Economía y Sociedad

La doble moral del Gobierno de Chirac

Francia seguirá ignorando las normas comunitarias siempre y cuando no estén redactadas a su medida.

Editorial
El ministro de Industria francés, François Loos, ha anunciado la difusión de una lista de los sectores estratégicos que serán protegidos para evitar el control extranjero a través de OPAs. “No se trata de oponernos por sistema a toda compra de una empresa francesa, sino de fortalecer la competitividad y la independencia de nuestras empresas”, afirma en Les Echos.

El anuncio de Loos responde a la consigna lanzada por el propio Chirac en julio ante la oleada de rumores de una opa de PepsiCo sobre Danone, joya del sector alimentario de Francia. Chirac ordenó al Gobierno “reforzar el dispositivo de protección de nuestras empresas estratégicas”, tras deplorar la “falta de estabilidad” del capital de grandes grupos empresariales del país. En la misma línea, el primer ministro Villepin lanzó una proclama para “reunir todas nuestras energías en torno a un auténtico patriotismo económico”.

Este alarde de patrioterismo económico fue recibido por las autoridades de la Unión Europea con estupor e incredulidad. El desdén del Gobierno galo hacia la libre competencia es inversamente proporcional al trato dado a empresas francesas en otros países. Porque mientras Francia rechazaba de plano la posibilidad de compra de Danone por la estadounidense Pepsi, France Télécom se hacía con la española Amena sin chistar.

A esto hay que agregar que France Télécom ha recibido ayudas públicas en contradicción de la legislación comunitaria. Lo cual presentaría la inaceptable paradoja de que las empresas francesas son apoyadas por el Estado para comprar a otras empresas en el extranjero y al mismo tiempo se las protege para que no puedan ser adquiridas con capital foráneo.

Francia seguirá ignorando a las normas comunitarias siempre y cuando no estén redactadas a su medida. Así, si la Comisión Europea no actúa con rigor, gracias a la “flexibilización” del Pacto de Estabilidad y los desplantes del proteccionismo francés, se parecerá más a una figura decorativa que a lo que realmente debería ser. Si pedir a estas alturas que Francia apueste por el libre mercado suena inocente, al menos no debemos ser tan ingenuos de aceptar el doble rasero que tienen los franceses con el libre comercio y con otros tantos temas.

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