La lección que deja el “Katrina” es que para el pensamiento único lo importante es la denuncia, no el conocimiento.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR
Miércoles, 17 de junio 2026
La lección que deja el “Katrina” es que para el pensamiento único lo importante es la denuncia, no el conocimiento.
La catástrofe natural del huracán “Katrina” que ha devastado a la ciudad de Nueva Orleáns está siendo aprovechada por gran parte de la intelectualidad progresista para atacar al libre mercado y echarle las culpas de lo sucedido al cambio climático producto supuestamente del capitalismo “salvaje”.
A estas voces se ha sumado el intelectual italiano Giovanni Sartori, quien en los últimos años ha abandonado el análisis epistemológico de los fenómenos sociales para dedicarse a escribir ensayos cortos donde se echa de menos en varios pasajes su habitual reflexión seria, rigurosa y convincente. Nadie podrá negar que sus últimos libros -Homo videns y La sociedad multiétnica- están a años luz de sus exhaustivos tratados sobre la democracia liberal y el sistema de los partidos políticos.
Sartori se autoproclama “ecologista” y en un artículo publicado ayer por El Mundo acusa al mercado de haber dañado el medio ambiente lo suficientemente para que ahora estemos pagando las consecuencias de tal imprevisión con el desastre del “Katrina”. A fuerza de invectivas, Sartori señala que el mercado “no sabe calcular el daño ecológico”.
No existe ningún estudio científico serio que relacione el “Katrina” con el cambio climático, fenómeno que también está lejos de haber sido empíricamente comprobado. Menos aún se puede culpar al mercado por los destrozos ocasionados por el huracán. Según testigos presenciales, los primeros edificios que volaron como hojas en Nueva Orleáns fueron construidos por la visible mano del Estado americano, la Army Corps of Engineers, y parte de que la ciudad se haya inundado como una bañera es culpa del obsoleto sistema de drenaje y alcantarillado, propiedad estatal de dos organismos públicos: la New Orleans Sewerage y el Water Board.
Está claro que ante la magnitud del “Katrina” poco podía hacerse. Pero seguramente si hubiesen sido empresas privadas habrían sido vilipendiadas y sancionadas, como en su momento se castigó con millonarias a multas a Exxon por el desastre del Valdez en las costas de Alaska en 1989. En cambio, al ser empresas públicas, el pensamiento políticamente correcto prefiere pasar página. No es lo mismo una catástrofe en feudos socialistas que en feudos de la derecha conservadora. En España, no hubo un sólo ecologista que se acercase a ver lo que pasaba durante los trágicos incendios mortales de este verano en Guadalajara. Pero sí los vimos en plena actividad durante el desastre del Prestige y donde no murió nadie pero sí hubo mucho más ruido y más humo.
Relacionar el Katrina con el cambio climático sin avales científicos es una presunción ideológica deshonesta y pseudocientífica, costumbre corriente en los movimientos medioambientales. Para los ecologistas y muchas organizaciones de ayuda humanitarias lo importante es avanzar a golpes de embrutecimiento e ignorancia, con principios piadosos y elásticos y creando alarma sobre problemas artificiales. La lección que deja el “Katrina” es que para ellos lo importante es la denuncia, no el conocimiento. A fin de cuentas, lo que les interesa no es la verdad sino el poder que se les escapa.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR
// EN PORTADA
// LO MÁS LEÍDO
// MÁS DEL AUTOR/A