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Esto se anima

Crece la distancia entre Zapatero y el sentido común y la eficacia en estos momentos tan delicados para los españoles a la misma velocidad que su aislamiento y excentricidad.

Santi Lucas

Desde que el Partido Popular clausuró su Congreso Nacional celebrado en Valencia el pasado fin de semana, han comenzado a producirse en cascada las malas noticias para el partido del Gobierno. La primera es que el PP, con Mariano Rajoy a la cabeza, sale más fuerte y mejor organizado de ese Congreso; con ánimos renovados, con brios, ideas y proyectos bien definidos, con una sintonía social creciente y con una clara vocación y voluntad de recuperar el poder.


 


Coincide el despegue del PP con el bache más profundo del PSOE como consecuencia de su pasividad e ineptitud ante la crisis económica. El Gobierno se encuentra solo e inerme en la defensa numantina e inexplicable de un ilusorio escenario económico que ningún ciudadano comparte. El alejamiento de Zapatero de la realidad le está pasando una factura inapelable a diario en las encuestas y sondeos de opinión en términos de credibilidad, de popularidad y de confianza.

En estas mismas fechas, el Gobierno socialista ha sufrido la primera y más importante derrota parlamentaria de la Legislatura, al ver rechazada por el Pleno del Senado su propuesta de límite de gasto público para el año 2009. Este dato es muy relevante y presagia las enormes dificultades que en el terreno presupuestario se encontrará el Gobierno durante los próximos meses.


 


Abunda en los muchos contratiempos del PSOE que el presidente del Gobierno se vea obligado a comparecer en el Pleno del Congreso de los Diputados el próximo día 2 de julio como le pedía toda la oposición y pese a su censurable resistencia a hacerlo, para informar de la crisis económica, que ni siquiera a estas alturas se digna a reconocer como tal. 

Crece la distancia entre Zapatero y el sentido común y la eficacia en estos momentos tan delicados para los españoles a la misma velocidad que su aislamiento y excentricidad. Habitualmente, la canícula amuerma la actualidad política. Este año no. Esto se anima.


 


 

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