-LA), John Dingell (D-MI) y John Conyers (D-MI); el presidente del Partido Demócrata de Michigan Mark Brewer; y el presidente del Partido Republicano de Michigan Gerry Mason.
El Instituto ponía a prueba su fuerza política.
La crónica de Detroit Free Press observaba lo mucho que han cambiado los tiempos: “En 1988, el candidato Demócrata Michael Dukakis rechazaba la aprobación de un importante colectivo árabe americano”. ¿Pero ahora? “Este año, líderes del Partido Demócrata daban permiso a los candidatos para dirigirse a la conferencia a pesar de una campaña de boicot de Michigan porque los legisladores desplazaron la fecha de las primarias del estado”.
Los políticos candidatos probablemente ni se dieron cuenta de que entre los patrocinadores de la conferencia del Instituto Árabe Americano se encontraba la cadena de restaurantes La Shish. Deberían: como ha observado Debbie Schlussel, en mayo de 2006 el propietario del restaurante 15 de la cadena, Talal Chahine, era procesado por evasión de impuestos y acusado de desviar 20 millones de dólares a Hezbolá. Chahine huyó al Líbano para evadir la detención, y mantiene su inocencia.
Schlussel pregunta:
De modo que, preguntará usted, ¿por qué ha de seguir abierto un restaurante propiedad de un prófugo de la justicia que debe millones al gobierno federal? ¿No debería el gobierno incautar o congelar sus activos… igual que hace con cualquier otro caso de evasión fiscal?
Bueno, estas son grandes preguntas. Yo las he planteado también. Pero el Departamento de Justicia y el fiscal Murphy no las van a responder. Ellos han permitido que el evasor fiscal fugado y financiero de Hezbolá Chahine siga operando y recaudando ingresos y beneficios de La Shish durante un año y medio, y contando, desde que fuera procesado. ¿Y por qué acepta el Instituto Árabe Americano el patrocinio de un colectivo que no ha resuelto las alegaciones del gobierno de vínculos con Hezbolá? Si el Instituto no apoya a Hezbolá, ¿no querría evitar la apariencia incluso de financiación cuestionable?
Pero el Instituto Árabe Americano viene centrando el grueso de la atención no en los actos de violencia cometidos por musulmanes en nombre del islam, sino en las tentativas por parte de las fuerzas del orden y funcionarios del gobierno de zanjar esa violencia. Jean Abi Nader, el director gerente del Instituto Árabe Americano y director de operaciones, resumía las motivaciones de la organización en un discurso en el 2003 en la Universidad de Buffalo.
“Desde el 11 de Septiembre”, afirmaba Abi Nader, “los árabes americanos han visto su sueño de formar parte de la sociedad americana objeto de los excesos de iniciativas federales — nuevas leyes, políticas y procedimientos — que provocan miedo e intimidación en su comunidad”.
Abi Nader podría en ese punto haber recomendado a los árabes americanos que traten con claridad el motivo por el que se instituyen estas nuevas leyes, políticas y procedimientos: la realidad del terrorismo islámico. Podría haber llamado a los musulmanes árabes y no árabes a confrontar los elementos de las enseñanzas y la tradición islámica que utilizan los jihadistas para justificar sus acciones y ganar reclutas entre los musulmanes pacíficos, y trabajar para formular maneras de poner fin a su capacidad de incitar a la violencia.
En su lugar, hacía la fantástica afirmación de que “en cuestión de un mes desde el 11 de Septiembre, se cometieron más de 2000 crímenes de odio contra árabes americanos y musulmanes en este país, y quién sabe cuántos más no fueron denunciados”. Sus afirmaciones acerca de cómo los esfuerzos antiterroristas convierten en víctimas a los árabes americanos no fueron menos histéricas: “así que las libertades civiles de los árabes americanos y los musulmanes americanos fueron atacadas, y cada vez más venimos siendo tratados como ciudadanos de segunda clase en este país.
No solamente vemos esto en aeropuertos en términos de fichado, sino también en toda una serie de iniciativas federales que en cualquier otra circunstancia no habrían sido aceptables pero que ahora son aceptables porque este país está en guerra”. Y condenaba “la sistemática degradación del Islam por parte de los cristianos conservadores, los neoconservadores y la derecha”.
Abi Nader no hizo ninguna mención a la sistemática degradación del Islam perpetrada por Osama bin Laden y los demás jihadistas — que justifican los actos de asesinato en masa rutinariamente invocando el Islam.
Al igual que tantos otros comentaristas, Abi Nader finge que “los cristianos conservadores, los neoconservadores y la derecha” se han inventado un vínculo entre terrorismo e Islam, cuando en la práctica a nadie se le habría ocurrido vincularlos si los propios terroristas islámicos no hubieran estado conectando ambos extremos de manera tan enérgica.
La misma historia se desarrollaba en la conferencia del Instituto Árabe Americano de octubre.
Richardson llamaba a “proteger estos valores que hemos comprometido a través del fichado étnico y la vigilancia sin garantías [legales]”. Según Detroit News, Obama “recordaba a los votantes que había introducido una legislación para liberalizar el fichado policial”, y Kucinich enfatizaba su constante oposición a la Patriot Act. Howard Dean informaba a los congregados que habían sido “seleccionados desigual e injustamente… por parte de políticos que esperan disponer de un truco electoral barato”, y decía que la unidad árabe americana “está acusada por aquellos que dividirían a América con tal de ganar elecciones”.
Tales palabras eran particularmente irónicas viniendo de una conferencia patrocinada parcialmente por una empresa propiedad de un hombre que ha sido condenado por financiar a un grupo terrorista. Quien está siendo acosado por aquellos que dividirían a América con tal de ganar elecciones y quien lleva a cabo el acoso podría no ser exactamente el grupo que Howard Dean tiene en mente ni por asomo — pero el propio cerco es real y en marcha.
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