Economía y Sociedad

La barbarie en Río de Janeiro

La comparación con las cifras de la dictadura es emblemática porque señala hasta qué punto el subdesarrollo puede constituir una amenaza tan o más peligrosa que los arranques autoritarios.

Editorial
Diario Exterior publicó recientemente una noticia alarmante por lo trágica y por lo emblemática. En Río de Janeiro, una de las ciudades más importantes de Brasil y, sin dudas, una de las más conocidas a nivel mundial, desaparecieron en los últimos años más personas por la violencia, que durante la dictadura militar sufrida por el país (10.000 personas).

Sus víctimas, muchas veces, ciudadanos de a pié totalmente ajenos a las disputas del narcotráfico o de la mafia organizada. Personas que, como el común de la gente, se ven obligadas a transitar las inseguras calles de la ciudad para concurrir a sus trabajos o ejercer el comercio.

Una profunda división

Lo que la cifra indica no es la pasmosa presencia del asalto y la violencia, de por sí impresionante, sino la más dolorosa causa del fenómeno: la falta de oportunidades en un amplio grupo de la sociedad que se ve conminado al atraco, al tráfico de drogas o al espoleo de la propiedad privada. La profunda división de una sociedad deslumbrante por su colorido y fuerza cultural (e industrial), pero dramáticamente dividida entre pobres y ricos.

La comparación con las cifras de la dictadura es emblemática porque señala hasta qué punto el subdesarrollo puede constituir una amenaza tan o más peligrosa que los arranques autoritarios. La muerte callejera, el hambre, la falta de seguridad, el deterioro de las infraestructuras y, en general, la debilidad del estado de derecho, golpean a la sociedad tan fuertemente como las más detestables dictaduras. Los números de Brasil constituyen sólo una muestra de esta brutal comprobación.

El objetivo del desarrollo

Lo dicho hasta aquí arroja una conclusión evidente: la prioridad para Brasil, pero también para varios países de la región, consiste en perseguir en ansiado desarrollo económico y social que reestablezca los equilibrios en una comunidad constantemente conmovida. Que genere las oportunidades que permitan incorporar al sistema productivo a mayores porcentajes de la población, y generar una más justa distribución de las riquezas. Es sólo una gran consigna pero, ciertamente, la más importante de todas. Al menos a la luz de lo que la cruda realidad ofrece.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú