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La jihad encubierta de Turquía

El establecimiento de la ley islámica como el único sistema legítimo de gobierno es el objetivo que Erdogan comparte con Osama bin Laden y otros jihadistas de todo el mundo, difieren en cuanto al mejor medio de lograr esto.

Robert Spencer

Cualquiera que no sea partidario de la jihad global debería estar siguiendo de cerca los recientes sucesos en Turquía — no sólo por lo que revelan de la dirección que está tomando el país, sino para comprender nada menos que la nueva dirección que está tomando el movimiento jihadista.


 


El Primer Ministró turco Recep Tayyip Erdogan, junto al Presidente Abdullah Gul y su partido “Justicia y Desarrollo (AKP) en el poder, llevan algún tiempo maniobrando para desmantelar el secularismo turco y transformar Turquía en un estado gobernado según la ley islámica. Pero como Primer Ministro, Erdogan no ha tomado parte en un ataque directo contra el secularismo turco. En su lugar, el partido y él han estado desgastando el secularismo constantemente, reintroduciendo provisiones de la ley islámica sección a sección, y profesando respetar el carácter secular del país.


 


En 2004 Erdogan tomaba medidas para criminalizar el adulterio, y a finales de 2005 el AKP prohibía la bebida alcohólica en los cafés y restaurantes de edificios públicos de Ankara. En mayo de 2008 entraba en vigor una nueva directiva que en la práctica ilegaliza la venta de alcohol en grandes cantidades en bares y restaurantes.


 


En los años 90, como alcalde de Estambul, Erdogan fue claro con su objetivo, expresando su oposición al secularismo en términos nada inciertos: “No se puede ser secular y musulmán al mismo tiempo. O se es secular, o se es musulmán. No se será ni musulmán ni secular… no es posible que una persona que dice ´soy musulmán´ siga adelante y diga ´también soy secular.´ ¿Y cuál es el motivo? Que Alá, el creador de los musulmanes, tiene poder y control absolutos.”


 


Decir que Alá tiene “poder y control absoluto” es una declaración fundamentalmente política. Y desde su concepción, el islam ha sido un sistema político y social, no solamente un sistema religioso en la línea en que la mayor parte de los occidentales conciben la religión. El establecimiento de la ley islámica como el único sistema legítimo de gobierno es el objetivo que Erdogan comparte con Osama bin Laden y otros jihadistas de todo el mundo; solamente difieren en cuanto al mejor medio de lograr esto.


 


Mientras que Al-Qaeda y los demás grupos se han centrado en ataques violentos contra objetivos occidentales, Erdogan ha demostrado ser un maestro de la jihad encubierta: el lento, constante e implacable desgaste de las normas de la sociedad secular, continuamente hasta que la ley islámica esté completamente en vigor.


 


Este esfuerzo también está teniendo lugar en Occidente. En calidad de agente de la Hermandad Musulmana, Mohamed Akram lo decía en un memorando de 1991 que esbozaba la estrategia de la organización en Estados Unidos: “La Hermandad Musulmana tiene que comprender que su labor en América es una especie de gran jihad para eliminar y destruir a la civilización occidental desde dentro y sabotear su miserable existencia mediante sus manos y las manos de los fieles, de manera que sea eliminada y la religión de Alá salga victoriosa entre todas las demás religiones.” Akram explicaba que este sabotaje a la civilización occidental no tendría lugar a través de los ataques terroristas, sino mediante numerosas iniciativas no violentas llevadas a cabo por un amplio abanico de organizaciones islámicas. Con el público concentrado en estar en guardia frente a los ataques terroristas, estos esfuerzos pasarían desapercibidos.


 


Y así es como han pasado en Turquía — al menos hasta la semana pasada. En línea con su estrategia indirecta de ir paso a paso, durante años el gobierno ha intentado derogar la ley que prohíbe el pañuelo islámico en las universidades turcas. Pero el jueves, el Tribunal Constitucional de Turquía, la instancia jurídica más elevada de la nación, revocaba la nueva ley respaldada por el AKP que permite el pañuelo en las universidades, dictaminando que viola los pilares constitucionales que sustentan el secularismo turco. Viendo la posibilidad de que el Tribunal Constitucional pueda prohibir incluso al propio Partido Justicia y Desarrollo con el motivo de que plantea una amenaza para el orden constitucional de Turquía, Erdogan cancelaba un viaje a Suiza y volvía a Ankara, donde su gabinete y él celebraban una reunión de emergencia el viernes. Si el partido es ilegalizado, Erdogan y Gul tendrán prohibido ocupar un cargo público.


 


Los tribunales y el ejército turco han intervenido para salvar el secularismo turco antes. Podrían intervenir ahora, y pronto de nuevo. Si Erdogan es obligado a abandonar la cartera, no se irá voluntariamente, y los analistas harían bien en estudiar su jihad encubierta en Turquía: hay grupos en Europa Occidental y Estados Unidos que buscan exactamente el mismo tipo de enfoque a pequeña escala y paso a paso que el AKP ha seguido con tanto éxito hasta la semana pasada.


 


Con noticia tras noticia apareciendo documentando la decadencia y la descomposición de Al-Qaeda, la jihad encubierta podría ser la tendencia del futuro en todo el mundo. Y bajo su dirección, al margen de cómo pueda cambiar su suerte política, estará Recep Tayyip Erdogan.

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